Actualizado: 23/10/2017 19:03
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Yazov, Rusia, URSS

Lo que pasó por alto el homenaje a Yazov

Hay indicios de un presunto compromiso cubano con la intentona que llevó a la cárcel a Dimitri T. Yazov

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En un artículo publicado en la página de Radio y TV Martí, el 4 de enero de 2015, por Álvaro Alba, bajo el título de Una bofetada de Putin a Gorbachev, se afirma que Vladimir V. Putin ha preferido sentarse a la mesa con el último mariscal soviético, Dimitri T. Yazov antes que con el último presidente que tuvo la URSS, Mijail S. Gorbachev. Según informa el sitio digital; El 8 de noviembre del 2014, la jerarquía militar rusa incluido el actual ministro Serguei K. Shoigu, homenajeó esta figura del golpe de Estado de agosto de 1991, con motivo de sus 90 años.

Efectivamente —y como podemos ver en Youtube— hasta el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, acudió a la fiesta para entregar al militarote la Orden Alexander Nevski.

Es la continuación de otros galardones cuyas connotaciones y valores ideológicos resultan difíciles de combinar, pasemos lista:

  • Orden de Lenin (02/23/1971)
  • Orden de Lenin (18/02/1981)
  • Orden de la Revolución de Octubre (20/02/1991)
  • Orden de la Bandera Roja (10/01/1963)
  • Orden de la Guerra Patriótica primera clase (11/03/1985)
  • Orden de la Estrella Roja (15/06/1945)
  • Orden “Por el Servicio a la Patria en tercer grado de las Fuerzas Armadas” (30/04/1975)
  • Medalla “Por Servicio de Batalla” (20/4/1953)
  • Orden “Por los Servicios a la Patria” (5 de octubre de 2009, № 2742)
  • Orden de Honor (8 de noviembre de 2004, № 12.640)
  • Medalla de la Federación Rusa
  • La Orden Gran Príncipe Dmitry Donskoy II

Además de 20 premios de países extranjeros, entre los que se incluyen:

  • Orden del Che Guevara (Cuba)
  • Orden Scharnhorst (antigua RDA)
  • Orden de la Bandera Roja (antigua Checoslovaquia)
  • Orden de la Distinción grado I (Siria)
  • Medalla de “40 Años de la Victoria en el Halkin Gol” (Mongolia)
  • Medalla de “50 años de la Revolución Popular de Mongolia” (Mongolia)
  • Medalla de aniversario “20 años de la Independencia de la República de Kazajistán” (Kazajistán, 2012)

Según nos informa el historiador cubano en su artículo, tras el arresto de Yazov en agosto de 1991 el golpista permaneció encarcelado tres años, hasta que fue amnistiado por Boris Yeltsin. Era lo menos que podía hacer el entonces mandatario ruso a quien le había allanado el camino al poder; haciéndole parecer frente a un golpe tan mal urdido y menos respaldado como el salvador de la “democracia”. El gesto nos recuerda la decisión de Fidel Castro de abortar el plan “Ratón”, luego operación 88 (muerto grande) según el cual Batista sería secuestrado en Marbella, España, y traído a Cuba para ser enjuiciado, al que ya exiliado se negó a secuestrar y ajusticiar cuando le sobraban recursos y compañeros de armas dispuestos a la operación.

En la misma nota se nos relata que Yazov ha visitado La Habana después de su liberación y que en 2009, cuando Raúl Castro estuvo en Rusia, el antiguo ministro soviético acudió a una recepción en la embajada cubana como parte del “círculo de amigos” del mandatario cubano.

Entendemos perfectamente la nostalgia que Putin o cualquier otro ruso pueda sentir por aquella Unión, cuya reforma imprescindible, no justificaba su implosión. Sin embargo, alimentar esta nostalgia con este tipo de homenaje solo sirve para pasar por alto el hecho histórico de que fue gracias a la desestabilización creada por el golpe al Estado de Derecho que se intentaba instaurar en la Unión Soviética que ésta perdió el rumbo y dejó de existir.

No fue Gorbachev, sino los beneficiarios indirectos de su destrone y consecuente debilitamiento político, los que se repartieron como una torta, aquellas repúblicas, no tanto para democratizarlas (aunque algunas salieran mejor libradas que otras) como para enseñorearse sobre ellas. Un buen ejemplo lo tenemos en el caso de Nursultán Nazarbáyev, presidente de la República de Kazajstán, desde la etapa del comunismo. No es de extrañar pues que este dictador postsoviético haya concedido a Yazov la medalla por los “20 años de la Independencia”.

Lo único que pretendía el Gorbachev era darle un rostro humano al socialismo soviético y cuanto más crear una confederación de repúblicas hermanos allí donde hasta el momento existía una “cárcel de naciones”.

El verdadero desintegrador de la URSS fue, entre otros, el valedor de Putin en su camino al poder, el artero de Boris Yeltsin, quien valiéndose de la desestabilización provocada por los golpistas y aliado con las burocracias “nacionales” de la Unión, repitió contra Rusia lo mismo que hicieron contra España las oligarquía regionales de sus colonias, consiguiendo la fragmentación del imperio, en nombre de una independencia, diseñada por Gran Bretaña para su beneficio.

No podemos terminar este comentario pasando por alto el presunto compromiso cubano con la intentona que llevó a la cárcel a Yazov; un hecho al que apuntan, entre otros indicios, la oposición del régimen de la Isla a que el mundo condenara, lo que Granma definió como “las nuevas autoridades”, así como los rumores encontrados que corrían en la Isla en los días previos al golpe entre los cadetes que se formaban en las academias militares cubanas, el de que Gorbachev era un agente de la CIA y el de que su deuda con la URSS pronto sería condonada, a cambio de una prestación militar. Es lo que casi terminó haciendo Vladimir Putin, aparentemente gratis, cuando en julio pasado, tras aterrizar en La Habana, anunciara la decisión de condonar el 90 % de la deuda cubana con Moscú, el restante 10 % sería invertido en proyectos conjuntos de inversión en la Isla.

Un interesante artículo publicado en Café Fuerte, el 21 agosto de 2011, con la firma de Wilfredo Cancio Isla y bajo el título de ¿Conocía Fidel Castro los planes del golpe militar contra Gorbachov en 1991? nos hace pensar que al igual que el asesinato del general Juan Prim, el de la Perestroika, también pudo haberse fraguado en La Habana. El redactor de Café fuerte nos cuenta:

En octubre de 1990, después de un viaje a Estados Unidos, arribó a La Habana el jefe del Estado Mayor del Ejército Soviético, Mijail A. Moiseev, mientras que en Cuba se encontraba un huésped frecuente de Castro, el exministro de Defensa soviético Serguei L. Sokolov. El mariscal Sokolov fue removido del cargo por orden expresa de Gorbachev en mayo de 1987, después del aterrizaje de Matias Rust en la Plaza Roja.

El general Moiseev recibió la Orden de la Solidaridad en La Habana en el 2009. El Mariscal Serguei F. Ajromeev, quien se suicidó días después del golpe, no perdía ocasión para afirmar en la prensa soviética que no existían tropas soviéticas en Cuba, y se negaba a juzgar lo que sucedía en la Isla cuando era inquirido entonces por los periodistas en su calidad de asesor militar de Gorbachev.

El jefe del KGB, Vladimir A. Kriushkov, visitó Cuba desde el 27 de mayo hasta el 1 de junio de 1991. Seis días en total, algo inusual para el jefe de los servicios secretos de una de las superpotencias de aquel momento; como jefe de la dirección de análisis del KGB fungía el general Nikolai S. Leonov, amigo de Raúl Castro desde mayo de 1953 y uno de los más férreos críticos de la perestroika. De enero a agosto de 1991 se encargó de elaborar todos los reportes analíticos para la dirección del KGB.

Otro que hacía gala de presencia en la capital cubana en mayo de 1990 era Oleg D. Baklanov, vice jefe del Consejo de Defensa Nacional de la URSS, encargado del complejo militar-industrial. Baklanov viajó a La Habana invitado nada menos que por Juan Escalona, Presidente de la Asamblea Nacional y fiscal de la causa 1/89. El propio Fidel Castro recibía a este miembro del Secretariado del PCUS y al regreso a Moscú hacía hincapié en la prensa soviética sobre la “necesidad defensiva” de Cuba como “bastión del socialismo”, por lo que necesitaba de la “imprescindible ayuda militar” de la URSS.

En noviembre de 1990, Oleg S. Shenin, otro de los miembros del GKChP (Comité Estatal de Situación de Emergencia), visitaba en calidad de miembro del Politburó a Cuba. Al regresar a Moscú diría que “publicaciones destructivas introducen elementos desagradables en nuestras relaciones, las afectan”. Desde el Departamento Ideológico del PCUS, encabezado por Alexander S. Kapto, exembajador de la URSS en La Habana (también Orden de la Solidaridad), se emitía la orden de cerrar el semanario Novedades de Moscú, en agosto de 1991, entre las faltas que se le imputaba a la publicación moscovita estaba el haber afectado las relaciones de la Unión Soviética con Cuba.

Todo esto podría apuntar a que como en el caso del asesinato del general Juan Prim, en Madrid, fraguado en La Habana según el historiador Manuel Moreno Fraginals, fuera en la capital cubana donde se planeara la muerte de la Perestroika; el proyecto gorbachevista aniquilada por el juego mano a mano, entre militares inmovilistas, y políticos disfrazados de liberales, al estilo de los independentistas latinoamericanos de antaño, de cuyo concubinato nació el putinismo, una doctrina de estado que como cualquier otro nacionalismo se basa en el desencuentro con la historia.


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