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Disidencia

«Los cubanos viven en un sistema de apartheid»

Entrevista con el doctor Darsi Ferrer, director del Centro de Salud y Derechos Humanos Juan Bruno Zayas.

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¿Considera que existe una creciente ola discriminatoria por motivos de raza?

El cubano está marginado más allá de la raza. Lo condena su propia condición de ser cubano. Este grupito que tiene el poder odia a la gente de a pie. Es el primer gobierno que se sustenta en lo antinacional, más que racista. Lo expresa claramente con su apartheid, impuesto a negros, mulatos y blancos. A todos, comunistas, no políticos, opositores, religiosos y no. Ninguno de nosotros puede ir al hospital Cira García, ni hospedarse en el Hotel Habana Libre, ni comprar una línea de celular, menos residir donde desee. Está por encima del fenómeno racial, pero detrás de ese sentimiento antinacional de un grupito que ha robado la soberanía y excluye a la mayoría.

Una parte de la intelectualidad, en ocasiones parece estar de espaldas a la realidad…

Sí, pero en algún momento el pueblo va a sacudirse del yugo de la opresión que ya llega a los 50 años. El cubano tiene una gran dependencia del gobierno. Una situación bien difícil, que incluye también a los intelectuales. Para poder adquirir lo que el Estado les da, las carreras de sus hijos, tienen que mostrar una conducta no discordante con los intereses del régimen. A eso se suma la situación geográfica de vivir en una isla. Los intelectuales algún día tomarán conciencia de su deber como cubanos y saldrán a buscar una solución de modo activo. En esa situación están los militares, que portan un uniforme y son tan víctimas como los intelectuales y el resto de la población.

¿Cómo se atrevería a trazar un mapa de la reconciliación?

Ese es el único futuro para la nación. La tolerancia por encima de todas las cosas, en una Cuba donde todos quepamos y la gente pueda recuperar su alegría. Mi esperanza es que todos volvamos a vivir en paz y de nuestro trabajo.

El próximo 10 de diciembre, volverá a marchar por las calles de La Habana junto a un grupo de opositores pacíficos. ¿Qué persigue con ello?

Celebraremos el día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y no tenemos miedo, porque la Constitución reconoce el derecho de expresión. Será una marcha pacífica, en silencio, en contra del apartheid que sufre el pueblo, acto humillante que repudiamos. Fíjate que aquí ya no está el horror de los carteles de "sólo para blancos" de Estados Unidos, ni los guetos de Sudáfrica, o los campos de concentración de Alemania.

Ahora es más sutil, porque es contra todos. En los años sesenta, al sur de Estados Unidos, había lugares para blancos y para negros. Ahora no, es para turistas y nacionales. Hoy los camellos pasan llenos de gente apiñada y puedes ver vacíos los lujosos ómnibus para turistas. En Ciudad de la Habana, hay 103 villas miseria, casi dos centenares de "llega y pon", donde vive la gente hacinada con techos y paredes de zinc.

Las prisiones cubanas son peores que los campos de concentración nazis. Allí hay 100.000 personas, entre ellos los presos políticos, a los que están matando poco a poco. También monitoreamos la asistencia médica en las prisiones, donde es cruel lo que está ocurriendo, principalmente con los políticos y de conciencia. Se les tortura, negándoles asistencia médica.

¿Cómo es la relación del Centro con otras organizaciones?

Generalmente trabajamos en coordinación con otras organizaciones, pues es muy difícil moverse por el país a verificar situaciones sin ser detectado. Lo hacemos con Elizardo Sánchez, Juan Carlos González Leiva y su relatoría, con muchas otras organizaciones, con la intención de lograr resultados en bien de nuestros necesitados.

¿Por qué tipo de actos represivos ha atravesado el Centro que dirige?

Imagínate, en el año 2005 realizamos el primer taller regional de salud con profesionales del occidente del país. Cerca de 25 médicos y enfermeras de Pinar del Río, La Habana y Matanzas. Ese día la Seguridad del Estado hizo actos de repudio en casa de cada uno de los participantes. Los que logramos llegar a la sede del taller, aguantamos un acto de repudio por 17 horas seguidas. Hemos sido golpeados en las villas miseria por oficiales de la Seguridad del Estado, arrestados, amenazados; nos decomisan los medicamentos. La represión siempre ha sido constante. Además de marginarnos, intentan impedir cualquier ayuda fuera de las estructuras de gobierno.

Una vez estuve en su casa, tres días después de que lo arrestaran y dejaran solo a su pequeño hijo. Cuente a los lectores qué ocurrió entonces.

Fue hace unos meses. Me arrestaron y abrieron la llave del gas estando mi hijo dentro de la casa. Han prometido matarme y a mi familia, si sigo en ese accionar contestatario. Me han hecho los actos de repudio que han querido y prometen llevarme a prisión por largos años. Los actos aparecieron nuevamente, después de un largo periodo, el 19 de marzo de 2005 frente a mi casa. Pero mis vecinos han protestado a veces, se han molestado con la Seguridad del Estado. Yo soy su médico, quien les recomienda qué hacer ante un dolor, les lleva Tylenol, las vitaminas, las agujas para los diabéticos. Es imposible hacerles creer a estas personas que los miembros del Centro somos malas personas. A quién se le ocurre arrestar y maltratar al que está dispuesto a ayudar a los demás, o tratar de matarle a su hijo. Es absurdo atacar a alguien así. Gracias a Dios, ya todo el mundo por aquí sabe lo que hacemos y por qué.

Un día fuimos a una villa miseria, en el Diezmero, y había cerca de 70 ó 80 personas pidiendo pastillas o consejos. De momento, dos oficiales del DTI para hostigarnos, y 20 ó 30 de aquellas personas les respondieron, prácticamente los botaron.

¿Cómo incidió en su familia el hecho de que usted, recién graduado, diera ese paso?

Fue algo atípico, porque mi padre fue un preso político y me crié en medio de registros domiciliarios, injurias a la familia, y aprendí bien pronto que esta gente era bien mala. Mi padre era un desafecto. Ellos controlan hasta los afectos. En la mayoría de las prisiones donde estuvo mi padre, están los presos políticos enfermos. La marcha de que te hablé pretende que el mundo y Cuba no sigan virando la cara y vean la parte sufrida de los que vivimos en apartheid. Eso es ilegal y Cuba no puede escapar de los pactos internacionales contra la tortura y el apartheid que ha firmado.


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