Actualizado: 23/09/2019 16:12
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Polonia

El obispo que fue espía

¿Sufrirá la Iglesia polaca un colapso de autoridad tras el escándalo del arzobispo de Varsovia? ¿Beneficia esta 'revisión' el proceso democrático del país?

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El escándalo desatado en Polonia tras la renuncia del arzobispo de Varsovia, Stanislaw Wielgus (67 años), al demostrarse que fue colaborador de la policía política comunista, mantiene divididos a los ciudadanos y está haciendo estragos en la vida pública de un país con profundas raíces católicas.

Prestigiosos analistas y ex disidentes polacos describen los hechos como "un nuevo capítulo de la interminable caza de ex agentes, supuestos o auténticos, que persiguen los frustrados e incapaces gobernantes de la nueva derecha, a 17 años de la caída del comunismo".

Maciej Stasinski, periodista del prestigioso diario Gazeta Wyborcza, afirmó a Encuentro en la Red que el caso es un duro golpe para la Iglesia Católica polaca y un triunfo de la derecha nacionalista, que "pretende ordenar la vida política polaca con los incompletos y no siempre creíbles archivos de la ex policía comunista".

La prensa polaca ha acusado a los gemelos Jaroslaw y Lech Kaczynski, presidente y primer ministro de Polonia, respectivamente, de aplicar "un celo inquisitorial" en la revisión de los 16 años de transición democrática, una etapa que la mayoría de los polacos consideraba superada.

En momentos en que el país debe tener concentradas sus fuerzas en consolidar sus posiciones dentro de la Unión Europea y alcanzar los estándares económicos europeos, estas persecuciones de personas que tuvieron algún tipo de colaboración, sea voluntaria, forzada, real o ficticia, con la antigua policía política, es contraproducente y no significa ninguna ganancia para el país, agregan estas fuentes.

Dramática renuncia

El obispo Wielgus fue consagrado arzobispo de Varsovia con el beneplácito de la Santa Sede, el sábado 6 de enero. Pero al día siguiente, a escasas horas de ser públicamente investido de su cargo en la Catedral de la capital polaca, renunció a este.

Con lágrimas en los ojos, admitió que había colaborado con la policía política comunista, aunque recalcó: "nunca hice mal a nadie". Según su versión, aceptó colaborar, presionado y acosado por agentes del régimen.

El papa Benedicto XVI, quien le había nombrado hacía un mes, y apoyado y defendido hasta el día anterior, aceptó su renuncia con no poco embarazo, después de que el obispo admitió haber colaborado con el régimen comunista. Sin embargo, el año pasado, durante una visita a Polonia, el Papa se había declarado contra "la manera arrogante de juzgar a personas que vivieron en el pasado bajo circunstancias extremadamente difíciles".

Después de la renuncia de Wielgus, el cardenal Josef Glemp, primado de Polonia, lanzó una homilía y opinó: "Si vamos a enjuiciar al obispo, habría que hacer un juicio justo donde existan tribunales y el acusado pueda defenderse, y no basarnos solamente en papeles que pudieron lograrse en base a chantaje, intimidación y acoso".

Se refería al expediente que fue filtrado a la prensa, en diciembre pasado, por el Instituto de Memoria Nacional, el cual, según el primado, "no debe ser considerado oráculo y única fuente de la verdad".

A partir de este momento, la opinión pública polaca se ha dividido. Multitud de feligreses se han manifestado contra los grupos ultranacionalistas, mientras la reacción de los políticos y líderes de estos grupos, que comparten el poder, aplaudieron la renuncia del obispo.


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