Actualizado: 01/06/2020 20:01
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Cumbre Iberoamericana: Reportaje

Cuba y Venezuela en el punto de mira

A las puertas de la reunión de jefes de Estado y de Gobierno en Salamanca.

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A pesar de su tamaño y población —160.000 habitantes—, Salamanca se ha propuesto ser, durante esta semana, la capital de Iberoamérica. La ciudad castellano-leonesa, vinculada a grandes momentos de la historia y la cultura de España, se ha visto virtualmente desbordada de periodistas, delegaciones, agentes de seguridad y simpatizantes de todas las ideologías, unas horas antes de iniciarse la XV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

Mas, no son la seguridad ni la capacidad de acogida de los salmantinos los asuntos que más preocupan a los organizadores: el foro más importante de las naciones hispanoparlantes de América, de Brasil, España y Portugal, se enfrenta a un severo debate sobre su utilidad y eficacia para el futuro de la región.

El interés por estas reuniones alcanzó su nivel más bajo en 2004, cuando seis jefes de Estado se ausentaron de la cita costarricense. La crisis que padece el sistema de Cumbres ha obligado a reconocer a uno de los anfitriones, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores de España, Bernardino León, que las mismas perdieron "mucho fuelle" en las últimas ediciones, hasta convertirse en reuniones con "una foto (de familia) y poco más". En declaraciones a Europa Press, León mencionó los citados hechos del año pasado en Costa Rica, y admitió que esto se produce en un momento en que los problemas y desafíos de la región iberoamericana son "enormes".

Sin embargo, no todos aprecian una relación directamente proporcional entre la asistencia de los mandatarios y los éxitos y fracasos de las Cumbres.

"No sirven para casi nada", respondió el escritor cubano Carlos Alberto Montaner a una pregunta de Encuentro en la Red. "Ni siquiera son un club de debates —agregó—, porque la intención de sus organizadores suele ser presentar una cara armoniosa y dulce".

Pero "lo peor de todo", en opinión del también presidente de la Unión Liberal Cubana, es "el impune incumplimiento de los acuerdos firmados". Montaner cree que "la manera de darle sentido es crear un reglamento que premie o castigue a los miembros, de acuerdo con su actuación".

La primera Cumbre Iberoamericana se desarrolló en Guadalajara, México, en 1991, y luego le siguió la de Madrid (1992). Un encuentro particularmente recordado fue el de 1996, en la ciudad chilena de Viña del Mar, donde los jefes de Estado de la región, incluido Fidel Castro, suscribieron un documento en el que se reafirmaba su "compromiso con la democracia, el Estado de derecho y el pluralismo político, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales".

Este año, en ocasión del trigésimo aniversario de la coronación del Rey Juan Carlos I, el gobierno español se ha planteado impulsar la institucionalización de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y las reuniones de carácter ministerial, así como lograr aportaciones de la sociedad civil en los días previos a la cita.

Durante la presentación de la SEGIB en Madrid, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, señaló que la entidad se ha propuesto que Salamanca "sea el punto de arranque de una nueva y fecunda etapa" en el proceso de las Cumbres, tanto en las formas como en los contenidos, y que estas "incidan sobre los problemas reales" que afectan a los ciudadanos.

A pesar del esfuerzo de los organizadores, no resultará fácil conciliar tantos intereses y posturas, ni mucho menos hacer que los gobiernos cumplan lo pactado.

Desde la Isla, el portavoz del Arco Progresista (AP), Manuel Cuesta Morúa, cree que hace falta "implementar con seriedad un proceso que defina cuáles son las reglas del juego entre los países miembros del cónclave".

Consultado por Encuentro en la Red, el opositor socialdemócrata insistió en la necesidad de "establecer un medidor" de la actitud y los comportamientos de los gobiernos, "en circunstancias como las nuestras, sobre todo".

El Arco Progresista pidió al foro iberoamericano que se implemente un "grupo de trabajo" sobre derechos humanos, a nivel interestatal, para "vigilar más de cerca" los comportamientos de los países violadores, como es el caso de Cuba.


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