Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Berlín, Alemania

Elecciones parlamentarias en Berlín

Las elecciones de Berlín han mostrado a escala menor las tendencias actuales que definen no solo la política alemana, sino también la europea

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Si hubiera que resumir el significado de los resultados electorales en las elecciones parlamentarias de Berlín, habría que nombrar cinco puntos:

1- Probable, casi seguro fin de la coalición SPD (Socialdemocracia)-Linke (la Izquierda); 2- Probable, casi seguro nuevo comienzo de la coalición SPD-Grüne (Verdes); 3- Un respetable resultado para los conservadores social-cristianos (CDU); 4- Catastrófica debacle de los liberales (FDP); 5- Excelente y muy positivo resultado del nuevo partido llamado “Piratas”.

Vamos punto por punto. El fin de la alianza “roja-roja” (otros dicen “rosada-roja”) entre la socialdemocracia y la izquierda tiene lugar del mismo modo como nació. Como una unión matrimonial por conveniencia pero sin amor. Por lo menos, sin amor correspondido. Para algunos miembros de la “Linke” la unión con la SPD equivale, sin duda, con la utopía del regreso del socialismo alemán a la fase pre-bolchevique. Pero los tiempos han cambiado demasiado para que esa utopía sea realizable. La socialdemocracia ya no es un partido de “los trabajadores” y la izquierda es un partido que quiere hacerse cargo, y hasta ahora no puede —su anquilosada ideología y su nunca logrado distanciamiento con el pasado dictatorial de la RDA, lo impide—, de las protestas sociales “post-modernas”.

La socialdemocracia, en cambio, se unió con la “Linke” por una cuestión de números y nada más, es decir, con el único objetivo de conformar una mayoría gobernable. La “Linke”, en cierto modo, pasó bien la prueba de la gobernabilidad, pero demostrando lo distinto que es agitar consignas subversivas desde la oposición a asumir responsabilidades de gobierno. En efecto, la “Linke” apoyó sin reservas un programa de ahorro y de restricciones sociales que envidiarían los más radicales neoliberales. De modo que ahora todos lo saben: como muchas otras izquierdas europeas, la “Linke” está condenada a ser socialista en la oposición y neoliberal en el gobierno. Y esa dualidad no gusta demasiado a los clásicos electores de izquierda.

La socialdemocracia aparece como virtual vencedora, pero si analizamos el resultado desde una perspectiva macroelectoral comprobamos que solo continúa su largo y anunciado descenso histórico. En todo caso, ya es seguro que nunca más la SPD estará en condiciones de ser por sí sola la alternativa nacional a la CDU. La SPD —Berlín lo ha demostrado de nuevo— es y será un partido de coalición. Uno más entre varios. Esto quiere decir: el bipartidismo político que caracterizó a la política alemana de postguerra ha llegado a su fin.

Los “Verdes” obtuvieron, en comparación con elecciones pasadas, un excelente resultado, mas no el que esperaban: constituirse en la segunda fuerza política de Berlín. Quizás lo serán en un futuro próximo, pero lo serán más que por su política, por el descenso de la SPD. De modo que por ahora sólo están en condiciones de restaurar la antigua alianza con los socialdemócratas, ofreciendo lo más que pueden ofrecer: algo de “Estado social”, algo de limpieza ecológica.

En todo caso, el ya emprendido retiro alemán de la “era atómica” parece ser irreversible. Y el aporte que en esa política tuvieron los “Verdes” nadie lo desconoce. De ahí que probablemente los “Verdes” continuarán su lento ascenso electoral hasta llegar a ese punto límite que ya comienza a anunciarse. En efecto, los “Verdes” sólo pueden crecer de aquí en adelante, asumiendo políticas cada vez más conservadoras, pero eso significa —y Berlín lo demostró— delegar a nuevas fuerzas políticas el lugar de la protesta social. Ese lugar lo ocuparon en Berlín los simpáticos “Piratas”.

Los conservadores (CDU), al igual que en otros países europeos, no tienen mucho que temer del futuro. Berlín ha demostrado que sigue manteniendo un capital electoral sólido, aun siendo gobierno, capital que en la oposición puede ser notablemente incrementado. No es así el caso de los liberales.

Pocas veces un partido político ha experimentado una catástrofe tan grande como la FDP en Berlín. Y, sin duda, la merecen. Los liberales alemanes hace tiempo que abandonaron las banderas del liberalismo político para constituirse en “el partido de los banqueros”. En tiempos de ascenso económico eso puede dar ciertos resultados, pero en tiempos de crisis, que son los que vivimos, los partidos “económicos” están condenados al fracaso.

De modo radicalmente oportunista, los liberales levantaron una populista posición destinada a expulsar a Grecia, después a Portugal, y después a otros más, de la Unión Europea. Esa ausencia de solidaridad con Europa fue percibida por los electores como una maniobra puramente electorera destinada a buscar culpables (o enemigos) en los países más débiles de la comunidad: una suerte de darwinismo a escala internacional, confeccionado a última hora para ganar votos de resentidos sociales. Los electores de Berlín mostraron, en este caso, madurez política, y enviaron a los liberales a vivir en los subterráneos. Y ojalá —por el bien de Alemania— nunca más salgan de ahí.

La gran sorpresa fue sin duda la de “Los Piratas”. ¿Quiénes son “Los Piratas”?

“Los Piratas” son, en su gran mayoría jóvenes. Esos jóvenes son —en parte— la versión alemana de los “indignados” españoles. Pero a diferencia de estos últimos, “Los Piratas” descubrieron que la acción política debe tener lugar no fuera, sino dentro de la política. Eso significa que en lugar de gastarse en las calles en protestas espectaculares, pero casi siempre inefectivas, están utilizando sus energías en un sentido políticamente productivo y levantan con eficiencia sus legítimas protestas en el espacio electoral. El sentido de esa protesta es, reiteramos, similar a la de los jóvenes españoles: más transparencia, más democracia, más libertad, menos vigilancia electrónica o digital y, sobre todo, una mayor cercanía de la clase política con los problemas reales de la ciudadanía. En fin, se trata de un movimiento ciudadano y político a la vez. Bienvenidos sean. Alemania los necesita.

En cierto modo Berlín ha mostrado a escala menor las tendencias que signan los cursos actuales, no sólo las de la política alemana, también de la europea. Y, sobre todo, a diferencia de elecciones pasadas, la democracia no está, por el momento, amenazada por nadie. Eso también es nuevo en Alemania.


Tomado de POLIS, el blog de Fernando Mires.


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