Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Venezuela, Maduro, Asamblea

Chusmería parlamentaria “bolivariana”

La camarilla en el poder quiere torpedear la Asamblea Nacional

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El pandillero Diosdado Cabello, que hasta hace muy poco presidió la Asamblea Nacional más inmoral, chapucera, ilegal y deshonesta de la historia venezolana, alegó que los diputados opositores, que ahora son mayoría, habían violado reglamentos internos de la Asamblea, como pretexto para que los oficialistas abandonaran la apertura de la nueva legislatura, después tras fracasar en su intento de impedirla, amenazarla o sabotearla.

El mismo Cabello que días antes instaló la absurda, inoperante y provocadora “Asamblea Comunal” que solamente servirá para hacer ridículos, crear problemas, perder tiempo, y engañar incautos. El mismo Cabello que presidió, con su mayoría de diputados hasta hace unas horas, la designación de jueces para el Tribunal Supremo seleccionados no por méritos o capacidad, sino por plegarse a la “revolución bolivariana”, para crear una barrera supuestamente legal que desarticule decisiones de la Asamblea Nacional que no sean del agrado de Miraflores… o de La Habana.

La maquinaria propagandística venezolana, siguiendo lo aprendido del castrismo, se dedicó a desprestigiar a quien sería el nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, con insultos, manipulación de información y todo cuanto resultara conveniente para sus objetivos. Los “bolivarianos”, como los castristas, no reconocen adversarios decentes: siempre les acusan de mercenarios, vendepatrias, agentes del imperio, provocadores, fascistas, golpistas, derechistas, “guarimberos”, gamberros. Las únicas personas decentes, según ellos, son quienes apoyan a la tiranía en La Habana o en Caracas, aunque sean delincuentes comunes convictos. Quienes enfrentan la arbitrariedad y el despotismo no son ni seres humanos.

Y enseguida aparecen esbirritos digitales por estas páginas, repitiendo, pero con faltas de ortografía, la propaganda “bolivariana”, aunque fue ayer por la tarde, después del aguacero, que vinieron a enterarse de la existencia del sustituto de Cabello en el parlamento. Henry Ramos Allup, nuevo presidente de la Asamblea Nacional venezolana, no es un arcángel ni mucho menos: fue parte de las élites de Acción Democrática y COPEI que llevaron a Venezuela a finales del siglo 20 a una situación tan desesperada y sin futuro que facilitó que un golpista, demagogo e inepto como Hugo Chávez ganara limpia y abrumadoramente la presidencia en 1998 y varias elecciones más, aunque no todas limpias como proclama la propaganda oficial y repiten sus sicarios digitales.

Sin embargo, aún así, comparado con el facineroso Diosdado Cabello, el nuevo presidente de la Asamblea Nacional venezolana, y todos y cada uno de los diputados opositores, son más decentes, capaces y esperanzadores que el pequeñuelo golpista, acusado también de narcotraficante, y sospechoso de cuanto delito común exista o pueda existir en este mundo.

Los oficialistas se llaman a sí mismos “diputados de la patria”, como si los opositores fueran apátridas o marcianos. Cualquier parecido con La Habana no es pura coincidencia. Para ignorantes e incautos, aferrarse al chavismo falsificado es el camino para defender “los logros” de la supuesta revolución “bolivariana”. Pero para Maduro, Cabello, Cilia Flores, y unos cuantos más, aferrarse al poder garantizaría no terminar en un calabozo, no por venganzas políticas, sino por delitos comunes.

Ahora mismo en Panamá han solicitado investigar a Maduro y la llamada “primera combatiente” Cilia Flores por presunto blanqueo de capitales en ese país, a partir de dineros de Venezuela escandalosamente malversados a través de una ilimitada corrupción durante años. A lo que hay que añadir que la pareja presidencial tiene a dos sobrinos de la “combatiente”, criados en su propia casa, como huéspedes del departamento de prisiones de New York, tras haber sido sorprendidos en Haití intentando vender un cargamento de 800 kilogramos de cocaína.

Los diputados opositores en la nueva Asamblea permitieron, por primera vez en más de 10 años, que la prensa no controlada por el Gobierno estuviera presente en la sesión, lo que disgustó a los oficialistas. Con su aplastante mayoría, juramentaron a tres diputados que el Tribunal Electoral había pretendido inhabilitar con una burda e ilegal maniobra de última hora ordenada por el gobierno, para impedir a la oposición los 112 diputados que le otorgan la “mayoría calificada”. De inmediato, el jefe de la chusma oficialista en el parlamento, Héctor Rodríguez, declaró que eso era un acto ilegal y que a partir de ese momento todas las acciones y decisiones de la Asamblea Nacional serían ilegales y sin valor jurídico. ¡El burro acusando de orejón al conejo! Y Diosdado Cabello anunció que denunciarían la situación ante el Tribunal Supremo (nombrado por ellos mismos hace pocos días).

Esa parece ser la estrategia “bolivariana” para torpedear la Asamblea Nacional. Deslegitimar acciones, lo que podrían lograr con un Tribunal Supremo absolutamente controlado desde Miraflores; vetar presidencialmente leyes que no convengan al proyecto “robolucionario”; requerir una decisión del Tribunal Supremo sobre la constitucionalidad de las leyes, y ya sabemos cómo se pronunciará ese tribunal controlado por los mafiosos; crear continuamente el caos para convertir la Asamblea en un ente inoperante; gobernar por decreto desde Miraflores en todo lo que se pueda, y si acaso se fuerza un poco alguna ley el Tribunal Supremo se encargaría de “legalizar” la arbitrariedad; descalificar continuamente a los diputados opositores; y buscar resquicios entre ellos para intentar que no todos voten en bloque y no pueda funcionar la mayoría calificada.

Evidentemente, nada de política seria, cohabitación, debate constructivo, búsqueda de consenso, experiencia parlamentaria real, Estado de Derecho. ¿Para qué?

Simplemente, chusmería parlamentaria “bolivariana”.


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