Actualizado: 10/12/2018 18:40
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Elecciones 2018: cinco mitos y un destino

El mito antinorteamericano de que existe en la práctica un solo partido político ha quedado en entredicho después de estas elecciones

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A partir de noviembre 6 de 2018 hay que corregir algunas certezas que han partido de mitos y medias verdades. Una vez más, las sorpresas eleccionarias pueden servir para que las narrativas de algunos ideólogos partidistas se llamen a capitulo y reescriban sus guiones. Solo de esa manera se harán creíbles por un electorado cada vez más independiente de la media, basado en sus instintos y vivencias personales y no en la propaganda y en el poder del dinero.

Al menos cinco mitos sobre política y social media, demográfica y elecciones, y matemática política —encuestas— han salido seriamente cuestionados.

Mito Uno:La democracia representativa norteamericana está en crisis. Por paradójico que parezca, la escisión casi a mitad de las fuerzas políticas norteamericanas en vez de impedir o limitar el voto ciudadano lo ha incentivado como pocas veces en la historia. El votante está seguro de que decide, para apoyar o condenar un candidato. La explicación está en la fortaleza de sus instituciones y en el balance de poderes: ningún individuo está por encima de la urna. Los problemas entre ciudadanos se resuelven con votos, no con balas.

Mito Dos:Se puede ir sin la prensa o con ella, nunca contra ella. Desde los tiempos de Citizen Kane, a la todopoderosa prensa norteamericana se le adjudica, no sin razón, la capacidad de poner y quitar políticos. Las elecciones de medio término, donde los candidatos republicanos avalados por Donald Trump han sufrido todo tipo de ataques, han salido victoriosos en más de un 80 %. Incluso el propio presidente, sometido a un bombardeo negativo por casi toda la media durante dos años, puede considerarse uno de los triunfadores de la contienda. La causa puede ser muy sencilla: nadie tan malo puede hacer que todo funcione tan bien. La mayor parte del pueblo norteamericano elige con el bolsillo y con el tanque de gasolina del auto.

Mito Tres:Las encuestas pronostican los resultados en política. Por segunda vez casi todas las encuestas que auguraban una “ola azul” han errado en sus pronósticos. El factor humano es difícil de tabular cuando hay tantos ingredientes ambientales en juego. Un simpático analista político hablaba de trumpistas en el closet: individuos que ante una pregunta por teléfono responden que no quieren a Trump, y en la soledad de la urna ponen le dan un sí. Es el temor a parecer políticamente incorrecto. A salirse del redil. La matemática política debe empezar a ponderar el ambiente como una variable de importancia, aunque la naturaleza humana sea poco codificable.

Mito Cuatro:La política del sur de la Florida es controlada por cubanos. La demografía de Miami-Dade y Broward ha cambiado lo suficiente como para echar abajo ese mito. No basta llevar los muy cubanos apellidos Curbelo, Zalazar y Cancio, todos vástagos norteamericanos en primera generación. En la medida que la comunidad emigrante cubana se ido haciendo con el poder económico en la Florida, la carrera política de sus hijos y nietos va cediendo terreno al poder real, el del dinero. El anticastrismo sin castros vivos o en el poder carece del peso que tenía hace solo un lustro. Las campañas políticas deberán mirar más hacia la Torre de la Libertad, y no al Castillo del Morro. Cuba ya no es un tema de política doméstica norteamericana. El ejecutivo Trump así lo ha decidido: la mejor opción para un cambio en la Isla es no hacer nada. Algo así como que se maten ellos solos, como Chacumbele.

Mito Cinco:Un republicano es lo más parecido a un demócrata. El mito antinorteamericano de que existe en la práctica un solo partido político ha quedado en entredicho después de estas elecciones. Cada día los proyectos políticos de republicanos y de demócratas se distancian hacia las antípodas, algo que, como hemos visto, no es del todo malo si energiza y estimula las votaciones. ¿Es creíble que Donald Trump se parece a Hilary Clinton? ¿Andrew Gilium tiene algún parecido con Ron Disantis? ¿Y María Elvira Salazar y Donna Shalala, tienen algo en común excepto que viven en Miami?

El Destino: El Presidente desea para Estados Unidos un país “grande de nuevo”. Pero eso solo podrá suceder si a partir de aquí comienza un viaje de ambos partidos hacia el centro político. El presidente debería no echar escaramuzas en las que nada gana —solo unos minutos en el éter— y mucho le hace perder —no os dejéis provocar, míster Trump, diría el general Resoplez.

Los medios también deberían reformular su estrategia anti-trump. Deben admitir que es el presidente de todos los norteamericanos, y si quieren un impeachment, deben esperar a las elecciones de 2020. Dice la sabiduría de la religión afrocubana que cuando deseas la muerte o un mal al otro, eso se revierte en tu contra, y lo peor: más vida para el oponente. Creyentes o no en la Regla de Ifá, Donald Trump cada día parece estar más duro.

En el discurso del día después, el presidente habló de un proyecto que modernizaría la infraestructura nacional, algo que al parecer los demócratas desean apoyar. Si la bancada demócrata quiere avanzar hacia la Casa Blanca como destino en 2020, deberán trabajar también en un proyecto de reforma migratoria.

Una vez más, la sabiduría del pueblo norteamericano ha balanceado el poder: cámara de representantes demócrata y senado y ejecutivo republicanos. Es ahora, y no hace dos años, cuando podremos saber si se equivocaron aquellos que votaron por un inexperto en política, y escogieron para ser gobernados a un hábil negociador.


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