Actualizado: 01/07/2022 16:17
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Chile, Boric, Cuba

Cuba y la izquierda democrática de Boric

El 11 de julio de los chilenos fue el 18 de octubre de 2019. Y cuando estallaron las protestas en varias ciudades, algunos dijeron que habían sido instigadas desde La Habana, como mismo después otros dirían que el 11 de julio había sido instigado desde Miami

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Hubo una época en la que quien escribe se alegraba cuando alguna personalidad de izquierda alcanzaba algún puesto público importante, porque por entonces para mí ser de izquierda significaba ser partidario de la justicia social y la soberanía nacional. Y yo no era una excepción. Una gran mayoría de cubanos pensaban parecido antes de 1959, aunque casi nadie hoy quiera admitirlo.

Empecemos por el principio para entendernos bien. El machadato cayó el 12 de agosto del 33, no por la revolución del 30, sino por un golpe militar orquestado desde Washington porque la reforma arancelaria de Machado afectaba los intereses económicos de Estados Unidos. ¿Entonces a quién derrocó la Revolución del 30 cuando triunfa 24 días después, un 4 de septiembre? Pues a un presidente títere impuesto en su lugar, Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria. Y quien se convierte en presidente seis días más tarde, el 10 de septiembre, es el Dr. Ramón Grau San Martín, cuya administración realizó medidas muy avanzadas para la época al mismo tiempo que tuvo que enfrentar varios intentos contrarrevolucionarios, como la insurrección de antiguos militares del machadato aliados a un ala del ABC que había apoyado a Céspedes, a los comunistas que en los campos ocupaban centrales azucareros y por último la traición de Fulgencio Batista, por entonces, jefe del Ejército que pone término a esa revolución en 1934.

Entonces es cuando Grau funda el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), que se proclamaba “socialista y antiimperialista”. ¿Quiénes luego apoyaron a Batista, en 1940, en su llegada a la presidencia? Pues la Coalición Socialista Democrática, integrada principalmente por los comunistas cuyo partido cambiaría su nombre por el de Partido Socialista Popular (PSP).

De modo que si miramos aquella época (1940-1952) con las referencias de hoy, habría que decir que había dos tipos de izquierda diametralmente opuestas —aunque en verdad, no se hablara tanto en términos de “izquierda” y “derecha”—, por una parte la izquierda democrática que representaban las dos corrientes políticas de mayor popularidad, el autenticismo y la ortodoxia, esta última nacida del ala izquierda del autenticismo, y por otra, el PSP, que apoyaba el proyecto totalitario de la Rusia estalinista, muchos de ellos, para ser justos, con el ciego romanticismo de la ignorancia.

Por eso, cuando Grau gana la presidencia en 1944, la población lo recibió con un gran jolgorio nacional y su gobierno fue muy favorable para los trabajadores, con leyes como el diferencial azucarero.

Cierto que había todavía muchos problemas, como la corrupción, el gansterismo y leyes constitucionales que todavía eran letra muerta, como la necesidad de una reforma agraria para poner fin a la miseria del campo, pero existía gran optimismo de que esos males serían superados, sobre todo con la casi segura llegada de la ortodoxia al poder en las elecciones del 52, por lo cual hoy se dice que el golpe de Estado de Batista ese año, no fue tanto contra el autenticismo en el poder sino contra la ortodoxia que contaba con gran apoyo popular.

Tras el derrumbe en 1959 de aquella dictadura, ¿en quiénes se apoyó el nuevo caudillo para afianzarse en el poder frente a otros grupos y líderes revolucionarios? Pues en los miembros del PSP, lo mismo que hiciera Batista en el 40.

Mis padres eran auténticos. Por eso entiendo perfectamente al actual presidente de Chile, Gabriel Boric cuando dice: “Provengo de una izquierda profundamente democrática, que valora y respeta los derechos humanos de manera irrestricta”.

Cuando me alegraba de la victoria electoral de líderes de izquierda en otros países, muy pronto aquella alegría se desvanecía cuando luego de alcanzar el poder, esos líderes daban su apoyo a la dictadura cubana. Quien apoya a una dictadura por ser de izquierda o de derecha, no es demócrata. La democracia no tiene color. Y las dictaduras no son de izquierda ni de derecha. Solo son dictaduras.

El caso de Boric fue muy diferente. Dijo muy claro en entrevista con Telemundo: “hoy día hay presos en Cuba por pensar distinto y eso para nosotros es inaceptable”.

Gabriel Boric se integró originalmente a un grupo de estudiantes universitarios que se autodenominaban Izquierda Autónoma y que decían luchar por un “socialismo libertario”. En 2011 se distinguió en manifestaciones estudiantiles que protestaban contra una política que afectaba los intereses de los estudiantes y a fines de ese año sale electo presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. En 2013 gana un escaño en el Congreso y en 2017 participa en la fundación del Frente Amplio que se convierte en el tercer partido de importancia en el país.

En Chile había prosperidad, pero esa prosperidad no llegaba a los de abajo. Había democracia, pero esa democracia era solo formal, con las trabas de un marco institucional pinochetista, había Estado de derecho, pero no un Estado de satisfacción plena de los derechos. El 11 de julio de los chilenos fue el 18 de octubre de 2019. Y cuando estallaron las protestas en varias ciudades, algunos dijeron que habían sido instigadas desde La Habana, como mismo después otros dirían que el 11 de julio había sido instigado desde Miami. Pero ni La Habana ni Miami tenían tanto poder como para promover protestas multitudinarias en tantas ciudades. Y los que protestaron entonces en Chile fueron los que apoyaron a Boric a la presidencia en 2021 al frente de una coalición de coaliciones, para convertirse en el presidente más joven de toda la historia de ese país.

Hubo un momento en que parecía que casi toda América Latina iba a caer en manos de los líderes del llamado “socialismo del siglo XXI”. Pero hoy, cuando oigo a Maduro quejarse de lo que él llama “izquierda cobarde” refiriéndose a las críticas de Boris en Chile, Castillo en Perú y Petro en Colombia, siento en mí interior un renacer de nuevas esperanzas.


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