Actualizado: 13/12/2019 11:14
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Venezuela

El Foro Social de Caracas

Chávez aboga por radicalizar un movimiento concebido para reflexionar sobre los graves problemas mundiales.

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Cuando el pasado 30 de enero el VI Foro Social Mundial (FSM) —el cónclave que originalmente había sido concebido como un encuentro para la reflexión acerca de los graves problemas mundiales— levantó el campamento en Caracas, muchos de los participantes comprendieron que se habían encontrado a un alucinante jefe de Estado, Hugo Chávez, que clama por convertir el movimiento en una especie de "partido global" que tenga como objetivo la "toma del poder".

Según Chávez, la cita puede tornarse en "un encuentro folclórico y turístico", que poco aporte a la "revolución mundial" y a la "lucha contra el imperialismo", si no se radicaliza.

El brasileño Marco Aurelio García, asesor de asuntos internacionales del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, comentó que "parece imposible, pues no es real pensar en una izquierda mundial monolítica", y agregó que "hay muchas izquierdas en el mundo y eso es positivo. Las experiencias nacen de procesos diferentes y la importancia del Foro Social es que, con su amplitud, esas izquierdas encontraron un denominador común en el respeto a las diferencias".

Otro comentario que no debe haber gustado mucho al dirigente bolivariano fue el del también brasileño Oded Grajew, uno de los fundadores del FSM, quien dijo: "Si hablamos de socialismo, podríamos mirar hacia los países del norte europeo, que son un ejemplo de socialismo moderno".

Chavismo sin sentido

La cita de Caracas estuvo precedida por otra reunión de este tipo en Bamako, la capital de Mali. Allí, el brasileño Cándido Grzybowsky, también fundador de los Foros y nada sospechoso de apoyar al "imperialismo", expresó sus temores sobre la dificultad de mantener la independencia en la edición de Venezuela, por la influencia de Chávez. Los hechos posteriores le dieron la razón.

En realidad, el Foro Social celebrado en Caracas desvirtúa —y de manera muy grave— el debate serio que en relación con el neoliberalismo, la globalización y el libre comercio se desarrolla en el mundo. El Foro no formuló conclusiones válidas para enfrentar los retos del siglo XXI: combatir y erradicar la pobreza, lograr el progreso y el bienestar de todos los pueblos del mundo.

Una posición antiimperialista obsoleta marcó el debate; lejos de favorecer la causa de las reformas y del progresismo mundial, lo redujo a un chavismo sin sentido, que la intelectualidad internacional y los demócratas comienzan a ver con mayor claridad.

Los gobiernos serios buscan las soluciones sin posiciones extremas que anulen la posibilidad de participar en el proceso de cambios, de negociar y dar aportes. El gobierno de Brasil, aparentemente comprometido con el proyecto bolivariano, asistió al Foro Social; pero también en Davos se hacía presente el canciller, Celso Amorím. Pragmatismo que el régimen bolivariano se empeña en no entender.


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