Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Medio Oriente

Los asentamientos de la discordia

Netanyahu provoca que las relaciones entre Washington y Tel Aviv estén de capa caída.

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Asentamientos en el barrio judío de Har Homa, en Jerusalén oriental, el 13 de septiembre de 2009. (AP)

Asentamientos en el barrio judío de Har Homa, en Jerusalén oriental, el 13 de septiembre de 2009. (AP)


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La decisión del gobierno israelí de construir 455 nuevos asentamientos en Cisjordania está empezando a tensar las proverbialmente buenas relaciones entre el Estado hebreo y EE UU. Con Barack Obama, la política del "todo vale" que la administración del anterior presidente George W. Bush había seguido con Israel, no parece que vaya a funcionar más.

Washington ha expresado su "decepción" ante la medida decretada por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de ampliar los asentamientos en territorio palestino. Según el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs: "Estados Unidos no puede aceptar la decisión de construir más asentamientos, ni reconoce su legitimidad, y pedimos al gobierno israelí que cese esta expansión. Estamos intentando crear un clima de reconciliación en el que podemos llevar a cabo las negociaciones y estas acciones hacen nuestro trabajo mucho más difícil".

Dentro del plan de Netanyahu, primero viene la construcción de estos centenares de viviendas, y una vez concluida la edificación, entonces existirá la posibilidad de sentarse a negociar. Este plan es inaceptable, tanto para el presidente palestino Mahmud Abbas como para el gobierno de Barack Obama. También el resto de la comunidad internacional, como la Unión Europea, se ha apresurado a tachar de "inaceptable" esta resolución, que no sólo dificulta más el proceso de paz, sino que parece estancarlo del todo.

El portavoz de Abbas, Nabil Abu Rudeina, dejó claro que "no habrá una vuelta a la mesa de negociación hasta que no se paralice totalmente la construcción de estas viviendas".

Según los medios de comunicación israelíes, el primer ministro hebreo está pensando ralentizar la construcción de los asentamientos, pero esto excluiría de todas formas las 2.500 viviendas que ya están siendo levantadas en Cisjordania, y las de Jerusalén Este, la futura capital del Estado palestino.

Los medios israelíes también opinan que el gobierno de derechas de Netanyahu se ha visto presionado por miembros de su partido, el Likud, para continuar y expandir la construcción de los asentamientos. En caso de que Tel Aviv no suspenda estas obras, Abbas ha declarado que no participará en la reunión planeada para este mes entre él, Netanyahu y EE UU.

Obama está dispuesto a no ceder para buscar la paz en Oriente Medio. El enviado especial para la región, George Mitchell, se reunirá con Netanyahu este mes, antes de la reunión prevista para intentar encontrar una solución al problema de los asentamientos.

¿Por derecho divino?

Actualmente, hay alrededor de medio millón de colonos repartidos entre Jerusalén Este y Cisjordania, de los cuales la gran mayoría tiene la creencia mesiánica de que el Estado de Israel, al igual que en tiempos bíblicos, debería de alcanzar hasta el río Jordán. La zona que los judíos llaman Judea y Samaria corresponde a Cisjordania, y estos colonos consideran una obligación del Estado recuperar la tierra que ellos creen les pertenece por derecho divino.

Algunos analistas opinan que la intención de Netanyahu es distraer a la comunidad internacional haciendo un parón de algunos meses en las obras, para luego continuar la construcción. De esta forma contentaría a los miembros de su partido y a los votantes de derechas.

Precisamente ahora que muchos países árabes estaban avanzando en la normalización de sus relaciones con Israel, si este país continúa su política de expansión ilegal, todos los esfuerzos previos habrán sido en vano. Por ejemplo, Siria, con la que hay rumores, desde hace más de un año, de la posible firma de un acuerdo de paz.

Obama lo tiene difícil para cumplir la promesa de llevar la paz a Oriente Medio; varios presidentes estadounidenses lo han intentado antes. El último fue George W. Bush, con la Conferencia de Anápolis, que al final quedó en agua de borrajas. Además, ahora tiene que lidiar con Benjamín Netanyahu, un primer ministro del ala dura, que tiene como ministro de Exteriores a un político que proclama que habría que echar a todos los árabes de Israel.


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