Actualizado: 05/12/2019 10:02
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Marte y Venus

Europa, EE UU y la política hacia Cuba: ¿Es posible el consenso?

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Marte y Venus: eso es lo que parecen Estados Unidos y Europa en muchos frentes, uno de los cuales es la política a seguir con respecto a Cuba. Pero atención, sus discrepancias no giran en torno a la valoración de Fidel Castro y su despótico régimen —puntos en los que coinciden—, sino en cuál es la mejor vía para incentivar el surgimiento de una Cuba próspera y democrática.

El pasado 8 de noviembre la prominente organización estadounidense para la salvaguarda de los Derechos Humanos, Freedom House, conjuntamente con FRIDE, la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior radicada en Madrid, mantuvieron una conferencia en Bruselas acerca de las perspectivas que tendría una agenda trasatlántica. Los ponentes se entregaron a un apasionado intercambio de consideraciones que nos motivaron al resto a prestar atención, algo a destacar en el altamente cargado terreno de la política sobre Cuba. Lo que sigue son los puntos claves de mi presentación.

Los embargos y los compromisos constructivos son herramientas de la política exterior que cuando se adoptan en consenso por la comunidad internacional, como sucedió con el apartheid de Sudáfrica, prometen resultados esperanzadores. Tal consenso no ha sido posible en el caso de Cuba, y no lo será bajo las presentes circunstancias. Aún así, todos concuerdan en el papel central que juegan los tres actores principales: el régimen (especialmente los militares y los reformistas ocultos), la oposición y la sociedad civil. En la política que siguen EE UU y Europa actualmente, cada cual le da un énfasis diferente a cada uno de estos actores. Ambos, sin embargo, reconocen que el futuro de Cuba depende de las acciones de los cubanos de la Isla.

Ni Europa ni EE UU parecen tener planes alternativos. Washington insiste en una transición rápida a la democracia en cuanto Castro desaparezca. Pero, ¿y si un gobierno sucesor se estabiliza durante un tiempo? ¿No sería esto un freno para una transición pacífica? Es precisamente por este último escenario por lo que Europa está apostando, lo que en mi opinión es la política más inteligente. Aún más: ¿qué pasará si un régimen sucesor perpetra una masacre como la de Tianamém? Establecer planes que contemplen las respectivas antítesis de los acercamientos actuales de Europa y EE UU es imperativo.

Usando medios diferentes, el embargo de EE UU y el compromiso europeo buscan ambos reducir la represión y facilitar una transición pacífica. Pero Castro es irreflexivamente intransigente. Después de 1990, pudo haber conducido al régimen a una transformación como la que hizo Vietnam. El gobierno de Clinton hubiera podido responder con las “medidas calibradas” sugeridas por el entonces Secretario de Estado, Warren Christopher. El estándar de vida del cubano medio seguramente habría mejorado. ¿Quién sabe dónde estuviéramos hoy si una transformación así hubiera sucedido? Castro, sin embargo, eligió otra cosa, y así nos encontramos hoy.

Cualquier esperanza para lograr una agenda trasatlántica depende del diálogo. Eso fue lo que sucedió cuando George H. Bush y Felipe González estuvieron de acuerdo en que EE UU y España siguieran con sus estrategias respectivas, mientras se mantuvieran avanzando en la misma dirección. Más tarde, el gobierno de Clinton se las agenció para aplacar las más serias objeciones de la Unión Europea sobre la ley Helms-Burton. La UE también emitió la Posición Común Para Cuba, que indujo un acuerdo de cooperación con el gobierno cubano para el mejoramiento de los Derechos Humanos en la Isla.


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