Actualizado: 27/01/2020 13:43
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San Francisco, EEUU, Cuba, Castro

El otro Castro

Castro, uno de los símbolos del movimiento LGTB, lugar de celebración de eventos y punto ideal para entrevistas y el lanzamiento de noticias y planes de activismo homosexual

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Si usted viaja a San Francisco y menciona el apellido Castro a uno de los residentes del área, lo más probable es que su interlocutor, si no es cubano, no asocie el nombre con Fidel Castro, ni con Raúl Castro y mucho menos con Mariela Castro.

El distrito Castro, al que por lo general se le conoce simplemente como The Castro, es un vecindario en el valle Eureka, en San Francisco, California, donde vive la mayor concentración de gays en Estados Unidos. Se le reconoce además como uno de los símbolos del movimiento LGTB, que agrupa a lesbianas, gays, bisexuales y así como lugar de celebración de eventos y punto ideal para entrevistas y el lanzamiento de noticias y planes de activismo homosexual.

Aquí el nombre Castro no tiene nada que ver con Cuba ni su Gobierno actual, sino con José Castro (1808-1860), una de las tantas figuras singulares de la historia de cualquier país, en este caso dos naciones, y si hubiera sido por Castro (el otro) quizá hasta tres.

Castro nació en Monterrey y en su juventud su ideal era lograr un status de semi independencia para Alta California. Después de varios y arrestos y triunfos políticos y militares, contra el Gobierno mexicano de Alta California, y de derrocar a más de un gobernador, terminó dirigiendo a los californianos en su lucha contra las tropas estadounidenses. Tuvo que marchar a México, residió en Sinaloa y luego volvió a California. Terminó regresando a México y fue nombrado gobernador y comandante militar de Baja California. Nunca renunció a su ciudadanía mexicana y a sus grados militares. Siendo gobernador de Baja California, fue asesinado por un bandido en 1848.

El vecindario que ahora lleva su nombre surgió en 1887, cuando el ferrocarril unió al valle de Eureka con el centro de San Francisco. La zona siempre mantuvo un cierto aire “marginal”, extranjero más bien. Primero se le conoció como “La Pequeña Escandinavia”. Así se le llamó por la presencia de inmigrantes suizos —que por supuesto no son escandinavos—, noruegos, daneses y finlandeses —que unos dicen que sí y otros que no, que no caben en tal categorización— y a la vista del resto de los habitantes de la zona todos eran tan iguales a los “escandinavos”, como son los “cubanos” de La Pequeña Habana, en Miami, donde muchos son “menos cubanos” que otros porque no son cubanos sino centroamericanos, y al final todos terminan siendo “cubanos” de Miami. Luego, hasta mediados de la década de 1960, el barrio fue principalmente la residencia de obreros irlandeses, que estos, sí, no eran escandinavos ni querían serlo.

Fue durante la Segunda Guerra Mundial que las fuerzas armadas norteamericanas situaron a miles de homosexuales en San Francisco, tras darle la baja de servicio debido a sus preferencias sexuales. Muchos se asentaron en Castro, y así comenzó la llegada de los gays al distrito y sus vecindarios.

En la actualidad, la zona no es solo el lugar de asentamiento de una comunidad, sino un centro de actividades y lugar de conmemoración. Todo un conjunto de eventos se celebra en este barrio, donde incluso existe un parque en que se recuerda a los homosexuales víctimas de la represión nazi. Lo curioso es que nadie, en Castro, se acuerda de Castro, no del otro sino del cubano.


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