Actualizado: 01/07/2020 19:56
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Ecuador

Insultos de primera plana

El presidente Rafael Correa sigue la huella de Hugo Chávez y arremete contra la prensa por estar en manos de 'gente deleznable'.

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Sobre los regímenes populistas hay, al menos, una cosa clara: no les gusta la prensa, y esto de manera definitiva. Cuba, que puso los cimientos para este populismo de nuevo cuño, clausuró las puertas de la prensa independiente hace tantas décadas que los isleños más viejos apenas guardan un vago recuerdo de aquellas libertades.

Pero tal rechazo provoca constantes roces entre el populismo y la prensa, que se resiste a ser sepultada. Con mucha protesta en contra, Hugo Chávez acaba sin embargo de enterrar el canal RCTV, con décadas de labor.

En ámbito geográfico no lejano, el mandatario ecuatoriano Rafael Correa lanza ironías, amenazas y descalificaciones de muy variada índole contra los medios, que se defienden, por cierto, con atlética desenvoltura.

El más reciente escándalo lo propició precisamente la transmisión por vídeo de un muy sospechoso negocio de bonos protagonizado por el ministro ecuatoriano de Economía, Ricardo Patiño. Que Correa defendiera a su funcionario no acalló a los medios que apreciaron trazas de corrupción.

Uno de los casos

La afirmación de que el ex catedrático tiene problemas con su carácter parece, de un extremo a otro, cierta. Entretanto, observadores coinciden en que no es novedosa la expulsión reciente de un periodista de una conferencia de prensa.

Apenas electo presidente y de visita en la región de Portoviejo —el 10 de enero pasado—, Correa ordenó expulsar a un periodista que, según él, obstaculizaba la rueda de prensa.

El informador (Lester Ibarra, de Radio Sucre) protestó porque Correa no sólo había llegado con varias horas de retraso a la conferencia, sino porque decidió esperar aún más para salir en vivo por el canal Teleamazonas. Ibarra exigió respeto para los periodistas de la región y el mandatario lo echó, policía mediante.

Aunque Ibarra calificó de prepotente la acción de Correa, en declaraciones posteriores admitió que pronto el mandatario recapacitó y ordenó que lo reingresaran y, además, le ofreció disculpas. Pero esto último, que honra al ser humano y enaltece a la autoridad, es cosa del pasado. Otros testimonios inclinan a pensar que el proceso ecuatoriano se vulgariza, que ha perdido no ya la mesura, sino el sentido de la dignidad de la política.

Al respecto, un periódico ecuatoriano en internet, Ciudadanía Informada, resumió recientemente otro escándalo divulgado por varios medios. En un encuentro en una conocida emisora, el jefe del ejecutivo llevó a 18 estudiantes de un colegio. Los muchachos desfilaron frente a los micrófonos y lanzaron, todos, espesas críticas contra la prensa.

Prácticamente el único público eran periodistas. Unos soportaron estoicamente la andanada, para dar cuenta al detalle, y otros se marcharon. La tapa al pomo la puso una palabra soez del mandatario (verga), quien incitó a los adolescentes para que la corearan. La prensa llamó al acto "pornografía verbal".

Enemistad y derecho

Si como reflejó entre otros el diario mexicano Cambio, Correa se "mostró enfurecido con un reportero (ahora de El Universo) que lo contradijo", en marzo y mayo pasados enfrentó a la AEDEP, Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos, a causa de dos comunicados que no fueron del agrado del gobernante.

Contra el diario La Hora, Correa abrió un proceso judicial por desacato, decisión que provocó una protesta por parte de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la cual expresó que esta figura está en franco retroceso, según las normas de derecho internacional, y vetada en numerosos países latinoamericanos. De "medida torpe", la calificó Gonzalo Marroquín, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP.

Esta vez el blanco de los dardos presidenciales fue Francisco Vivanco Riofrío, director del matutino La Hora. Por cierto, este caso demuestra que no siempre son baladíes las razones que exasperan a Correa. En honor a la verdad, en política no hay santos y, si alguno queda, está escondido.

Riofrío, en fin, escribió que el mandatario gobernaba a fuerza de "tumultos, piedras y palos", y añadía que ello es "vergonzoso" para un gobernante que dice ser "civilizado".

Más allá de las impresiones

El constante contrapunto entre el poder y la prensa parecería —por lo dicho hasta ahora— generado por el singular carácter de Correa, otro exotismo latinoamericano. No debe confundirse, sin embargo, la cáscara con la pulpa.

Si se memoriza un poco, no eran chocantes ni mucho menos las relaciones de Correa con la prensa antes de las elecciones. Buena parte de los medios le dieron su favor y lo ayudaron a ganar la presidencia.

La situación, sin embargo, pronto cambió, pues Correa comenzó a desarticular las vértebras democráticas del país, y la prensa es una de ellas. El verdadero sentido de la mutua hostilidad habría que buscarlo entonces en el propio proceso populista ecuatoriano.

Incluso en medio del escándalo por la clausura de la venezolana RCTV, el jefe del Palacio de Carondelet cuestionó los mecanismos mediante los cuales se otorgaron en el pasado las concesiones a frecuencias de radio y televisión por parte del Estado ecuatoriano.

Pero la verdadera causa del cuestionamiento reside en que la comunicación social está en manos de "gente deleznable", según el gobernante. En buen castizo, contrarios políticos. Y es esta gente a la que Correa detesta.

Aunque no se puede hablar de vínculos ásperos, ya durante la campaña el ex académico colocó, junto a la garantía de la libertad de prensa, la promesa de un grupo de normas para regular los medios. Con esto —decía entonces— evitaría desinformación y agresiones contra el honor de ciudadanos e instituciones.

La intención de reestatizar el diario El Telégrafo, fundado en 1884, volvió a salir a la luz en mayo pasado. Preguntado al respecto en una conferencia, Correa abogó por la nacionalización y afirmó categóricamente que su gobierno "defenderá el bien público, la justicia y la verdad".

La secretaria de Comunicación del gobierno ecuatoriano, por su parte, acaba de anunciar la pronta aparición de una televisión estatal. No precisó el monto financiero de la operación, pero ya pueden observarse las prioridades del izquierdismo radical en uno de los países más pobres de la región.

Correa efectivamente es, en buena medida, un trasunto de Chávez, pero sin billetera. A esta altura, creerles depende más de la honradez que de la inteligencia.