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De silencios, votos y otras curiosidades venezolanas

La oposición venezolana parece haber superado su harakiri político de cinco años atrás, pero para ser una alternativa creíble de gobierno hace falta mucho más

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Suele ocurrir, a veces, que las apariencias de las cosas nos desvelan elementos inherentes a ellas mucho más importantes que la retórica o el relato que las rodea. En otras ocasiones, los epifenómenos resultan más reveladores que los propios procesos que las acompañan. Sin embargo, en determinadas circunstancias, la combinación de apariencias y palabras son de una elocuencia mucho más brutal que lo que se observa a simple vista. Esto se puede decir, sin lugar a dudas, de los acontecimientos que han rodeado a la votación parlamentaria venezolana del último domingo.

El largo tiempo de silencio, las interminables horas que acompañaron al pueblo de Venezuela hasta la primera comparecencia oficial de Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, fueron preparando la idea de que con cada minuto que pasaba el límite de los 110 diputados fijados como meta por el oficialismo estaba cada vez más lejos de ser alcanzado. Este silencio fue acompañado por el mutismo del twitter presidencial que, sin embargo, había estado sumamente activo desde la misma madrugada del domingo y durante toda la jornada electoral, pese a la prohibición de hacer campaña el día de los comicios.

Más allá de las espadas y las lanzas bolivarianas que deberían haber respaldado la victoria gubernamental, tan esclarecedora fue la incomparecencia del presidente Chávez frente a los suyos en el balcón del palacio de Miraflores, como las breves palabras, no más de tres minutos, del jefe de la campaña oficialista Aristóbulo Istúriz, quien reconoció la meta inalcanzable que se habían fijado. A esto se suma el escaso fervor popular de la marea roja oficialista, pese a la importancia estratégica del triunfo alcanzado.

Pero fue una vez más la autorizada voz de Fidel Castro quien nos dio las claves de todo lo ocurrido y, en definitiva, de quiénes realmente habían ganado el domingo y quiénes habían perdido. Claro está, que en Venezuela como en el resto del mundo cada vez que hay una elección todos ganan, o todos tienen algo, al menos, para festejar. Desde las habituales páginas de Cubadebate.com, Fidel Castro, sin que le temblara el pulso, manifestó que Estados Unidos se gastó ingentes recursos en la campaña para evitar el triunfo de la revolución bolivariana. Y si todo esto ocurrió fue sencillamente porque los yanquis quieren el petróleo venezolano. Se olvida Fidel Castro de señalar que les basta con comprarlo y que sin los miles de millones de dólares anuales con que los gringos pagan el petróleo venezolano, Hugo Chávez se hubiera quedado sin su revolución hace rato.

De todos modos, Castro apuntó certeramente en dirección a la derrota, aunque se equivocó de su verdadero responsable, el pueblo venezolano. Según Castro, “el enemigo logró una parte de sus propósitos: impedir que el Gobierno Bolivariano contara con el apoyo de las dos terceras partes del Parlamento”. Pero para que no se produzcan malos entendidos, como ocurrió con una entrevista reciente, aclaró que aunque “el imperio tal vez crea que obtuvo una gran victoria ocurrió exactamente lo contrario: los resultados del 26 de septiembre constituyen una victoria de la Revolución Bolivariana y su líder Hugo Chávez”.

Si bien todavía no se cuenta con los resultados definitivos, ya que se puede producir alguna reclamación en un sentido o en otro, lo que se sabe da para plantear algunas cuestiones importantes. Primero: la oposición ganó en voto popular, aunque no en escaños, lo que supone un golpe de gran importancia en la credibilidad y la legitimidad del régimen, pese a la victoria en escaños del oficialismo. Segundo: a la suma del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) más el Partido Comunista no sólo le ha resultado imposible llegar a la mítica cifra de 110 diputados, los 2/3 de la Asamblea, sino también a los 99 escaños, las 3/5 partes, cantidad con la que podría sancionar una nueva Ley Habilitante que otorgue nuevos poderes legislativos al Presidente. Según los últimos datos disponibles el PSUV habría obtenido 98 escaños, la Mesa de la Unidad Democrática (65) y Patria para Todos (PPT), un desprendimiento del chavismo, aunque con otro talante, dos.

¿Con estos resultados qué puede pasar de cara al futuro? Lo más urgente que se debe dilucidar, y esperar a ver, es lo que ocurrirá hasta que el actual Parlamento termine su período de sesiones. ¿Cuáles serán las leyes que pueda aprobar y con qué contenido? ¿Cuánto terreno querrá avanzar Chávez en el impulso de una revolución que, en caso de ser tal, está perdiendo gas a un ritmo importante? Una vez instalada la nueva Asamblea, habrá que comprobar si funciona eficazmente, quién maneja la agenda y cuánta es la disciplina de voto del grupo opositor. Si miramos lo ocurrido en situaciones semejantes en Argentina o Bolivia, con diputados tránsfugas, compras de votos, dossiers que circulan con datos comprometedores para ciertos legisladores, el futuro puede ser complicado para la oposición, en caso de que ésta no tenga las ideas claras.

De todos modos la oposición finalmente parece haber aprendido la lección que decidió olvidar con su harakiri político cinco años atrás. Ahora saben que la unidad hace la fuerza y que es posible, como ocurrió en el referéndum constitucional de 2007, derrotar al oficialismo. Pero para ser una alternativa creíble de gobierno no sólo es necesaria la unidad, hace falta mucho más. Se necesita un programa claro, un liderazgo firme y reconocible y una clara vocación de participación democrática. Con los actuales resultados las espadas están en alto para las elecciones presidenciales de 2012. Pero para ese entonces, todavía algo lejano y en un terreno resbaladizo en que muchas son las cosas que pueden cambiar, el principio de un hombre un voto contará mucho más que ahora. De ahí, que la participación siga siendo algo importante.



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El presidente venezolano, Hugo Chávez, muestra una fotografía de él con Fidel Castro a la prensa internacional en el Palacio de Miraflores, Caracas.