Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Apartheid, Sudáfrica, Angola

Camino del Mausoleo con sus mitos y realidades

Artículo en dos partes. La segunda parte aparecerá mañana

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Han transcurrido casi tres décadas desde que terminaron las locuras del “Internacionalismo Proletario” en que nos metió Fidel Castro y su hermano alrededor del mundo. Las consecuencias de aquellos espasmos napoleónicos y toda su alienación son harto conocidas. Los enormes sufrimientos ocasionados a las familias cubanas con las separaciones de los seres queridos, la pérdida o mutilación de miles de sus hijos y las devastadoras consecuencias económicas que le ocasionaron a la nación con políticas tan nefastas permanecen aún impunes.

Las nuevas generaciones de cubanos prácticamente desconocen la envergadura del huracán que nos azotó durante más de 14 años de aventuras en varios países africanos y otros intrincados parajes alrededor del globo. Más de medio siglo de total control de la información se ha encargado de cubrir con mantos “gloriosos” las campañas “libertarias” en África, Latinoamérica y el Caribe de “Alejandro”, nombre de guerra que el propio Fidel Castro en su enajenada egomanía escogió resemblando al célebre guerrero macedonio.

Se ha filtrado que el “Alejandro” caribeño prepara su mausoleo en el Pico Turquino, el punto geográfico más alto de la Isla. Los restos del “insigne” guerrero tienen que descansar donde ningún otro cubano pueda llegar jamás. Si la historia lo ha “absuelto”, como él predijo en aquel alegato donde comenzó el delirio que mayor recompensa que una cima faraónica.

Sin embargo hay algo que no lo deja dormir tranquilo en la preparación de su despedida. Desde hace unos años se ha hecho evidente el desmedido interés de Fidel Castro y la máxima dirección del Gobierno cubano por emplear el total monopolio de la información para tergiversar con publicaciones y documentales fílmicos las principales derrotas sufridas en esas aventuras. No creo necesario detallarlas en este trabajo. En mi libro Los años de la guerra están registrados los principales episodios con lujo de detalles y documentos oficiales que demuestran la realidad escondida detrás del manto “glorioso”.

Las intervenciones armadas en República Dominicana, Venezuela, Argentina, Nicaragua, el Congo, Bolivia, terminaron todas en un baño de sangre innecesario y un rotundo fracaso. Las campañas de Angola y Etiopia, en las que el régimen declaró importantes victorias militares, sacrificamos miles de cubanos y sufrimos daños económicos irreparables para perder políticamente.

Si nos acogemos a los conceptos de los grandes teóricos militares como Clausewitz, que definieron la guerra como la continuación de la lucha política por otros medios, entonces el haber apuntalado en el poder en Etiopia al genocida más grande registrado en el continente africano, haber traicionado a un aliado como Siad Barre en el cuerno africano y contribuido a que Somalia se convirtiera en un Estado fallido, debemos aceptar que perdimos políticamente. Sin dejar de mencionar también que el héroe principal de esa campaña, el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez fuera ejecutado por Fidel Castro para dar un ejemplo de despotismo sin límites e intimidar a la oficialidad de las Fuerzas Armadas que comenzaba a dar señales de descontento e inquietudes. Esta es la principal razón por la que de la intervención militar en la guerra de Etiopia el régimen prefiere callar y dejarlo todo al olvido.

Con la otra aventura, la de Angola, que duró más de 14 años sucede el mismo fenómeno. Los sacrificios en vidas humanas y destrucción económica que sufrimos en ese largo conflicto para salvar a una camarilla elitista que anunció ante el mundo y cumplió al pie de la letra su renuncia al socialismo, son la derrota y la traición más humillante que el “Alejandro” del Caribe haya podido tener. Se combatió y se murió en la lejana Angola para salvar a los emergentes capitalistas angolanos entre ellos la hija del actual mandatario José Eduardo Dos Santos, Isabel Dos Santos considerada por la revista financiera Forbes como la mujer más rica del África, y en noviembre de 2015 elegida por la BBC como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo.

No le puede resultar fácil a “Alejandro” dormir tranquilo en su preparación de la pirámide del Turquino. De solo pensar que terminados los últimos rituales y ceremonias la caja de Pandora se abrirá irremisiblemente le quita el sueño no solo a él sino a algunos otros en proceso de extinción. De ahí el marcado interés de hacerlo todo “sin prisa pero sin pausa”.

El último taparrabos que el régimen castrista ha tratado de mantener a toda costa para poder esconder el engaño de las “heroicas campañas” es el mito de que gracias a la intervención cubana en Angola desapareció el régimen del apartheid en Sudáfrica.

Halemos de una vez por todas los lacitos que atan y mantienen ese taparrabos para conocer la verdad de lo sucedido con el apartheid en África del Sur.

Desmoronamiento económico del apartheid

Aunque el Partido Nacional de gobierno afirmaba que estaba comprometido con el capitalismo, el apartheid llevaba consigo una masiva interferencia en el mercado; en realidad había muy poco “libre mercado” bajo el apartheid. Las prohibiciones por el color socavaban los mercados libres.

A principios de los años 70, los problemas de la industria privada comenzaron a agravarse. El crecimiento económico exigía cada vez más personal educado y técnico calificado. En este punto, la población blanca ya había agotado sus capacidades para proveer ese personal; el apartheid inhibía a la población no blanca de llenar ese vacío. El sistema educacional no-blanco carecía totalmente de fondos. La educación Bantú era especialmente notable por su ineficiencia. Más aun, los sindicatos blancos controlaban el acceso a las posiciones de los empleos técnicos permitiendo solo aprendices blancos. El resultado era una enorme carencia de trabajadores calificados. En 1971 un estudio revelo que Sudáfrica tenía un déficit de cerca de 6.000 mecánicos automotores. Las proyecciones de los investigadores arrojaban unas necesidades futuras mucho más alarmantes.

No obstante, las demandas por economistas y hombres de negocio (incluyendo afrikáners) comenzaron a ser muy insistentes en eliminar estas barreras. Las grandes compañías incluyendo multinacionales comenzaron a aportar largas sumas de dinero para construir escuelas para la población negra en las áreas urbanas. No era caridad, era simplemente el resultado de sus propios intereses que comenzaban a ser afectados por el apartheid.

Producto de estos y otros problemas, el estado de la economía continuó deteriorándose en medio de una elevada inflación y estancamiento. La mayoría de los países industrializados experimentaron estos problemas a finales de los años 70 y principios de los 80 al dispararse los precios del petróleo pero ya la economía surafricana iba en picada al producirse la crisis del petróleo; esta solo vino a empeorar la situación. Cuando el rand fue creado a finales de los años 60, valía $1,80 dólares a finales de los años 70 ya estaba por debajo del dólar. El fracaso simbolizado en la caída del valor de la moneda ya había comenzado a afectar los salarios y las economías de los blancos

Los granjeros afrikáners habían sido un importante medio de apoyo político al Partido Nacional y la conexión con la tierra siempre había sido una fijación de los afrikáners nacionalistas. Como resultado, el Partido había favorecido a los granjeros con diferentes formas de proteccionismo y este proteccionismo a su vez había contribuido notablemente a aumentar los precios y la inflación.

Primeras fisuras

Las huelgas en un país del suroeste africano (Namibia).

Las huelgas surgieron por la oposición de los Ovambos al sistema de control laboral del gobierno. Los obreros que se inscribían para trabajar en Windhoek o en las minas no podían decidir que trabajo iban a coger. Ellos simplemente eran asignados por los burócratas de una oficina empleadora. Un sistema muy similar empleado actualmente por el Gobierno cubano. En Cuba los trabajadores que quieren emplearse en la industria turística del área dólar o en cualquier empresa extranjera establecida en el país, son asignados por los burócratas de una oficina empleadora del gobierno para igual que el Partido Nacional Surafricano tener el completo control sobre las personas.

El gobierno de Sudáfrica respondió a las huelgas de la forma usual disparando contra los huelguistas y enviando de regreso a sus reservas más de 4.000. No se hizo esperar que las grandes compañías especialmente las minas comenzaran a presionar al gobierno por las pérdidas que le estaba ocasionando la falta de empleados. Finalmente el gobierno tuvo que negociar y hacer concesiones. No fueron grandes pero fue la primera vez en 20 años que se sentara a negociar y hacer concesiones.

Después de los mineros se produjo la huelga de los empleados municipales de Durban. Igual que hicieron con los mineros, el gobierno reaccionó violentamente y los cesanteo a todos. Durban es una localidad situada en un área calurosa y húmeda como la Florida. Otra vez en cuanto la basura comenzó a acumularse y la peste empezó a afectar a toda la ciudadanía el gobierno cedió a las demandas de los trabajadores. Los africanos obtuvieron una experiencia importantísima. En lugar de dejar que sus líderes o voceros se enfrentaran a las autoridades pudiendo ser arrestados, aprendieron a actuar unidos.

Las huelgas alcanzaron a la industria privada. La primera afectada fue la industria de la construcción. Las huelgas al igual que en Cuba eran ilegales. Pero arrestando y procesando a los huelguistas no dio resultado. Los edificios no podían ser construidos si los trabajadores estaban tras las rejas. Tampoco podían ser remplazados rápidamente los operadores de equipos. Entrenar nuevos significaba meses de paro. El punto clave es que los trabajadores estaban empezando a tener éxito obteniendo sus demandas laborales, no muchas, pero era evidente que el régimen no podía imponer libremente su voluntad. A principios de los ochenta el gobierno se vio obligado a cambiar las leyes y permitir a la mayoría no-blanca (afrikáners) formar sus propios sindicatos. No les quedaba otra alternativa que aceptar la realidad.

Los sindicatos blancos también comenzaron a darse cuenta de los vientos de cambio. Con la escasez de mano de obra calificada en muchos oficios, estaba claro que más temprano que tarde, a los no-blancos tendría que permitírsele entrar a esos oficios (de todas formas en realidad ya el trabajo verdadero en la mayoría de los oficios era realizado por no-blancos mayormente supervisados por estos). Los líderes sindicales comenzaron a argumentar que era mejor permitir la entrada de los no-blancos en los sindicatos a que ellos formaran sus propios gremios. De esa forma por lo menos mantenían algo del control.

La dominación blanca no era amenazada inmediatamente por estos cambios, sin embargo había un hecho cierto el gobierno comenzaba a perder su habilidad de controlar el futuro y como este estaba evolucionando.

La unidad de los afrikáners se fractura

Aunque siempre hubo pocos afrikáners disidentes (un par de comunistas por una parte, un Beyers Naude por la otra, algunos escritores y artistas, etc.) los afrikáners habían estado unidos de una forma destacada. Sin embargo con el estancamiento económico los afrikáners urbanos comenzaron a ser más afectados por los subsidios y el proteccionismo dado a los afrikáners de la agricultura. Esta situación condujo a un conflicto de intereses entre los dos pilares del Partido Nacional.

Otras divisiones comenzaron a ocurrir. Como resultado de los programas favoreciendo los negocios propiedad de los afrikáners hizo que muchos otros se incorporaran abriendo nuevas empresas. Estos hombres de negocio encontraron las mismas ineficiencias y obstáculos al desarrollo creados por el apartheid y con la mentalidad pragmática de negociantes norteamericanos e ingleses comenzaron a pedir cambios. Es más, los afrikáners envueltos en negocios comenzaron a pedir con urgencia la modificación y hasta el desmantelamiento del apartheid.

Ya a finales de los años 70, la creciente división comenzó a manifestarse dentro del partido nacional. Las dos tendencias dieron en llamarse los “Verligtes” (Los Iluminados) y los “Verkramptes” (Los Trancados). Los verkramptes querían mantener el apartheid tanto como fuera posible. Para muchas de estas personas, el apartheid nunca había sido sobre desarrollo separado, había sido una cuestión de dominación y baasskap[1]. No obstante, el hecho de que el apartheid había sido siempre un sueño de probeta no importaba; la dominación seguía siendo el objetivo a mantener. Eventualmente, algunos de los líderes verkramptes, dirigidos por el Dr. Treurnicht, el hombre responsable de la política del idioma para los afrikáners y que encendió los disturbios de SOWETO en 1976, rompió con el Partido Nacional y creo el Partido Conservador. Su apoyo se concentró fundamentalmente desde las áreas rurales.

Intervenciones en el extranjero

A los crecientes problemas económicos se unía la política de crear y mantener una barrera a lo largo de sus fronteras contra posibles ataques del África independiente. Además de resistir la insurgencia en el suroeste africano (Namibia) por muchos años, apoyaban al régimen de Ian Smith y al finalizar la dominación portuguesa en Mozambique y Angola, África del Sur comenzó a ayudar a los grupos guerrilleros que en ambos países se oponían a los marxistas que habían obtenido el poder.

Estos envolvimientos significaban un drenaje económico sustancial, especialmente en una economía que ya estaba confrontando serios problemas.

Ya en los años 80 los jóvenes afrikáners comenzaron a resistirse al servicio militar obligatorio y sus padres a resistirse también a que los enviaran a combatir fuera de su país. Esta situación ya había provocado que la SADF desde finales de los años 70 permitiera la entrada de no-blancos en sus filas. Pero las contradicciones comenzaban a manifestarse: ¿cómo podía esperarse que esos militares combatieran y murieran por un país donde ellos son ciudadanos de segunda categoría? Esta había sido una de las razones de porque habían sido excluidos pero las necesidades los habían forzado a cambiar.

Presiones extranjeras

Las presiones extranjeras comenzaron a tener algún efecto. Fueron lanzadas campañas especialmente en Estados Unidos y Gran Bretaña contra las compañías que hacían negocios con Sudáfrica. Algunas de ellas comenzaron a vender y salir del país. El desinvertir incrementó los efectos negativos sobre el rand y sobre la economía en general. No se puede afirmar que haya causado los crecientes problemas económicos pero en verdad ayudo a empeorar la situación existente.

Para complicar más los problemas del régimen sudafricano, a las compañías transnacionales que continuaron haciendo negocios en Sudáfrica se les presiono fuertemente para que tuvieran que observar los códigos de conducta en sus operaciones de Sudáfrica es decir establecer igual pago para empleados no-blancos haciendo el mismo trabajo que los blancos así como establecer el empleo y las promociones basado en sus habilidades y no en su raza. Arriba de esto comenzaron a boicotearse los productos sudafricanos en Norteamérica (frutas y vinos.) Y para colofón cuando Sudáfrica necesitaba préstamos externos, las demandas de cambio de política se hicieron muy difíciles de resistir y las opciones se estaban agotando para el gobierno de Pretoria.



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