Actualizado: 05/08/2021 10:23
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Francia

A diestro y siniestro

El estado de gracia del gobierno de Nicolas Sarkozy parece haber tocado fondo en el entorno intelectual.

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Ese cadáver al revés es el título del último libro que acaba de publicar Bernard Henri Lévy (BHL, sigla con la que es conocido), el más mediático de los intelectuales franceses contemporáneos, quien se caracteriza por su posición tajante cuando se apasiona con un tema.

Durante los años setenta y ochenta, BHL fue el animador más activo del grupo de "Los Nuevos Filósofos". Junto a André Glucksman, Jean Paul Dollé y Alain Finkielkraut, desarrolló una crítica de la escolástica marxista y de los totalitarismos comunistas que imperaban aún. Procedentes ellos mismos del marxismo, su teoría tuvo un hondo impacto en el medio intelectual, y desde entonces se dedican a criticar los errores de la izquierda, desde una postura de izquierda. Denuncian cuanto totalitarismo o conflicto armado, o demostraciones de racismo, surgen en el mundo; en particular BHL, que fue el primero en denunciar a la dictadura castrista. La vehemente campaña que desarrolló por la liberación del cubano Armando Valladares, concluyó exitosamente: el presidente François Mitterrand se vio obligado a interceder ante Fidel Castro, que accedió a excarcelar al opositor.

BHL, el único intelectual de renombre que en Francia ha hecho un llamado de atención sobre la inclinación totalitaria del gobierno de Venezuela, hoy aparece de nuevo en las primeras páginas de los medios. Según su talante, de manera impactante, ejerciendo su talento de crítico radical con Ese cadáver al revés, tomado del prólogo de Jean Paul Sartre a la obra de Paul Nizan, Aden Arabie, publicada en 1960.

Sorpresivamente, pues BHL posee todas las características del hombre de izquierda "sarkocompatible" —como llaman a los militantes socialistas que han aceptado formar parte del gobierno de Nicolas Sarkozy—, como su amigo Bernard Kouchner, ex ministro socialista, el libro es una crítica feroz a la derecha, pero también a la izquierda, demostrando su fidelidad a la denuncia de todo oscurantismo.

De la izquierda critica su arcaísmo, su descomposición política y moral, su indigencia ideológica, inspirándose en Sartre, que comparó la izquierda hace cincuenta años con "un gran cadáver al revés en el que ya habían gusanos". BHL intenta aclarar cuál es la enfermedad que aqueja a la izquierda, cuáles los síntomas y las causas.

Según el autor, la izquierda francesa y del resto del mundo durante el siglo XX, se enfrentó a una primera tentación totalitaria, que fue la idea del comunismo, de la cual se ha emancipado. Pero hoy, en los comienzos del siglo XXI, enfrenta una nueva tentación totalitaria cuya singularidad es que la temática e inspiración proceden de la derecha, incluso de la extrema derecha. BHL no duda en calificar la tendencia de izquierda nacionalista liderada por el ex ministro socialista Jean-Pierre Chevenement, ferviente admirador del teniente coronel Hugo Chávez, de "izquierda de derecha, incluso de extrema derecha, que se inspira en el peor populismo de extrema derecha".

En Ese cadáver al revés, el escritor aboga por una refundación de la izquierda, que, más allá de las batallas intestinas, se percate de los verdaderos retos que acarrea tal postura, porque en su opinión la izquierda se "deshonra cuando se opone al liberalismo, siendo éste parte de su herencia; se deshonra cuando hace campaña contra la Constitución europea, cuando ostenta el peor antiamericanismo; se deshonra cuando un ex primer ministro socialista publica un libro destinado en gran parte a destruir la imagen de Ségolène Royal". Opuesto a la guerra de Irak, crítico acérrimo del presidente norteamericano George W. Bush, es un gran admirador de la democracia y las instituciones de Estados Unidos.

Algo nauseabundo

No sólo se fustiga a la izquierda en esta obra. BHL considera "odiosas" las medidas tomadas por el gobierno en su intento de controlar la inmigración clandestina. Se rebela contra la imposición de cuotas geográficas de inmigrantes, de "hecho, cuotas étnicas". Denuncia al ministro de Inmigración cuando por convocar a los prefectos y exigirles cuotas de expulsión de inmigrantes indocumentados, violando los valores humanos y de la Francia republicana. Admite la necesidad de resolver el problema de la inmigración clandestina, pero recuerda que en política los símbolos pueden ser terribles.

La imposición de una ley que obliga a pasar un test de ADN para probar la filiación de los familiares de inmigrantes ya residentes en Francia, acogidos a la política de reunificación familiar, recuerda las leyes genéticas empleadas en momentos trágicos —todavía vivos en la memoria europea— en Alemania, pese a que ese método ha sido adoptado por un gran número de países de Europa, en particular los nórdicos, particularmente sensibles a los derechos humanos.

Pero la polémica, con visos de enfrentamiento con el primer consejero del presidente francés, Henri Guaino, estalló cuando BHL criticó y calificó de racista el discurso pronunciado por Sarkozy en la ciudad de Dakar, en el que, pese a la crítica rotunda del colonialismo, dijo opiniones "insultantes acerca de la mentalidad africana".

Según el autor de Ese cadáver al revés, no quedan dudas acerca del antirracismo del presidente francés, que se limitó a "leer el discurso de su consejero; discurso paternalista y racista". Guaino, herido en su amor propio, hizo públicamente comentarios despectivos de BHL. Tal vez es la primera vez en la historia de la V República que un personaje situado a ese nivel del Estado, se haya atrevido a decir: "Ese pendejito pretencioso no me interesa; él no ama a Francia. La baba le pende de los labios y el odio le exuda por todas partes". La falta de amor por Francia es un argumento que alude seguramente al origen judío de BHL. Por su parte, este último ha declarado que "siente en el aire algo nauseabundo”.

Parece que el estado de gracia del gobierno de Nicolas Sarkozy, por lo menos en lo que se refiere al medio intelectual, llega a su término.


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