Actualizado: 23/10/2018 10:57
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Jair Bolsonaro y Fidel Castro: ¿alguna coincidencia?

A propósito del candidato a la presidencia en Brasil, Jair Bolsonaro, y sus similitudes con Fidel Castro

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En la segunda vuelta de la rodada electoral, se definirá el futuro de Brasil, por los próximos cuatro años. En medio de una campaña cargada de contenidos nada favorables para la democracia, se despunta un candidato tan polémico (para llamarlo amablemente) como el señor Jair Bolsonaro.

El significativo apoyo a este candidato, que salió vencedor en la primera vuelta (día 07 de octubre), se ha visto favorecido por un contexto brasileño, inmerso en una crisis política, económica y social (real y también construida), que ha sido muy bien captada y aprovechada por el mencionado aspirante a la presidencia. Para nadie es un secreto, que ciertos periodos de crisis hacen emerger sentimientos y discursos discriminatorios, proteccionistas, de inseguridad, entre muchos otros. Precisamente, quien sepa aprovecharse mejor de estas realidades, podría tener cierta aceptación, dependiendo de la manera en que articule sus discursos. El caso de Bolsonaro, es un claro ejemplo de esta realidad.

Sin embargo, cuando analizo la manera en que se configura el electorado, en función de sus preferencias, experimento disímiles sentimientos. Por una parte, me entristece notar que uno de los principales problemas de las actuales elecciones brasileñas, especialmente en lo referente a las preferencias por ciertos candidatos, no es solo la falta de información. Es también, el hecho de qué hacer con esas informaciones, conforme proponía el propio Charles Wright Mills cuando habla de la imaginación sociológica.

Por otro lado, me siento confundido, perturbado, por el hecho de tener que reconocer que mi imaginación sociológica no ha sido suficiente para convencerme sobre los motivos que alimentan la preferencia por un candidato como este. Mas aun, cuando se trata de una población electoral que, en su mayoría, no simpatiza con el régimen cubano. Esto, obviamente, puede ser resultado de la falta de información. Pero, lo que mas me deja confundido e, incluso, afligido, es la existencia en un país democrático, de una población que, aunque reconozca ciertas aberraciones en los discursos de Bolsonaro, estas se banalizan. Sus aberraciones llegan a ser justificadas y no se constituyen como alertas para orientar las miradas para otro lado en el cuadro electoral.

Cuando tropiezo con la anterior e inhóspita realidad, intento entenderlo a partir de lo que plantearan Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en How Democracies Die, así como Milan Svolik en The Politics of Authoritarian Rule. Por un lado, los primeros afirman que entre los factores que facilitan la muerte de las democracias, están el debilitamiento de las instituciones y las perspectivas criticas (presión social, legislación) y la gradual erosión de los políticos. Por otro lado, Svolik alerta sobre el preocupante desprecio que tienden a producir y reproducir las personas en contextos de polarización. Un desprecio que, pensando en Brasil, revela una cierta naturaleza deshumana, pues demuestra una aceptación (consciente o no) del autoritarismo, la represión contra los rivales, cuando estas realidades responden a sus intereses.

¿Por qué hablo de una cierta naturaleza deshumana, de un desprecio acompañado de autoritarismo contra los otros, cuando me refiero a esta realidad electoral? ¿Por qué hablo, especialmente, de falta de informaciones y de perspectivas críticas para entender los caminos que se van transitando en Brasil? Hablo, porque la imagen de mesías que se le atribuye a Bolsonaro en el electorado, tiene algunas semejanzas con una realidad bien conocidas por el pueblo cubano. Y lo más preocupante, es que esa realidad no está siendo reconocida por la población brasileña. Al contrario, muchos consideran que, el tal mesías, es la solución a los males del gigante suramericano, para evitar convertirse en una Cuba autoritaria y etc. Yo, me resisto a asumirlo así y ojalá la historia me demuestre que estoy equivocado.

El odio, la violencia, el asedio moral, la homofobia, etc., han sido invitados recurrentes en los discursos de Bolsonaro. Y a pesar de que ni él mismo se proponga tal similitud, algunos contenidos de sus discursos me remiten a Fidel Castro. ¿Será pura coincidencia? Lo cierto es que, aunque reconozca no existir total semejanza entre ellos, esos discursos no solo me causan dudas, también repulsión al pensar en un presidente como este, para un país tan grande y diverso como Brasil (para cualquier país, en realidad).

Cuando el referido candidato defiende y justifica la tortura y los fusilamientos, no puedo olvidar triste hechos de la realidad cubana después del 59:

Sim, é a minha opinião. Todos esses traidores da pátria deveriam ter recebido pena de morte” (referindo-se aos opositores na época da ditadura)[1], ou “O erro da ditadura foi torturar e não matar” (resposta a manifestantes no Rio de Janeiro)[2].

El principal hecho en el cual pienso, es en el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa Sánchez, en 1989. Como todos sabemos, no fue un militar común, sino un militar con bastantes reconocimientos y condecoraciones. ¿Siendo él fusilado, que quedaría para los otros “mortales”?

Sin embargo, en caso de que a alguien le resulte aceptable el anterior hecho, no debemos olvidar otros. En este caso, el fusilamiento de los secuestradores de la lanchita de Regla, el 11 de abril de 2003 (Lorenzo Enrique Copello Castillo; Bárbaro L. Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac).

Lo peor de esa situación, ha sido el carácter “legal”, natural, que ese tipo de práctica adquirió en Cuba, sustentada en una configuración sociocultural, emocional, política de la época. Una configuración que, en cierta medida, estuvo condicionada por la indiferencia frente a la violación de los derechos y las esencias de los “otros”, por la ignorancia, por la confianza ciega, irreflexiva, entre otros aspectos.

Por otro lado, una sensación parecida experimento cuando escucho al candidato decir:

“Eu seria incapaz de amar um filho homossexual. Prefiro que um filho meu morra num acidente, do que apareça com um bigodudo por aí. Para mim ele vai ter morrido mesmo”[3]; “Se um casal homossexual vier morar do meu lado, isso vai desvalorizar a minha casa (...) Se eles andarem de mão dada e derem beijinho, desvaloriza[4]”. “Não, porque eu não participo de promover os maus costumes” (referente a se participaria ou não de um desfile gay)[5].

En la Cuba de los Castro, sabemos cómo la población LGBT ha sido discriminada. En la base de esta problemática, también ha estado la idea de que esas poblaciones desvalorizan un proyecto de sociedad a semejanza de los intereses, las ideas y convicciones de líderes y/o clases sociales, que pretenden universalizarse (similar al candidato brasileño). Lo que ha escondido ese proyecto de sociedad, esos discursos, como mínimo, es una desvalorización de la condición humana que, inevitablemente, se configura a partir de las diferencias. Lo que se esconde es un proyecto de nación que atenta contra la inclusión social, desde el punto de vista cultural, social, estructural, práctico, político, simbólico, etc.

Y en el caso de que esas frases del candidato brasileiro se asuman como jocosas, bromistas para alguien, debemos recordar que la misma jocosidad de Fidel Castro en los primeros años de revolución, terminó con las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Y digo jocosas, para referirme a las posturas de algunos defensores de Bolsonaro, no porque considere que ellas en realidad lo sean, como tampoco lo han sido las de Fidel Castro. Al contrario, me resultan bastante discriminatorias:

“personas que viven de forma extravagante, con estilo “elvipresliano”, hijos de burgueses, con pantaloncitos apretados, que han llevado su libertinaje hasta el extremo de querer ir a lugares públicos para organizar sus shows feminoides”; “Ellos no pueden confundir la generosidad de la revolución, con las debilidades de revolución”. “la sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones”[6]. “Te voy a explicar de dónde nace eso, de la defensa del país”[7].

Por último, hay otras tres ideas que me interesan destacar, con el objetivo de presentar más semejanzas entre Fidel y Bolsonaro. La primera idea, es el sentido de exclusión de grupos sociales presentes en el discurso del brasileño, que me remite a la famosa frase de Fidel Castro: “con la revolución todos, contra la revolución nada”. En este sentido, la intención está claramente alineada con la siguiente expresión de Bolsonaro:

“as maiorias têm que se curvar”; “nós somos maioria, eles, minorias, se adequam ou simplesmente desaparecem”; “as leis têm que existir para defender as maiorias”[8].

Una segunda idea, puede ser sustentada en la frase:

“Não vou discutir sobre a promiscuidade ou quem quer que seja. Eu não corro esse risco, meus filhos foram bem-educados”[9] (refiriéndose a la posibilidad de que sus hijos tuvieran una novia negra o fuesen homosexuales)

Esta frase, no necesita mayor explicación en relación con sus connotaciones. Pero, es preocupante que, a la vez de reconocer el carácter autoritario del régimen cubano, nunca escuché a ninguno de sus dirigentes comentar públicamente semejante aberración. ¿Será peor Bolsonaro que Fidel Castro?

La última idea, es el hecho de que tanto Bolsonaro como los Castro, construyen, identifican un enemigo común para justificar sus acciones: izquierda vs derecha; Cuba y Venezuela vs USA; pobres vs burguesía, etc. Este enemigo construido, que necesita ser combatido, destruido ya existió, incluso en la época de Hitler. Eso, sin expresar, reconocer que ambos han sido parte de esa estructura que ha llevado a ambos países a ser lo que hoy son.

Tanto la política brasileira como la cubana han sido el resultado de lo que sus políticos (y grupos civiles) han sido capaces de hacer o no. Por tanto, esa crisis de la cual parten hoy los discursos del presidenciable brasileño, también es un resultado (negado por el candidato), de sus (in)capacidades y/o (in)voluntades para la mejora del país. Como mínimo, para la mejora del estado de Río de Janeiro, donde Bolsonaro ha ejercido mas de 25 años como político y hoy está en sus peores momentos después de la dictadura militar.

En fin, lo que pudiéramos visualizar en este escenario electoral brasileño, a mi modo de ver, no representa una mejora significativa para el futuro de Brasil, en caso de ser Bolsonaro su presidente (lo cual es probable). Eso, sin considerar los planes previstos en el orden económico y social (seguridad), que pudieran constituir una especie de retroceso en uno de los países mas marcados por la desigualdad y la violencia en la región latinoamericana.

Si bien, para algunas personas este candidato representa la salvación para trascender una realidad económica, política y social erosionada, las semejanzas entre algunas ideas de sus discursos y las de Fidel Castro, no me inspiran confianza. No concibo, no existe una democracia con prosperidad económica, pero, discriminatoria, no inclusiva, violenta, represiva y, lo peor, donde se banalicen estos males. ¿Para algunos de ustedes estas semejanzas descritas constituyen una paranoia? Bueno, esperemos la historia. Quién sabe si se trata, simplemente, de coincidencias.


[1] Traducción: Sí, es mi opinión. Todos esos traidores de la patria debieron haber recibido pena de muerte (refiriéndose a los opositores en la época de la dictadura).

[2] Traducción: El error de la dictadura fue torturar y no matar (respuesta a manifestantes en Río de Janeiro).

[3] Traducción: Yo sería incapaz de amar un hijo homosexual. Prefiero que un hijo mi muera en un accidente, antes de que aparezca con un bigotudo por ahí. Para mí, él tendría que haber muerto.

[4] Traducción: Si una pareja homosexual viene a vivir al lado de mi casa, eso va a desvalorizar mi casa (…). Se ellos andan de mano y se dieran besitos, desvaloriza.

[5] Traducción: No, porque yo no participo en promover malas costumbres (referente a si participaría o no en desfiles gay).

[6] Ver: https://youtu.be/d1m6aF500Zg

[7] Ver: https://youtu.be/sta336xw1fw

[8] Traducción: las minorías tienen que encorvarse; nosotros somos mayoría, ellos, minorías tienen que adaptarse o simplemente desaparecen; las leyes tienen que existir para defender las mayorías.

[9] Traducción: No voy a discutir sobre la promiscuidad o con quien sea. Yo no corro ese riesgo, porque mis hijos fueron bien educados.


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