Actualizado: 07/08/2020 16:54
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Mascarillas, EEUU, Pandemia

El derecho de los demás

Un tema de salud pública tan elemental como el uso de la mascarilla se ha convertido en un tema político donde las pasiones se desatan y se llega a posiciones francamente ilógicas y anticientíficas

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“Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de
todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el
respeto al derecho ajeno es la paz.”
Benito Juárez (1867)

Estados Unidos es un país de leyes, lo cual no resulta suficiente si las mismas no se cumplen, es un país democrático y ello se logra precisamente con el cumplimiento de las leyes que protegen y reglamentan esa democracia, es un país donde se respetan las libertades de los individuos y todos los ciudadanos son iguales frente a la justicia. ¿Esto siempre ha sido así? No, no siempre ha sido así, pero a lo largo de su historia ha existido el propósito, en ocasiones no muy efectivo e imperfecto, de que estas ideas sean los principios paradigmáticos para este país.

Dentro de esta sociedad han existido múltiples sectores o grupos que han tendido a enfrentar las leyes que han considerados refrenan o limitan sus libertades, a pesar de que esas leyes o reglamentos están basados en el derecho de la mayoría lo cual es un elemento básico de la democracia. El derecho de todos supedita al de los individuos y ello es un elemento básico del entramado de una sociedad sana y funcional.

El gobierno central se ha negado a tomar una posición en relación a un aspecto tan elemental como el del uso obligatorio de una mascarilla cuando se esté en lugares públicos y que exista por tanto el riesgo de transferencia del virus de una persona a otras. Esta mínima medida ha generado un rechazo en determinados grupos que con sus acciones ponen en riesgo al resto de la población. La toma de decisión sobre este asunto fue delegado a los gobiernos de los estados. En el caso de Florida, el gobernador de cierta forma delegó en los gobernadores de los condados, manteniéndose así alineado con la retórica anticientífica del presidente de la nación que se niega a utilizar las mascarilla y ni por error se ha referido a la necesidad de su uso, ejerciendo así un liderazgo negativo que es copiado por muchos de sus seguidores.

Han existidos ejemplo de esto aún peores, como cuando el gobernador de Georgia decidió dejar sin efecto las medidas tomadas por la alcaldesa de Atlanta en relación al uso obligatorio de la mascarilla, considerándolo una violación de la resolución tomada a nivel estatal. ¿Debo decir que el gobernador es un republicano que apoya decididamente a Trump y que la alcaldesa es una demócrata con una posición decididamente anti-Trump?

Pero esto es lo que está ocurriendo, un tema de salud pública tan elemental como este del uso de la mascarilla se ha convertido en un tema político donde las pasiones se desatan y se llega a posiciones francamente ilógicas y por decir lo menos anticientíficas pero que en definitiva ponen en riesgo a cientos de miles de personas. ¿Qué papel ha desempeñado este movimiento anti mascarilla en la explosión de casos de contagio? No hay forma de decirlo con una seguridad absoluta pero su papel negativo tiene que haber desempeñado algún papel. La lentitud de la Florida en tomar medidas al respecto tiene que haber sido un elemento más en el rebrote del virus que estamos sufriendo.

El carácter político que ha tomado este asunto de las mascarillas no es solo una apreciación subjetiva y superficial, esto ha sido avalado por una investigación efectuada por el Pew Research Center[1] que refleja claramente como se ha dividido la población en cuanto a un tema que debería estar exento de contenido político y que está vinculado a la supervivencia de esa misma población.

Después de presentar la tabla anterior la investigación llega a la siguiente conclusión:

Los republicanos conservadores se encuentran entre los menos propensos a decir que han usado una máscara todo o la mayor parte del tiempo en el último mes: el 49 % dice que lo ha hecho, en comparación con el 60 % de los republicanos moderados. Los demócratas liberales son los más propensos a decir que han usado máscaras (el 83 % dice que lo han hecho todo o la mayor parte del tiempo, frente al 71 % de los demócratas moderados).[2]

La tabla refleja otra peculiaridad y esta es la que los asiáticos resultan los mas disciplinados y dispuestos a proteger la comunidad en la cual viven, en fotos de poblaciones asiáticas pre-pandemia no era raro ver rostros cubierto con mascarillas, seguramente de personas afectadas por la gripe o un simple catarro y que decidían no ser vehículos de la propagación de una enfermedad. Evidentemente la población blanca es la menos dispuesta a proteger a sus conciudadanos.

¿Tiene alguien el derecho de convertirse en agente transmisor de un virus que puede ser letal? Considero que la respuesta a esto debe ir más allá de una afiliación política o una convicción ideológica y basarse en las más simple reglas de la convivencia entre seres humanos. Sospecho que de lograrse la vacuna para la covid-19 la batalla va a ser aún más feroz y de consecuencias aún más grave que esta de las mascarillas. Ojalá me equivoque.


[1]https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/06/23/most-americans-say-they-regularly-wore-a-mask-in-stores-in-the-past-month-fewer-see-others-doing-it/

[2] Conservative Republicans are among the least likely to say they have worn a mask all or most of the time in the past month – 49 % say they’ve done so, compared with 60 % of moderate Republicans. Liberal Democrats are the most likely to say they have worn masks (83 % say they’ve done so all or most of the time, vs. 71 % of moderate Democrats).


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