Actualizado: 28/05/2020 19:58
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EEUU, Trump, Pandemia

La prensa y la plaga

En estos días de pandemia, los ataques contra el presidente de Estados Unidos no cesan

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Sin libertad de pensamiento,
la libertad de expresión no sirve de nada.
José Luis Sampedro

Muchos venezolanos no lo vieron venir: a la toma del poder político por el dictador, siguió la conquista de los medios de desinformación. Tal es la letalidad de una buena propaganda que el Difunto prestó la mayor atención desde la Sierra Maestra, cual si fuera la radio un combatiente más. De cómo el ayatola Jomeini se hizo del poder teocrático a pesar de la distancia y la idiosincrasia con grabaciones desde Francia debía haberse aprendido algo. Del mismo modo, el tristemente célebre Estado Islámico logró seducir a miles de jóvenes europeos para su causa criminal con un efectivo y modernísimo manejo de imágenes y mensajes subliminales.

El método empleado por el chavismo diferiría del cubano porque había con que comprar. El encantamiento del coronel captó a una clase media y baja descontenta, apolítica. Poco a poco, usando métodos coercitivos y en ocasiones mercantiles, casi todos los grandes medios fueron a parar a manos del régimen. El lema siempre ha sido el mismo en los cuatro puntos cardinales: ahora la prensa está en manos del pueblo, no en las de las grandes empresas, los capitales, los dueños.

Podríamos escribir páginas y páginas sobre la metodología de la desinformación en las dictaduras. Cómo al no tener acceso a diversas fuentes, sin el imprescindible cotejo con otros medios, la labor de moldeamiento de las conductas, ideas y emociones en las personas es una labor relativamente fácil.

Nunca la prensa totalitaria es más socorrida que en una situación de desastre. No se trata del ocultamiento procaz, la media verdad, la tergiversación banal de los hechos. Es algo más complejo, sutil, porque sería difícil esconder una gran cantidad de afectados, cientos de muertos.

Siempre hay un modo de manejar la información para tirarle a un objetivo, desde los tiempos de Gutenberg. Por ejemplo, la noticia que ocupe el titular, al lado izquierdo de la primera página, poco debe hablar de la catástrofe. En caso de que sea ineludible, el lead, el fundamento de la noticia, no debe mencionar la cantidad de fallecidos a no ser que sean bajas del contrario, del otro. La idea es simple: trasmitir esperanzas, aunque sean esperanzas sospechosamente desesperadas.

La metodología incluye, además, confrontarse con otros lugares en el mundo, y si son enemigos, mejor. En el caso de la Isla, donde son muy pocos los casos contagiados, los ingresados son menos, y los fallecidos apenas un centenar en diez millones de habitantes, las noticias deben tener la solemnidad del mentiroso: voz engargolada, poses estudiadas, adjetivos innecesarios, y muchas citas al pasado glorioso. El mundo desarrollado tiene una crisis sanitaria y económica que mete miedo. Mientras, los cubanos parecen tener una inmunidad especial, alimentación tan sobrada no le entran ni los virus más mortíferos; el sistema de salud, uno de los mejores del mundo —mejor que el de los yanquis— cuenta con un personal y un equipamiento que ya quisieran Nueva York, Madrid y Río de Janeiro, zonas de desastre epidemiológico.

Ha sido demostrado en comunicación social que, a mayor paquete, por irrazonable, mayor impacto en el receptor. No importa cuánto de verdad haya en ello si no hay manera de comparar la información con otros comunicadores. Son la aceptación o la negación total las únicas respuestas posibles. Y como la tendencia humana casi siempre es a terminar admitiendo la posibilidad de que eso pueda ser cierto después de leerlo o escucharlo varias veces, la noticia falsa, por única, resulta verdadera.

No existe, además, una comisión independiente que fiscalice los datos. En el caso de la actual pandemia, los certificados de defunción no pueden ser consultados por investigadores independientes. La causa directa o indirecta de muerte no será la infección por covid-19 sino neumonía, fallo cardíaco, insuficiencia renal o coagulación intravascular diseminada.

No parece una casualidad que los países del socialismo del Siglo XXI sean los de menos contagiados y fallecidos por la plaga. Por cierto, tampoco hay que ser comunista para timar: alemanes e ingleses están siendo cuestionados porque a los fallecidos en hogares de ancianos no se les hizo test antes de enviarlos a su morada definitiva.

Supongamos por un segundo que sobre la conciencia de los actuales líderes cubanos comienzan a pesar cientos de miles de infestados, centenares de fallecidos diarios, hospitales saturados, y que los pasillos se conviertan en terapias intensivas. Entonces deciden mostrar los datos reales. En ese caso, y por primera vez desde la llamada Zafra de los Diez Millones, la Involución demostraría toda su total incompetencia, la falacia del discurso sin método.

También uno de sus mitos, el de la potencia médica, se derrumbaría. La ayuda solidaria a otras naciones —sólida moneda a cambio— caería en picada porque nadie contrata asesinos de bata blanca. Las aerolíneas y el turismo, pulmones del régimen, colapsarían por falta de oxígeno. Nadie vacaciona en una playa llamada Matadero, no Varadero. Lo más grave seria enfrentar al pueblo, que acabaría en las calles, pidiendo explicaciones y… ¡comida! como miles de Pánfilos abstemios. Esperar transparencia es simplemente esperar que el régimen se suicide, y eso, no va a ocurrir.

Cuando la prensa libre se aleja de su función social y los dueños fijan posición contra un ciudadano, sea el presidente o cualquier otro funcionario, también han perdido el sentido liberador, democrático de su existir. La prensa puede tener una línea editorial afín a un partido político; varios partidos, varios medios, diversos. Pero no puede ser el brazo secular, tomarse la justicia por la mano de sus escritores-sicarios; decapitar la dignidad y la inocencia de un ciudadano con falsedades.

Es justo y es necesario que la prensa cuestione al presidente, la labor del Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial. Es injusto que los medios se pongan de acuerdo para cazar la palabra mal dicha, el olvido insignificante, el hecho nimio, intrascendente, y que de él saquen lascas para destruir la vida personal de un congresista, un juez, un ciudadano común.

Es imprescindible la investigación periodística, la revelación de lo escondido, lo que no se dice y se hace. Pero es un crimen ético, y puede que hasta legal, publicar sin confirmar con otras fuentes, inventar testigos, plantar matrices de opinión falsas. Es incorrecto hacer preguntas irrespetuosas al presidente o a quien sea, y después de una introducción larga, como para el periodista oírse a sí mismo, inducir la respuesta que se quiere, y si el presidente no la responde, es irrespetuoso, es intolerante con la prensa.

Desgraciadamente, y es el criterio de este redactor, por primera vez la prensa totalitaria y una parte importante de lo que mal llaman prensa liberal se tocan en las antípodas: nada de lo que haga el presidente norteamericano está bien hecho. A pesar de que ese ha sido el patrón de la narrativa por más de tres años, la mayoría de la media está dispuesta a no variar un ápice cuando la candidatura demócrata, y a pesar de las encuestas, hace aguas.

En estos días de pandemia, los ataques contra el elegido presidente de Estados Unidos no cesan. Recuerdan el triste episodio del fin de la libertad de prensa en la Isla, con el entierro simbólico del Diario de la Marina. Nada peor para Cuba que ese periódico, que se alegró de la muerte de Antonio Maceo, dijo la propaganda comunista —si era español el Diario de la Marina, nunca comprendí por qué no alegrarse de la muerte de uno de sus más tenaces enemigos.

Aquel sepelio-jolgorio, alegría de tambores y comparsas, era en realidad el final de la libertad de prensa en Cuba. Era una de las publicaciones más viejas de América Hispana. Allí habían publicado Nicolás Guillen y otros comunistas de la época. Alguien dijo, entre rumbones y sudores, que nada podía ser más mentiroso, servil y antipatriota que el Diario de la Marina. Poco tiempo después, apareció el Órgano Oficial.

Publicado en Habaneciendo.com. Blog del autor.


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