Actualizado: 20/01/2022 14:54
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Chile

Lengua a la salsa

El presidente venezolano Hugo Chávez se ha ganado el rechazo de casi todo el espectro político chileno, por su más reciente estocada al Senado.

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El senador por Renovación Nacional Carlos Cantero afirmó recientemente a la prensa en Santiago de Chile que a Hugo Chávez le falta mucho para llegar a un liderazgo como el de Fidel Castro, a quien, señaló, el mandatario venezolano intenta sustituir.

Aunque Cantero no lo dice, si algo le falta a Chávez tal vez tenga que ver con su instrucción. Como se sabe, Castro se graduó de dos carreras universitarias, y es fama que dedicaba —antes de que los años lo metieran en el quirófano— dos horas diarias a la lectura de noticias. Por sus yerros garrafales, la agenda de Chávez no parece incluir estos momentos. Tal vez para compararlo con Castro basta analizar el carácter de las faltas de ambos a la verdad.

En general, las tergiversaciones del Comandante no son totalmente fáciles de atrapar, al menos de manera inmediata. Hace falta cierto ejercicio intelectual, cierto conocimiento, algunas lecturas. Muy distinto es el caso de Chávez. Desde su insuficiente equipaje intelectual, éste distribuye sus diatribas sin reparar en cada caso concreto.

El más reciente de sus ataques tuvo al Senado chileno como blanco. La causa es bastante conocida: a poco de que lo hiciera la Cámara, el Senado aprobó un proyecto de acuerdo en el que exhorta a Michelle Bachelet que en nombre de Chile proteste ante la OEA por la no renovación de la licencia a un canal de televisión venezolano (RCTV), con más de 50 años de trabajo. Caracas incumple así con la Carta Democrática Interamericana firmada en septiembre de 2001.

La respuesta del ex golpista no se hizo esperar. Tachó de "extrema derecha fascista" a la instancia legislativa y la acusó de apoyar el pucherazo contra Salvador Allende y de aplaudir la intentona de golpe en su contra hace cinco años.

Un mundo de desconocimiento

Aunque el ex teniente coronel venezolano acuse al Senado chileno de fascista, bien vale recordar que entre sus miembros se encuentran políticos como José Antonio Gómez, que sufrió torturas en la lucha contra la dictadura militar. Uno de sus hermanos fue también torturado y asesinado finalmente por el régimen.

Roberto Muñoz, senador por el Partido por la Democracia, votó en contra de Caracas. Esta organización de izquierda —muy cercana a Bachelet— nació en la vorágine de la lucha pacífica antipinochetista.

Fernando Flores, también miembro de la Cámara Alta, estuvo preso en la isla Dawson, adonde lo condujeron desde el incendiado Palacio de La Moneda. El ministro estuvo hasta el final con Salvador Allende, como le ordenó el jefe del Movimiento de Acción Popular Unitaria, más conocida por MAPU.

Sobra esta pequeña muestra para discernir si dice o no verdad la lengua errabunda de Chávez.

Si tanto los demócratas cristianos Soledad Alvear y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (jefe del Senado) se encuentran entre los que no favorecieron a Caracas en la votación, a ambos se les considera firmes opositores a la dictadura militar y de ningún modo extremistas, ya sea de un color político u otro.

El de Eduardo Frei, ex presidente de la República, es un caso donde se ilumina con nitidez el craso error de Chávez. Personalmente, Frei no sólo se opuso al gobierno castrense, sino que su padre, ex presidente y al cabo un mártir político chileno, se erigió en la figura que lideró, abiertamente, la oposición a Pinochet.

Tanta era la popularidad de Frei Montalva, tan directos y valerosos sus discursos contra la falta de libertades, que Pinochet tuvo que matarlo. Aunque esto no es un hecho judicialmente constituido, existen muchas pruebas que así lo indican. El extrañísimo fallecimiento del ex mandatario está bajo investigación en la actualidad. No precisamente por estar de acuerdo con Pinochet, el primer presidente luego de la caída de la dictadura fue el democratacristiano Patricio Aylwin.

Vale recalcar que la votación contra los ataques a la prensa en Venezuela resultó transversal en el Congreso chileno. Al igual que la democracia cristiana, muchos de los legisladores que militan en la izquierda oficialista estamparon su voto, así como la oposición.


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