Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Caracas, Venezuela, Maduro

La siniestra mano de La Habana en Venezuela

Letal, pero no tan grosera como dicen algunos en Miami

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No resulta fácil creer que la asesoría cubana sea tan torpe de recomendar que militares uniformados golpeen manifestantes en Venezuela, y hasta les disparen. Después de tantos años utilizando al “pueblo enardecido” para reprimir cubanos en la Isla, no sería inteligente que sugieran utilizar militares de uniforme para romper huesos o masacrar estudiantes en cualquier ciudad venezolana.

Cubanos y venezolanos exiliados se apasionan demasiado. Hay quienes creen que el enviado a Venezuela para organizar la represión fue el Comandante Ramiro Valdés, como si en Cuba no hubiera otros “discípulos” aventajados. Algunos ven asesores de seguridad del régimen cubano en las calles de Venezuela dirigiendo “tupamaros” de los “colectivos” para que hagan lo que saben hacer: intimidar, amenazar, golpear, reprimir, asesinar. Porque son el “brazo armado de la revolución bolivariana”, para eso los creó, armó y fortaleció Hugo Chávez, con el beneplácito de Fidel Castro. Sin embargo, los segurosos cubanos no tienen necesidad ni interés en aparecer públicamente realizando trabajo sucio, con tantos facinerosos venezolanos para llevarlos a cabo.

Nicolás Maduro y su pandilla, secuaces del fallido golpe de Estado de Chávez en 1992, utilizan esas turbas para enfrentar a “la derecha fascista” venezolana, acusada de intentar un golpe de Estado dirigido y financiado por Estados Unidos y enemigos externos. En realidad son jóvenes estudiantes manifestándose y pidiendo pacíficamente que acaben la inseguridad y el desorden en el país: mucho menos que lo que pedían Camila Vallejo y sus comunistas en las calles de Chile hace poco, a quienes Fidel Castro recibió y felicitó, mientras ahora la prensa y las “organizaciones de masas” en Cuba acusan a estudiantes y opositores venezolanos de cuanta maldad exista.

La siniestra mano de La Habana no hay que buscarla directamente entre los que golpean o disparan a manifestantes en calles venezolanas, sino en sutilezas desde Miraflores o Fuerte Tiuna, que claramente superan el coeficiente intelectual de la mafia gobernante, y van dirigidas contra el mismo corazón de la oposición democrática. Cualquier parecido con la forma en que se reprime en Cuba no es casualidad.

Caracas acusó al líder opositor Leopoldo López (quien con su carisma y acción rebasó al indeciso Henrique Capriles), de infinidad de delitos, desde terrorismo hasta sedición, y dictó orden de búsqueda y captura contra él. Simultáneamente, en La Habana un repugnante mercenario canadiense, que vive en Cuba y escribe en Granma como si fuera periodista, acusaba a López con los epítetos que utiliza siempre, únicos que conoce: mercenario, fascista, agente de la CIA, mafioso, golpista. Y el resto de la prensa cubana, escrita, radial y televisiva, toda oficialista, repite la cantaleta, secundada por la jubilosa incorporación instantánea de ciber esbirros en el exterior al servicio del régimen.

Con una sutileza que Maduro no posee y que sin duda le fue susurrada al oído por sus asesores, adivinen de qué país, el presidente venezolano dijo que al detener a Leopoldo López le protegían la vida, porque “la ultraderecha de Miami” intentaría asesinarlo para acusar a la revolución bolivariana del crimen. ¡Tan buenos los chavistas y tan mala la ultraderecha! Aunque con las acusaciones que Maduro había lanzado desde meses antes contra López es difícil creer que algo peor pudiera hacerse por esa “ultraderecha”.

Los energúmenos “bolivarianos”, gobernantes o de a pie, repiten como tarados que “el imperialismo” desea el petróleo venezolano. Los ciber esbirros que responden a La Habana los corean. Ignoran que Estados Unidos ya es casi autosuficiente en materia energética y no necesita el petróleo de Venezuela. ¿Para qué, entonces, apoderarse de él?

Se repite demasiadas veces que en La Habana hay mucho miedo porque depende de Caracas, como si Caracas no dependiera de La Habana. El régimen cubano está atento y ocupado, no asustado: los militares no suelen asustarse en situaciones difíciles, sino concentrarse buscando soluciones. Y en el Palacio de la Revolución no hay dudas: no se puede desmoronar el régimen venezolano. Si el “trabajo político” no basta, como ocurre en estos momentos, se pasará a acciones más directas, intimidatorias y represivas, pero sin “quemar” cubanos en público, a pesar de que en Miami se asegure lo contrario.

¿Cómo actuará el gobierno venezolano para capear esta crisis? Apostando a que con la represión y el inicio de los carnavales las cosas se calmen y pierdan intensidad, porque según Maduro, ya se ha logrado “contener al ataque y garantizar la paz” ante “la convocatoria del fascismo”. Los altos oficiales venezolanos son leales a “la revolución” y están bajo control de la contrainteligencia cubana: esperar una intervención de ellos para forzar las cosas a favor del pueblo parece ilusorio. Por su parte, muchos gobernantes latinoamericanos y del Caribe recomiendan la no intromisión en los asuntos internos venezolanos, tesis predilecta del castrismo.

Es de esperar que el líder opositor Leopoldo López, que arriesgó mucho al entregarse a la Guardia Nacional venezolana, no quede en libertad rápida ni fácilmente. María Corina Machado goza de inmunidad parlamentaria como diputada y no puede ser detenida, pero continuará recibiendo presiones y amenazas para intimidarla, pues descuella por su liderazgo. Henrique Capriles probablemente no sea detenido: si no cambia radicalmente sus posiciones, sería el “líder” opositor ideal para Maduro y Castro, porque certifica el carácter “democrático” de la revolución bolivariana sin hacer peligrar el poder dictatorial.

Con estos planes en las mentes “revolucionarias”, no sería sensato recomendar a la dirigencia bolivariana utilizar uniformados para reprimir cuando malandros vestidos de civil pueden hacerlo. Y si de algo saben en La Habana es de represión.

Hay diferencias entre el Departamento de Seguridad del Estado cubano y un servicio de inteligencia militar tercermundista, acábese de entender. Digan lo que digan en Miami, no veremos segurosos cubanos asesorando públicamente a represores en Venezuela. Aunque lo hagan todo el tiempo en privado.

¡Todo sea por la dictadura del proletariado, el castrismo y la revolución bolivariana!


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