Actualizado: 30/09/2022 17:38
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Caudillos, América Latina

Fin del voto “ideológico”

Las poblaciones de América Latina ya están conscientes de que glorificar la pobreza tiene su lado contraproducente: los caudillos y mesías

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Los últimos en pedir que los prefieran a la vez que solicitan de su pueblo esfuerzos, sacrificios, “conciencia antiimperialista” y esas cosas son los hoy autodemoninados “bolivarianos” (término lamentablemente contaminado por los autócratas que hoy gobiernan Venezuela). Hoy en día en América Latina, y en el mundo todo, los pueblos quieren resultados, o al menos promesas sólidas que así lo indiquen.

Con el ejemplo del castrismo basta: más de medio siglo de enormes sacrificios, sufrimientos incontables, cientos de miles de vidas perdidas (en la muerte y muertas en vida) para al final regresar, lenta y disimuladamente, a las esencias del capitalismo; luego de que Fidel Castro, comunismo mediante, prometiera hace medio siglo que el futuro bienestar del pueblo cubano sería semejante al de Suecia o de Estados Unidos. Ya con esto basta y sobra.

Se acabó el discurso de barricada, la cagazón ambiente, el griterío y la improvisación para sustituir a la “burguesía”. Y para combatir al “imperialismo”; el “imperialismo”, el “imperio” está ahí, existe, y si bien no de la mano de él, sí junto a él o no obstante él hay que ir adelante; lo contrario sería mear contra el ventilador.

Los últimos, decía, en anunciar que “nuestra revolución importará 50 millones de rollos de papel sanitario para nuestro pueblo” han sido los chavistas bolivarianos. Los últimos, también, en sobreponer la “entrega a la causa”, “la redención del hombre”, el “martirologio”, la “ética revolucionaria”, los “valores espirituales de la revolución” sobre las consecuciones “materiales”. Ya los pueblos comprendieron que sin la bondad de lo material no existe la asunción de lo espiritual. Es decir, que un bisté produce una paz espiritual sin par o que el papel sanitario perfumado no solo genera cierto sosiego en la zona del cuerpo para el que está destinado, sino que además armoniza el corazón. O sea, las poblaciones de América Latina van despertando: ya están conscientes de que glorificar la pobreza, estar orgullosos de ser indios, negros, o cholos tiene su lado contraproducente: los caudillos y mesías, como se sabe, orates por el poder —lo único que les importa—, los utilizan, apoyados en este sentimentalismo, para lanzarlos otra vez a tomar la Bastilla, inútilmente. El último caudillo o aspirante a serlo en Latinoamérica fue Hugo Chávez, quien antepuso el amor que sentía por Fidel Castro al amor que pudo sentir por su pueblo. El “socialismo del siglo XXI” lo verán quienes vivan al final de este siglo, lógicamente. Será, lógicamente, un socialismo superior al que hoy existe en Finlandia, Canadá o Noruega. No tendrá nada que ver, lógicamente, con la hoz, el martillo o el yate Granma.

Quedan, quedan por aquí y por allá rezagos de montoneros de la Izquierda crapulosa latinoamericana, como es el caso de México, donde el eterno candidato a la presidencia por la vía zurda, Andrés Manuel López Obrador, planea seguir la lucha por el sofá presidencial apoyado en la organización que ha fundado recientemente: Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), acrónimo ya de por sí excluyente, falto de marketing político. Fracasará el candidato eterno: entre otros factores, su sentir y apariencia bolchevique obrarán en su contra. Se acabó el voto “ideológico”: en las pasadas elecciones presidenciales en México, la mayoría de los que fueron a las urnas se decidieron por traer de vuelta al poder a uno de los partidos políticos más corruptos de la historia de Latinoamérica, según se dice, el PRI (Partido Revolucionario Institucional), que tantos desmanes cometiera contra el pueblo azteca durante 71 años. Solo ocurrió que el candidato de este partido —hablando bajito, sin masticar odio— prometió el acrecimiento de la bondad material; o sea, de la mejoría espiritual.

Claro, a eso que llaman la Derecha, y a la Izquierda decente —en la cual me sitúo—, tal vez les convendría un poco más de izquierdismo sarnoso para seguir fortaleciéndose: por ejemplo, hoy el pueblo de Cuba quizás resulte el más pro “imperialista”, el más pro yanqui del planeta, el más pro derecha de estas latitudes; lo mismo que ocurrirá con el pueblo venezolano de seguir así la situación en aquel país; que ojalá no sea de esta manera.

Se acaba el voto “ideológico”, la opción por la cochambre, el “camarada”, el “valioso compañero de lucha”, los altoparlantes desgañitados emitiendo consignas en las plazas, “las banderas del proletariado desplegadas” y toda esa mierda.

Luego de tanto izquierdismo desfasado exaltando la piojera, destruyendo los valores morales, las buenas costumbres, la decencia más elemental, enviando a los inocentes a morir estérilmente..., los pueblos de este subcontinente despiertan y seguirán despertando: la doctrina marxista-leninista fue una mueca en la historia. Hoy se trata de, como dicen los abogados, ceder sin conceder.

Al carajo el voto “ideológico”.


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