Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Paraguay

Grandes como montañas

¿Cuáles son los desafíos, temores, pronósticos e interrogantes sobre el recién electo presidente Fernando Lugo?

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Al frente de una coalición de muy diversos colores que se formó hace ocho meses, el ex obispo Fernando Lugo ganó las elecciones presidenciales en Paraguay. Todavía no se apaga el clamor de las miles de personas que fueron al centro de Asunción para celebrar un triunfo por muchos ángulos inusitado.

De 56 años y con simpatías hacia la Teología de la Liberación, Lugo ascendió en la clerecía trabajando en favor de los pobres en la región de San Pedro, su tierra natal, precisamente la más pobre del país. En 2004, cuando ya es el referente de la iglesia progresista en Paraguay, pasó a ser Obispo Emérito. Dos años después cuelga los hábitos.

Pero más allá de las simpatías que genera, ¿cuáles son los desafíos, los temores, los pronósticos, las interrogantes sobre el recién electo presidente de Paraguay?

La sombra de Chávez

La inmediata llamada telefónica del presidente Hugo Chávez después de la victoria y la coincidencia de que ambos se reunirán "lo antes posible", ha llevado a algunos a sospechar que Lugo se inclinará más hacia el populismo que hacia la vía que auspicia el vecino Brasil, país con el que Paraguay posee amplios lazos comerciales, además de la hidroeléctrica binacional de Itaipú, la más grande del mundo.

Esta última, por cierto, casi sin duda provocará fricciones con el gigante sudamericano, pues según el Diario Zero, de Porto Alegre, capital del Estado de Río Grande do Sul, Lugo quiere cambiar los términos —y sobre todo los precios— del Tratado de Itaipú, lo que rechaza de plano el ejecutivo que encabeza Inácio Lula da Silva.

Con respecto a una supuesta derivación hacia Chávez, Alfredo Boccia, columnista del diario Última Hora, de Asunción, declaró que no es factible que Paraguay se integre al bloque chavista, ya que Lugo "tiene un pie en lo más rancio del conservadurismo paraguayo, como el Partido Liberal Radical Auténtico (líder de la coalición vencedora Alianza Patriótica para el Cambio), y otro en un archipiélago de partidos de izquierda poco consistentes y de escasa historia".

En sus declaraciones a la prensa, añadió Boccia que esa situación lo obligará a ser extraordinariamente moderado y cauteloso. "Deberá encontrar su propia vía", subrayó.

Desde luego que el ex obispo, quien no cuenta con mayoría en el Congreso, está consciente de su situación. En una de sus primeras intervenciones después del triunfo, garantizó que no habrá "cacería de brujas contra el Partido Colorado", que se mantuvo la friolera de 61 años en el poder y al cual se culpa de la extendida pobreza del país, la segunda más alta en la zona.

Una idea breve del panorama paraguayo en este sentido se revela en los más de 2,2 millones que viven por debajo de los niveles de pobreza, de una población total de aproximadamente 5,8 millones. El desempleo casi llega al 16 por ciento.

Coalición y gobernabilidad

Por otra parte, el futuro mandatario dijo que su "primera tarea será fortalecer a su coalición", probablemente la única fórmula para preservar una gobernabilidad frágil en un período que muchos consideran de transición.

Confiado Lugo en que "hay grandes posibilidades" de "conformación de bloques nuevos dentro del Parlamento", de ningún modo desconoce que la alianza está integrada también por descolgados del Partido Colorado y que el Partido Liberal le impuso como vicepresidente a Federico Franco, uno de sus líderes.

Si Lugo tiene enfrente verdaderas paredes que atravesar, una de ellas se erige sobre el viejo, fuerte y corrompido aparato creado por los colorados. Entre ellos se suele citar a la Corte Suprema. Sin embargo, son las mil funciones del Estado las infectadas por el régimen anterior. He aquí el desafío principal que encara el flamante presidente electo.

Aunque todavía le falta perfilar el proyecto en detalle de lo que será su gobierno, este se fundará en tres "ejes", como ha dicho Lugo: "la reconciliación nacional, justicia libre y soberana y crecimiento con equidad social".

Pero en el horizonte se vislumbra la intervención de fuerzas populares que le exigirán llevar a prisión a los corruptos, lo cual podría involucrar a su propia coalición. El sistema de justicia demandará también limpieza y al crecimiento con equidad se opondrá una oligarquía con tentáculos en el nuevo Congreso y con poderosas raíces en la tierra paraguaya.

Habrá que hilar sumamente fino para alcanzar la reconciliación, si el propio Lugo sabe que "en Paraguay hay un hartazgo de corrupción, impunidad, inseguridad, pobreza extrema, desempleo, emigración constante de compatriotas hacia el exterior, y otros tantos males heredados de sesenta años de gobierno de una camarilla colorada corrupta y venal".

¿Será posible, además, conciliar una "reforma agraria integral", como exige Lugo, sin enemistarse con la oligarquía agraria? ¿Podrá maniobrar y lograr sus fines a pesar de los liberales, "su pata conservadora", como dice un analista y de la gran porción adversa del Congreso?

Las interrogantes sobre lo que sucederá en la tierra guaraní son grandes como montañas. Pero se ha dicho que la fe puede moverlas. No son pocos los esperanzados en que el político Fernando Lugo se maneje con el mismo éxito que el hombre de fe.


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