Actualizado: 23/10/2019 9:47
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Venezuela 15-F

Chávez contra Chávez

El verdadero reto comienza ahora. Si juega limpio, el presidente venezolano tendrá la mar de dificultades para vencer en 2012.

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¿Conseguirá Hugo Chávez ganar las elecciones presidenciales de 2012? Aunque la cita ordinaria no está a la vuelta de la esquina, la pregunta interesa a los efectos de interpretar la victoria del "sí" en el referendo constitucional del último domingo. En principio, la decisión de los ciudadanos autoriza un proceso no necesariamente perverso, aunque en sociedades democráticamente precarias, ciertas licencias corren el riesgo de derivar en instrumentos clave para el control y abuso del poder.

A menudo, Chávez acude al ejemplo puntual de las democracias europeas para justificar sus aspiraciones reeleccionarias; pero, dejando fuera a las monarquías parlamentarias —que funcionan más o menos bien, representando al Estado con atribuciones específicas—, los poderes ejecutivos europeos tampoco están a salvo de los excesos derivados de un dilatado ejercicio del gobierno. En escenarios menos complejos que el venezolano, incluso no vendría mal limitar los períodos a ocho años.

Lo sucedido el domingo en Venezuela no remite imperiosamente al ocaso de su frágil democracia. La incertidumbre económica, derivada de una renta petrolera por debajo de lo inicialmente presupuestado; la cada vez más incierta capacidad para financiar aventuras bolivarianas, dentro y fuera; una inflación del 40% y el deterioro galopante de la seguridad ciudadana (100.000 asesinatos en diez años, según la prensa local), apuntan al verdadero reto.

Tarjeta amarilla

En buena lid, y jugando limpio, Chávez tendrá la mar de dificultades para vencer en los siguientes comicios.

La revolución bolivariana ha sido un castillo de naipes edificado sobre la bonanza del crudo. La inversión estatal de los últimos años favoreció programas y "misiones" de fragilidad porcelánica, y el asistencialismo —en toda regla, una fábrica de voto fácil— ha terminado lisiando la quinta potencia petrolera del mundo.

"Cuidado con lo que pides, no vaya a ser que se te cumpla", advierte un refrán traicionero. El polémico Hugo Chávez ya tiene lo que deseaba: ahora le corresponde administrar un resultado que confirma la grave fractura de la sociedad venezolana. ¿Comprenderá el presidente que este partido no ha terminado en goleada?

Con un manejo descarado de los recursos del Estado en función de la campaña del "sí" —incluidos los medios públicos de comunicación que pagan todos los venezolanos—, y aplicando las tácticas castristas de presión y chantaje sobre los votantes, el oficialismo obtuvo el 54% de los votos. Lejos de ser triunfalista, el mensaje del juego suena a tarjeta amarilla: desde 2006, fecha de las últimas presidenciales, Chávez ha perdido el 10% de su capital político.

La oposición, por su parte, ha encajado el golpe con bastante aplomo. Culpar a las máquinas de votación o boicotear los procesos electorales, fue parte del suicidio colectivo al que se sometieron en el pasado los adversarios de Chávez. El momento es otro, con los alcaldes de Maracaibo y Caracas al frente de la alternativa, aunque todavía sin liderazgos fuertes.

En diciembre de 2010 se celebrarán comicios legislativos en el país. Entre la izquierda disidente del oficialismo y los socialdemócratas y democristianos de la oposición, probablemente el parlamento vuelva a contar con los equilibrios políticos mínimos. Esta será la prueba del nueve del chavismo.


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