Actualizado: 14/12/2018 10:51
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EEUU, Trump, Prensa

Jim Acosta: demanda legal y periodismo

Sobre el periodista de CNN Jim Acosta, sus preguntas en conferencias de prensa y las respuestas a estas de Donald Trump y Raúl Castro

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Hacia 1960 el periodista francés Philippe Temporel publicó en el semanario Témoignage chrétien (Lyon) una suerte de decálogo para el corresponsal de prensa acreditado en el extranjero. Su quinta regla reza: “Si está a las órdenes del embajador, traiciona su deber profesional, pero si está en malas relaciones con su embajador, es un imbécil” [1].

La regla es válida —por rigurosa analogía— para todo corresponsal acreditado ante el gobierno en casa. Abilio James “Jim” Acosta, corresponsal de CNN en la Casa Blanca, ejemplifica cómo los extremos de la infracción de esta regla se tocan.

Deber profesional

Ante los funcionarios públicos, como fuentes de información, el periodista tiene que formular preguntas. Para eso no estaba puesto Acosta el miércoles 7 de noviembre en la Casa Blanca. Allí estuvo más bien confrontar al presidente Trump.

  • Acosta porfió que la caravana de inmigrantes centroamericanos rumbo a USA “no es una invasión” para preguntarle a Trump si creía que, llamándola así, demonizaba a los inmigrantes. La respuesta de Trump estaba cantada y la pregunta dejaba entonces de tener sentido periodístico. Un buen periodista hubiera preguntado a Trump por qué consideraba que la caravana era una invasión o cómo respondería el presidente a las críticas de que, con tal consideración, estaba demonizando a pobres inmigrantes.
  • Acosta no andaba en función periodística, sino de activismo. Trajo a colación un anuncio político de Trump con inmigrantes escalando muros e insistió en que la caravana no era una invasión. Un buen reportero formula preguntas neutrales que obliguen a la fuente a revelar o confirmar hechos y a explicarlos. No es su función dar opiniones sobre el tema y menos aún para generar conflicto con la fuente.
  • Acosta ya había sobrepasado la cuota de una pregunta por persona cuando se armó el toque-toque que dio lugar al tiqui-tiqui de quién fue el primero que tocó a quién: Acosta o la asistente. Lo relevante es que Acosta tenía el deber profesional de entregar el micrófono a la asistente en vez de retenerlo tras consumir su turno
  • Acosta volvió a romper el protocolo con otra mala pregunta: si el presidente estaba preocupado por la investigación sobre Rusia, como si nadie supiera la respuesta. Ya sin micrófono trató de incitar la discusión con la tacha trumpista de la prensa como enemigo del pueblo.

Así continuó forjando malas relaciones con la fuente y traicionando el deber profesional, ya que no es función reporteril machacar con cosas que ya sabemos ni meter con cuchara su punto de vista. Para eso están los editorialistas. El corresponsal que confunde su deber de obtener info con editorializar infringe esta regla de oro: se ejerce periodismo informativo si el público “no puede determinar, a partir de la información, la postura del periodista con respecto al tema o la personalidad que está presentando” [2].

Fake Hero y fake alegaciones

La Casa Blanca suspendió el sunpass de Acosta y este corresponsal disfuncional apareció al otro día en casi todos los medios exaltado como combatiente por la libertad de prensa alzao contra el dictador Trump. CNN subió la parada con demanda legal contra la Casa Blanca sobre la base de que la suspensión causa “daño irreparable” a la cadena y su “reportero diligente y riguroso” Jim Acosta tiene el derecho a interrumpir al presidente cuando le venga en ganas al amparo de la primera y quinta enmiendas de la Constitución [3].

Sólo que no hay daños ni perjuicios irreparables, ya que amén de Acosta CNN tiene más de 10 reporteros y productores acreditados en la Casa Blanca, ni Acosta es tan tan, pues hay sobrados ejemplos en contra, incluso uno muy ilustrativo de conexión kubizhe [4].

CNN se lleva la rosca en la demanda con que la suspensión de Acosta es un intento de “excluir a reporteros que desafían y discuten los puntos de vista del presidente”. Casi todo corresponsal en la Casa Blanca procede así, sólo que ninguno como Acosta, quien no se alzó contra Trump a favor de la libertad de prensa, sino en contra de sus colegas.

Estos últimos esperaban su turno para cumplir el deber profesional de formular la pregunta más sucinta que pudiera generar la respuesta más informativa posible de la fuente, antes que para desaprovechar el turno, como hizo Acosta, con malas preguntas sazonadas de opiniones y desvinculadas del objetivo profesional de informar, esto es: conseguir algo nuevo que elimine o disminuya la incertidumbre y/o la ignorancia del público.

Trump prosiguió durante casi hora y media dando turnos y respuesta a periodistas de casi todo el mundo, quienes se atuvieron a la cuota de más o menos una pregunta por persona con límite de tiempo, que rige en conferencias de prensa. Se podrá reprender a Trump por sus tantísimos defectos, pero Acosta incurrió en abordarlo como fuente de discordia antes que de info y dio razones de sobra para usar la carimba de falta de profesionalismo.

Coda

Acosta y otros muchos abandonaron ya el periodismo informativo. En vez de contradecir desde columnas de opinión, siguen posando como reporteros para entrar en el juego de hacer política montando circos mediáticos. Así ahogan la información para sacar a flote diversas variantes del entretenimiento con eso de oponerse a la fuente arrogante y narcisista con la arrogancia y el narcisismo del periodista. Bad news.

Notas

[1] Cf.: Amestoy, Alfredo: El reportero, Madrid: RIALP (1963), 198 s.

[2] Vid.: Rivers, William L. y Wilbur Schramm: Responsabilidad y comunicación de masas, Buenos Aires: Troquel (1973), 176-82.

[3] En conferencias de prensa prevalece el derecho del presidente [o cualquier otro funcionario] incluso a conceder el turno. Bushito no daba la palabra a Dan Rather, tal y como Obama pasaba por alto las preguntas de Sean Hannity.

[4] En la conferencia de prensa conjunta de Obama con Raúl Castro, el 21 de marzo de 2016, Acosta largó a este último la pregunta de por qué tenía prisioneros políticos y no los soltaba. Castro repuso: “Dame la lista, menciónalos (…) dime el nombre o los nombres”. Acosta no pudo replicar. Hizo la pregunta sin tener a mano una de las tantas listas de presos políticos en Cuba. Ni siquiera pudo balbucear el nombre de uno de ellos. Así y todo, el gallinero mediático se alborotó con esta chapucería, tal como ahora con esta chambonada frente a Trump.


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