Actualizado: 20/10/2017 18:43
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México, Elecciones

El problema no es la Izquierda, es el candidato

López Obrador firmó el compromiso de respetar el resultado de las elecciones, aunque muchos de los que lo conocen dudaron que lo haría, y así ha sido

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Como era de esperar, el candidato de la Izquierda para las recién finalizadas elecciones presidenciales en México, Andrés Manuel López Obrador, no ha aceptado la derrota. Antes, a lo largo de la campaña electoral, él y sus adeptos de ideología sesentera dieron varios giros preparando el terreno para la impugnación de los comicios, en caso de que no ganaran. Así, en cierto momento de la campaña por la presidencia López Obrador expresó en público que ahora vendría “la guerra sucia” de parte de sus adversarios y, posteriormente, si estos no lograban ganarle con esas mañas, aplicarían el “fraude”.

Ya en los finales de la campaña, el político tabasqueño firmó el compromiso con el Instituto Federal Electoral (IFE) de respetar el resultado de las elecciones. No pocos de los que conocen su historial dudaron que, aun con firma de por medio, él aceptara el resultado en caso de que él no resultara ganador. Y así fue. La noche de las elecciones no reconoció su derrota: había que revisar la votación, dijo. Y se quejó de que los medios de comunicación habían sido inequitativos al otorgarle más promoción al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, ganador de las elecciones según el IFE.

Unos días antes de las votaciones, López Obrador había dado por segura su victoria durante varios mítines de campaña, de modo que convocó para una “fiesta nacional” en la noche del domingo 1 de julio, día de las elecciones, y expresó su decisión de reunirse de inmediato con el actual Gobierno para ir coordinando el traspaso de poderes.

Ya se han contado y recontado los votos y Enrique Peña Nieto aventaja a López Obrador en 6.62 %; 38.21 % para Peña Nieto, 31.59 % para López Obrador; 19 millones 226 mil 784 votos para el representante del PRI, 15 millones 896 mil 999 votos para el del Movimiento Progresista.

Ahora López Obrador y su equipo centran su protesta por otra vía: la compra de votos. Ellos han dado a conocer por la televisión que el PRI depositó dinero en tarjetas electrónicas de la cadena de supermercados Soriana para que los beneficiarios de estas votaran por aquel partido político. Son una infinitud de tarjetas (monederos electrónicos) repartidas a diestro y siniestro. De modo que llamaba la atención que los “operadores” del PRI fueran tan poco cautos a la hora de armar una componenda prácticamente multitudinaria. Ayer, 9 de julio, el director comercial de Soriana desmintió el hecho, lo calificó de una burda maniobra del Movimiento Progresista y avisó que por tal razón su empresa pondrá una demanda ante las autoridades.

En estas elecciones, que resultaron las más concurridas en la historia de México con un total de participación del 63 % del padrón electoral, el elector debió decidir entre Josefina Vázquez Mota, del oficialista Partido Acción Nacional (PAN), Enrique Peña Nieto, del PRI y Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento Progresista. Vázquez Mota, una mujer de aspecto cansino y voz impostada y apagadiza, no era realmente competitiva en un país donde aún no están creadas las condiciones para que una mujer sea elegida presidenta. Por su parte, Enrique Peña Nieto representaba a uno de los partidos políticos más corruptos de América Latina, según el decir de analistas nacionales y extranjeros.

Cuando perdió las elecciones presidenciales por estrecho margen en 2006, Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores tomaron varias avenidas principales de la ciudad de México y la Plaza de la Constitución; allí permanecieron durante seis semanas viviendo en casas de campaña mientras llevaban a cabo actividades políticas. Esta acción perjudicó a miles de trabajadores y causó pérdidas millonarias para comerciantes, hoteleros, restauranteros y vendedores ambulantes, entre otros. Asimismo, el entonces aspirante a la presidencia despotricó contra las instituciones, “que se vayan al diablo con sus instituciones”, exclamó refiriéndose a sus adversarios, y se declaró “presidente legítimo” de México.

En esa campaña presidencial de 2006, la propaganda de los partidos adversarios de López Obrador lo acusaban de representar “un peligro para México”, debido a su discurso radical de izquierda donde la emprendía contra los empresarios, la oligarquía en el poder y un afanoso ataque contra “los ricos”. También lo comparaban con el absolutista mandatario venezolano Hugo Chávez. Y nadie me lo contó, yo lo vi. En algunas de las carpas de los campamentos de sus seguidores que entonces se hallaban en la avenida Paseo de la Reforma, agentes chavistas glorificaban ante el público el llamado Socialismo del Siglo XXI instaurado por el gobernante venezolano; y claro, como suele suceder en estos casos, mentían por omisión.

Así las cosas, no creo que sea sorpresa que muchos de los votantes, ante temores antiguos, hayan decidido no votar por Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, me atrevo a asegurar que si el abanderado de la Izquierda en estas elecciones hubiera sido otro, como por ejemplo Marcelo Ebrard, actual jefe de Gobierno del DF —un hombre de pensamiento moderno, de profundos conocimientos y de ánimo incluyente— el resultado de las elecciones hubiera sido favorable para el Movimiento Progresista compuesto por el PRD (Partido de la Revolución Democrática), el PT (Partido del Trabajo) y el MC (Movimiento Ciudadano). Pues resulta fácil inferir que la mayoría de los mexicanos se inclinan hacia los ideales de una izquierda democrática, alejada de un minimesías intransigente, dogmático e intolerante como Andrés Manuel López Obrador…, bueno, un mesiánico al fin y al cabo.

Hoy no sabemos cuáles serán los próximos pasos del político tabasqueño y sus seguidores para continuar con su protesta infinita contra el resultado de estas elecciones. Esperemos que cumplan su promesa de actuar por la vía pacífica, para el bien de todos.


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