Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Peña Nieto, La denuncia de hoy, México, PRI

Enrique Peña Nieto, presidente de México

Peña Nieto fue a Punto Cero para continuar con el histórico proceder de su partido, el PRI

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Cuando Enrique Peña Nieto nació ya Fidel Castro llevaba 7 años en el poder; cuando el entonces niño y hoy presidente de México jugaba, libérrimo, por los jardines de su natal Atlacomulco, ya Castro había sumido a su país en una dictadura férrea y al pueblo de Cuba le sobraban sinsabores y pánico acumulado. Entonces, ¿estaría en las fantasías del aquel muchachito mexiquense de cabello lánguido, de mirada modosita y en general ya con pose “jolivudense”, que algún día estrecharía, prosternado, la mano de un tirano viejo, implacable?

Si así fuera, hoy, ya mayorcito, aquel niño ha cumplido su sueño: en su reciente visita a Cuba del 27 al 28 del pasado enero para participar en la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), visitó el búnker de Fidel Castro y allí, arrebolado (se puede apreciar en la foto), estrechó la mano del dictador.

Dicen que estas raras actuaciones se deben a la “real política”. Pero yo creo que, sobre todo, Peña Nieto fue a Punto Cero para continuar con el histórico proceder de su partido, el PRI (Partido Revolucionario Institucional), uno de los más fervientes aliados de la dictadura castrista desde que, durante su estancia en México, entre 1954 y 1956, para preparar la guerrilla que posteriormente desembarcaría en Cuba con el propósito de derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista, Fidel Castro trabara amistad con “el capitán caballero”, Fernando Gutiérrez Barrios, como Castro calificaría al entonces jefe de la Dirección Federal de Seguridad de México. Una amistad que, según el propio Castro, duró “hasta su muerte”. Gutiérrez Barrios murió en el año 2000. Antes, fue secretario de Gobernación durante el gobierno del priista Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Salinas de Gortari, por muchos considerado el más ratero de los presidentes mexicanos (y para ser el más ratero de ellos hay, que en verdad, serlo) es hoy uno de los más fieles amigos del dictador cubano.

Cuestión de amistad. De este modo, ya en el poder, Fidel Castro, quien siempre, por encima de todas las cosas, ha sido leal con sus amigos —sean de la laya que fueren—, en este caso el PRI, mantuvo hasta el año 2000 a los medios de comunicación cubanos (todos en la nómina del gobierno) bajo la orden de que nada negativo se publicara sobre el país azteca. Por ejemplo, yo me enteré de lo horrible de la Matanza de Tlatelolco en 1983, quince años después de que sucediera, cuando un buen amigo mexicano me hiciera llegar a Cuba el material periodístico correspondiente. Por otra parte, el mandatario cubano no incluyó a guerrilleros o posibles guerrilleros mexicanos en los entrenamientos de los cuales Cuba era sede en las décadas de 1960 y 1970. Se suma asimismo que los sobrevivientes de Tlatelolco y de otras acciones de la izquierda en México, perseguidos, debieron asilarse en países socialistas de Europa del Este; en Cuba fueron rechazados. A finales de la década de 1980, cuando Castro al fin reconoció que la Isla había sido un campo de entrenamiento para los insurgentes latinoamericanos, dejó claro que excepto “los mexicanos”.

Y ahí tienen qué clase de tipo es ese biranés...: cuando el PRI, en el año 2000, perdió el poder a manos del PAN (Partido Acción Nacional), en la prensa cubana (recuerden que toda pertenece a la nómina del gobierno) comenzaron a sonar noticias “raras” de México; no era un país tan tranquilo y bonito como uno, desde la Isla, había supuesto hasta entonces. Y ahí tienen más: hoy, a un año del PRI de nuevo en el poder, convoco a que lean la página Internacionales del Granma (Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba) y otros diarios de la Isla: esto, por acá, de nuevo está tranquilo. No existen las tragedias en Michoacán, Guerrero, las manifestaciones de los maestros, los asaltos y muertes cotidianas, etcétera.

Nada, que así es la amistad eterna entre el PRI y Castro. De modo que no es de extrañar que Enrique Peña Nieto, elegido por votación popular y quien dice ser un paladín de la democracia, haya visitado, en su casa particular, al creador de la dictadura más larga de América Latina. Vaya, que hubiese asistido a la reunión de la CELAC, pasa..., la “real política”, se comenta por ahí, pero ¿qué fuera a darle la mano a Fidel Castro?...

Nadie se asombre. Así es esto. Los favores recíprocos entre estas personas están más allá de cualquier escrúpulo. Si no, consideremos que Peña Nieto ha declarado a raíz de su encuentro ahora con Castro que este es “el líder político y moral” de Cuba; nada más y nada menos, ¿qué les parece? Y aun más, pletórico, sumamente emocionado al parecer, despepitado, anuncia el presidente mexicano en su cuenta de Twitter: “Tuve oportunidad de saludar a Fidel Castro. Fue un encuentro fraterno, reflejo de los históricos lazos de amistad entre cubanos y mexicanos”.

Ya ven. Así van las cosas.


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