Actualizado: 15/10/2021 16:37
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Ingenuity: la democracia vuela en Marte mientras la entierran en La Habana

Así andan las cosas en Cuba, cuando se ha proclamado una nueva victoria del socialismo, campeando sobre las ruinas del país

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Este 19 de abril la humanidad se levantó sobre la peor peste conocida desde que los griegos engendraron la democracia: un pequeño helicóptero alzó vuelo sobre la superficie de Marte, nuevo escenario para la hazaña que 117 años atrás protagonizaron los hermanos Wright.

En La Habana, un vejete a punto de ser nonagenario, sellaba con la brevedad de sus acostumbrados desatinos verbales, cualquier camino previsible hacia el progreso del país que pronto ha de verlo morir.

Los 40 segundos del dron con una montaña marciana de fondo no fueron previamente escogidos, resultaron el momento sublime de un proyecto que admitió sus errores, venciendo dificultades extraordinarias, sin embargo, la farsa de Cuba sucedió en fecha, hora y actuación, cuidadosamente planificada por un sistema que no admite la humanidad de compartir el error.

Un siglo atrás fueron escasos 12 segundos en el aire, suficientes para lanzar al hombre hasta otra brevedad histórica, esta vez agitando la tenue atmósfera de otro planeta. La contraparte cubana significa 62 años, millones de segundos, una eternidad puede decirse, negando el espíritu libre que guía a los seres humanos hacia la conquista del universo.

Enaltece a la NASA, a su bien nombrado proyecto perseverancia, el transparente decir informativo en torno a los percances que acompañaron la proeza del cráter Jezero. Habían retado la mínima gravedad marciana volando a 20 mil kilómetros por hora, sacudiendo una atmósfera cuya presión apenas alcanza el 1 % de la terrestre, en tanto Ingenuity soportaba temperaturas superiores a los 100 grados Celsius bajo cero.

Sobraban justificaciones para ocultar los fallos iniciales, cuando el pequeño aparato no logró pasar de una primera aceleración a la fase decisiva de vuelo, sin embargo, los millones de espectadores sufrimos y disfrutamos personalmente, cual si fuéramos gerentes supremos de la agencia aeroespacial, las pacientes explicaciones de los ingenieros a cargo de la misión, sin perder la fe en alcanzar el objetivo previsto.

Cada comando digital, cada click estadounidense, requería 16 minutos para alcanzar los chips receptores en el planeta rojo. Llegó por lógica secuencia el 19 de abril, día de una sonada victoria, igual de transparente al video de alta resolución que acompaña, ya como algo natural y esperado, cada nuevo suceso de la ciencia generada por una comunidad científica multi étnica, arraigada en la democracia insigne de la Tierra.

En La Habana los ancianos del comunismo tuvieron que rumiar el hecho, en tanto el periodismo desorientado cuando de nuestro país se trata, proclamaba el dudoso final del apellido Castro, asociado al poder en el mayor archipiélago caribeño.

Ninguna otra cosa que no fueran mentiras, diatribas y teatro, acompañaron este 19 de abril lo dicho en el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba que entonces finalizaba, sin glorias, casi en silencio, cargado de penas.

Lady Diana Trujillo, una soñadora de 41 años, nacida en Cali, Colombia, se ha encargado, sin pretensiones políticas, de enterrar para siempre a Raúl Castro y su pandilla. A los 17 años arribó a La Florida con 300 dólares de fortuna, ingresó al Miami Dade College, aprendiendo inglés mientras sobrevivía de cuidadora de casas. Ahora es una gerente de proyectos en la NASA, involucrada en la nueva misión marciana.

Diana ha debido contestar decenas de preguntas, requeridas por el éxito que justamente le acompaña. Dedicó una sentida declaración de agradecimiento a un departamento de trabajo de la célebre agencia, al parecer ajeno a los aplausos. Se trata del equipo encargado de la salud, ocupado en extremo durante estos difíciles tiempos.

La colombiana espera que la marcha del Perseverance, junto a los próximos vuelos del Ingenuity, alimenten la confianza de la humanidad en torno a un futuro lejos de la pandemia causada por la covid-19.

Lamentablemente en Cuba, bajo las reglas de una dictadura totalitaria comunista, la verdad está secuestrada. Ni siquiera el estupor de la muerte aconseja a los encargados de difundir la triste realidad del coronavirus, que finalmente se ha hecho dueño del país.

Lejos de confiar en los hospitales, la gente teme ingresar en ellos, porque una dolencia cualquiera puede terminar con frecuencia inusitada en la muerte por covid-19, con la ofensa agregada de que el sistema de salud suele ocultar una parte importante de las estadísticas nefastas, supuestamente preservando el prestigio de potencia médica, asociado a las cacareadas bondades sociales del castrismo.

El Estado repite sin cesar la generación propia de cinco vacunas, sin que aparezca al menos una, practicando la negligencia criminal al negarle protección a su personal de salud, que debiera y puede estar inmunizado, apelando al apoyo de sus reconocidos aliados internacionales, algunos de ellos, digamos Rusia y China, poseedores de una prevención efectiva contra el mal.

Así andan las cosas en Cuba cuando se ha proclamado una nueva victoria del socialismo, campeando sobre las ruinas del país.

A 278 millones de kilómetros de nosotros, el Ingenuity volará una y otra vez sobre la superficie de Marte.


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