Actualizado: 14/11/2019 12:33
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Demagogo, EEUU, Cine

El rostro del demagogo

Una película que no ha perdido vigencia

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Hay una película de Elia Kazan que, contrario a lo que ocurre con la mayoría del cine norteamericano, es el tema lo único que nos justifica terminar de verla. Sobreactuada y pretenciosa, Un rostro en la multitud (A Face in the Crowd) permite una primera o hasta una segunda mirada gracias a Larry “Lonesome” Rhodes, la primera y más memorable actuación de Andy Griffith en el cine, a quien todo el mundo recuerda por sus papeles en televisión, tanto el sheriff pueblerino de The Andy Griffith Show como el abogado criminal Ben Matlock de la serie Matlock.

No es la estridencia de Griffith lo que resulta apabullante, sino comprobar que la depravación de su personaje sigue vigente más de seis décadas después del estreno de la cinta. Incluso ha crecido hasta tal punto que el demagogo que conquista a una audiencia de millones en un programa de costa a costa, y es capaz de vender desde colchones hasta un presidente —gracias al atractivo que genera en la pantalla alguien que no es más que un arribista ignorante, con quien los espectadores se identifican de una forma estúpida— nos parece demasiado moderado frente a la avaricia, la sed de poder y el ego de los que dirigen hoy el gobierno y las grandes corporaciones.

Basta oír algunas de las frases —convertidas en eslóganes— que repite “Lonesome” Rhodes en su programa, para saber que estamos en terreno conocido: “la familia que reza unida permanece unida”, “no me hable de seguridad social, Daniel Boone nunca se interesó por un seguro social”, así como esa constante apelación a “la mente sencilla del hombre sencillo”, como la garantía de una vida sin problemas.

Cuando llaman a “Lonesome” Rhodes para asesorar a un político aislacionista, que aspira a ser presidente (¿suena también familiar?), su única preocupación es la imagen. No las ideas que el aspirante presidencial representa y mucho menos los intereses detrás de la campaña. En resumidas cuentas, nada de esto le ha preocupado nunca y tampoco está allí porque quieren conocer su opinión. Estamos en el mundo de las apariencias y la estulticia. Lo demás es manipulación, y en ese tema sí es un experto el exborracho de pueblo convertido en celebridad.

El rostro del demagogo no es exclusivo de una película y tampoco de una presidencia. Aparece por todas partes. En ese ur-fascismo siempre latente en la sociedad estadounidense se ha mostrado con diferentes caras: Huey Long en Luisiana, Joseph McCarthy en el Congreso de EEUU; ahora Donald Trump en la Casa Blanca, con su culto a la personalidad depravado, son apenas ejemplos aislados.

La superficialidad y el acomodo, al que los electores norteamericanos no están dispuestos a renunciar en momento alguno, son dos de los peligros mayores durante la elección del próximo año. Nada indica que nos veamos libres de la demagogia simplemente con la difícil salida de Trump de la presidencia.

Mientras en este país se siga alimentado la vanidad y la distracción de los problemas, para hacer más llevaderas y menos molestas las situaciones que pueden desencadenar cambios, continuarán los demagogos en el poder.

A Face in the Crowd se presentó la pasada semana en TCM, con Bruce Springsteen como programador invitado, que escogió la cinta no solo por lo que el considera valores cinematográficos y en particular de actuación, sino por la vigencia del tema. Trata sobre un demagogo, sentenció el compositor y cantante, y no necesitó entrar en más detalles.


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