Actualizado: 21/09/2020 14:29
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Brasil

La reconquista comenzó

El papa Benedicto XVI se despidió con duras críticas a la pobreza mayoritaria y la certeza del fracaso del marxismo y el capitalismo.

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"Llevo a Brasil en la memoria y el corazón", fueron las últimas y quizás las más inolvidables de las expresiones del papa Benedicto XVI al concluir una visita pastoral de cinco días a Brasil, en la que se mostró afectuoso, atento y cariñoso.

Sin embargo, con su partida se inicia un intenso debate que debe trazar el rumbo y los duros desafíos de una Iglesia que tiene en América Latina al 42% de sus fieles.

Con una agenda amplia, cumplida en la mayoría de las veces con puntualidad, el máximo representante del Vaticano, fustigó el desempeño de la iglesia brasilera, así como la labor de sus obispos.

El catolicismo en Brasil ha tenido que asumir, según estadísticas oficiales, el abandono de más de 126 millones de fieles entre 1980 y 2004. Tal realidad, unida al creciente número de sectas que han sido fundadas, recibió el verbo crítico de su Santidad.

Objetivos claros… ¿Cumplidos?

Pese a todo, el episcopado mundial no pudo obviar que aún Brasil es considerado el país que registra el mayor número de católicos en el mundo, con 140 millones. Por eso la visita del Papa se centró en temas esenciales.

En medio de una realidad difícil, desde su llegada fustigó a los políticos que proponen legalizar el aborto. Y aunque de los diálogos sostenidos con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva no trascendieron determinaciones al respecto, la embajadora brasileña ante la Santa Sede dijo en conferencia de prensa que el Papa había recibido garantías de que el gobierno no tomará medidas que faciliten esa práctica.

Días antes, Lula había enfatizado que el aborto debía entenderse en el país como un problema de salud pública y criticó la posición de la Iglesia Católica al respecto. Sin embargo, la producción de biocombustibles y la lucha contra el hambre protagonizaron las conversaciones conjuntas entre los mandatarios.

Aunque las diferencias de estilo entre Benedicto XVI y su predecesor, Juan Pablo II, se notaron desde el inicio, el apoyo alegre y masivo del pueblo brasileño fue destacable. De hecho, la canonización de Frei Galvão, primer santo nacido en Brasil, en la cual se obviaron algunos de los tradicionales pasos, podría entenderse como un nuevo incentivo para los fieles. A todas luces, el Papa ha querido dejar claro que el futuro de la Iglesia Católica depende en gran medida del gigante sudamericano.

De sus discursos se pueden desprender dos aspectos fundamentales: el énfasis de su pontificado en los valores tradicionales de la familia y el matrimonio, y en segundo lugar, su apoyo a la necesidad de reconquistar el terreno perdido, con el protagonismo incluso de misionarios.

En un extraordinario encuentro con los jóvenes de Latinoamérica, reunidos en São Paulo, habló de los peligros que amenazan el mundo y de las directivas a asumir: "Los bosques actuales no tienen vida", la "devastación ambiental del Amazonas y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones exigen un mayor compromiso en los diferentes ámbitos de acción".

Sobre el matrimonio, enfatizó en la necesidad de respetarlo y venerarlo como una institución sagrada, y en referencia a la castidad, recalcó que necesita de un espíritu de sacrificio y renuncia.

Benedicto XVI criticó duramente a los traficantes de drogas y enfatizó que la pobreza debe ser combatida con verdadera vocación en Cristo. De hecho, hizo énfasis en la dura realidad que enfrenta Brasil. De igual manera, rechazó la investigación con embriones, el divorcio, la unión libre y habló críticamente sobre la prensa que desprecia y ridiculiza la castidad.

Pese a que quedó gratamente impresionado con la acogida de los brasileños, el Santo Padre tuvo inquietudes sobre las desigualdades existentes en Brasil.


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