Actualizado: 20/01/2022 14:54
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Guatemala

La candidata Menchú

La postulación de la Premio Nobel de la Paz a la presidencia de su país abre una profunda interrogante.

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El anuncio de la candidatura presidencial de Rigoberta Menchú levantó una buena oleada polémica, donde se incluyen los que le niegan la sal y el agua a la Premio Nobel de la Paz, y aquellos que la ven como un surtidor de soluciones en un país agobiado.

Si en Guatemala pocos le recuerdan ahora los ocultamientos y distorsiones que sobre su famosa biografía le manifestara a la politóloga e historiadora Elizabeth Burgos, que tuvo la previsión de guardar las grabaciones, quizá a medida que se acerquen los comicios de septiembre sus contrarios la atacarán por esas mudanzas de la verdad, más de una vez comprobadas.

Aunque dice el adagio que árbol que nace torcido jamás su tronco endereza, los seres humanos somos más que árboles y podemos modificar nuestras actitudes, anteponiéndole al proceso sentidas disculpas, algo, por cierto, que la Menchú no ha hecho.

De acuerdo con encuestados en Ciudad Guatemala, a la otrora militante guerrillera le falta nivel educacional para ocupar la primera magistratura del país. Otros, sin embargo, prefieren regocijarse anticipadamente con el espectáculo de una nación gobernada por primera vez en su historia por una mujer, por añadidura maya-quiché, etnias acorraladas durante siglos.

Los indígenas rondan en la tierra del Quetzal entre el 50 y el 60% de la población, según distintos cálculos, y no hay que extrañar que buena porción de ellos voten por la Menchú. Que tal acción se confirme dependerá de las noticias que genere su agenda política, económica y social, que todavía no muestra.

Son legión los que repiten las palabras de la candidata: "en la historia política de Guatemala los indígenas hemos ejercido el derecho de elegir, pero no el de ser electos, y ahora ha llegado la hora de hacerlo". La Menchú también se presenta —y se le ve— como una opción a los partidos políticos tradicionales, incapaces de sacar a Guatemala de su marasmo. Con anticipación reciente, parecida situación se observó en varios países de la región.

Izquierdista y empresaria

Por lo pronto, la amiga de Fidel Castro es, desde hace algún tiempo, empresaria del rubro farmacéutico. Esto hubiera sido en los años sesenta y setenta una concesión al capitalismo, pero hoy apenas merece la categoría de anécdota.

Pero si en Guatemala no falta quien prefiera a la Menchú dedicada a la fundación que lleva su nombre y coordinando justicia social y actuando contra violadores de derechos humanos, resultado de la guerra más cruel de América en el siglo XX, la escritora Elizabeth Burgos, quien conoce en profundidad a la candidata presidencial, confiesa a Encuentro en la Red: "No sería imposible que gane la elección. De hecho, siempre pensé que ella llegaría en algún momento a la presidencia de Guatemala".

Burgos, venezolana radicada en Francia, y autora del éxito editorial Me llamo Rigoberta Menchúy así me nació la conciencia, descree de quienes en Guatemala piensan que el voto indígena no se distribuirá con intención étnica. La escritora menciona puntos fundamentales del panorama nacional donde se inserta la candidata:

"Los conflictos de la sociedad guatemalteca, exacerbados por los años de guerra interna y la participación indígena en la misma; de gobiernos que han surgido tras el fin de la guerra, que a las claras han funcionado como gobiernos de transición, y el ineludible acceso de los indígenas a la parte de poder que les corresponde; éste es el marco donde Rigoberta Menchú destaca como el miembro de la comunidad indígena que más visibilidad, tanto nacional como internacional, ha alcanzado, y parece lógica su candidatura".


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