Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Estonia

La falsa inocencia de las estatuas

Tallin trasladará un monumento al soldado soviético a un lugar 'donde no moleste a nadie' y Moscú monta en cólera.

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Estonia y Rusia se han enzarzado en una complicada disputa debido a la decisión de Tallin de trasladar una estatua de bronce que representa a los soldados del Ejército Rojo muertos durante la II Guerra Mundial y reubicar en un cementerio estonio los restos de 13 soldados soviéticos caídos en la contienda.

"¡Ultraje!", declaró airado el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, al conocer la noticia. Por su parte, el diputado Konstantin Kosachyov, miembro del Comité de Exteriores de la Duma (Parlamento ruso), dijo que esta instancia podría imponer sanciones económicas a Estonia si mantiene esta posición.

Las autoridades estonias, por su parte, estiman que la ley que entró en vigor este 20 de enero no intenta ofender a nadie, sino buscar un lugar más adecuado para el monumento al soldado soviético (que ahora se encuentra en la plaza más céntrica del país) y ubicarlo en una zona discreta y tranquila "donde no moleste a nadie".

¿Cuál es el origen real de esta discusión? El analista checo Jiri Mañas cree que el problema estriba en que ambas partes tienen distintas interpretaciones de lo que significó la guerra para cada uno de ellos, y precisa:

"Por un lado, los rusos no consideran esa estatua sólo como un monumento a las tropas que entraron en Tallin en el otoño de 1944, sino la identifican con toda la lucha de la Segunda Guerra Mundial y el sufrimiento del pueblo ruso". Pero "para los estonios, los soldados soviéticos no fueron libertadores, sino ocupantes, porque una vez terminada la contienda se quedaron contra la voluntad de los habitantes hasta 1993, cuando se retiraron tras la desintegración de la URSS y la caída del campo socialista".

Las heridas de guerra

Por más que los dirigentes rusos llamen a los estonios a "mantener el sentido común" y digan que se trata de "derribar monumentos antifascistas", la verdad es que los estonios no ven con buenos ojos que en el mismo centro de su capital se encuentre ubicado un altar que les trae malos recuerdos.

Los estonios siempre han estado orgullosos de haber mantenido su identidad, a pesar de su accidentada historia. Desde principios de la Edad Media el país cayó en manos de alemanes y suecos, y más tarde pasó sucesivamente a Dinamarca, Polonia y finalmente a la Rusia zarista. En 1918, después de la revolución bolchevique, Moscú reconoció la independencia de Estonia.

Pero después de dos décadas, el país se vio rodeado de un lado por el nazismo alemán y del otro por el estalinismo. En 1940, después del Pacto firmado entre Stalin y Hitler, las tropas soviéticas entraron en Tallin. Pero al año siguiente (1941), los nazis echaron a los soviéticos y tomaron el país.

En 1944, cuando el Ejército Rojo comenzó su avance hacia occidente retomó Estonia y convirtió esta pequeña república báltica en una república soviética hasta 1991, cuando el país fue el primero en pedir y obtener su salida de la URSS. Después de largas negociaciones, el último soldado ruso abandonó suelo estonio en 1993.

La Estonia de hoy

La pequeña Estonia, con 1,3 millones de habitantes y menos de 18.000 kilómetros cuadrados, es la más cercana al antiguo territorio soviético entre las tres ex repúblicas soviéticas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) y siempre ha sido la de mayor éxito económico.

Gracias a esta situación, el país, junto con las otras dos repúblicas bálticas, ingresó en la OTAN y luego entró como miembro pleno de la Unión Europea en el año 2004, al lado de otros siete ex países comunistas. Según el profesor del Instituto de Análisis de Austria, Michael Wyzan, en 1996 Estonia había logrado relocalizar sus mercados externos hacia Finlandia, Suecia, Alemania, Rusia y Letonia.

La clave del éxito económico estonio se debe, afirma la fuente, a que utilizó los modelos de privatización que se emplearon en Alemania del Este, que se centran en la venta al contado a inversionistas estratégicos. Como resultado, ha acaparado grandes volúmenes de inversiones extranjeras.


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