Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Panamá

Más democracia

En una región fascinada por el neopopulismo chavista, el país istmeño sigue marcando el camino hacia la prosperidad.

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El empresario Ricardo Martinelli (1952) será el nuevo presidente de Panamá, al imponerse el pasado domingo sobre sus dos contendientes: la representante del oficialista Partido Revolucionario Democrático (PRD), Balbina Herrera, y el ex mandatario Guillermo Endara. Su victoria fue contundente, apoyada por más del 60% de los votantes, con una diferencia de alrededor de 23 puntos sobre la candidata del PRD.

En 2004, Martinelli y su partido, Cambio Democrático, participaron en las elecciones presidenciales, donde resultó ganador el ya presidente en funciones, Martín Torrijos. Esa vez, el empresario quedó en último lugar, con apenas el 5,03% de los votos. En aquel momento, a nadie le pasó por la cabeza que cinco años después el último sería el primero.

A deferencia de 2004, Martinelli acudió a este proceso en coalición con otros dos grupos de corte conservador, uno de ellos el Partido Panameñista, otrora Partido Arnulfista, que había llevado a la presidencia a Mireya Moscoso en 1999.

Esta vez, el principal mensaje de su campaña fue la necesidad de un cambio. Al candidato, en particular, hay que reconocerle su carisma y empeño por llegar físicamente al ciudadano común, cosa que solamente suelen hacer los políticos en campaña, ya como parte del "rito" electoral, pero que unos lo hacen mejor que otros.

Llegados a este punto, podríamos preguntarnos en clave nacional panameña: ¿cuál es la novedad de la victoria de Ricardo Martinelli?

Por primera vez, desde que en 1989 llegó la democracia al país, el presidente no procederá ni del Partido Revolucionario Democrático ni del Partido Panameñista o Arnulfista. Cuando en el mes de julio Martinelli asuma el poder, finalizará esa alternancia bipartidista inaugurada con Guillemo Endara (arnulfista) y continuada con Ernesto Pérez Balladares (PRD), Mireya Moscoso (arnulfista) y el actual presidente, Martín Torrijos (PRD), sucesivamente.

Continuismo y crecimiento

Sin embargo, hay que introducir algunos matices que nos harán entender la (escasa) dimensión de la novedad. En primer lugar, si bien es novedosa la ruptura con la dinámica política anteriormente apuntada, el candidato Martinelli contó con el apoyo del Partido Arnulfista. De hecho, fue el segundo partido de la coalición de tres que más votos aportó a la candidatura del empresario.

En segundo lugar, que el candidato ganador, había sido director de la Caja de Seguro Social durante la presidencia de Ernesto Pérez Balladares (1994-1999) y ministro del Canal en el gobierno arnulfista de Mireya Moscoso (1999-2004). En tercer lugar, que sin tener en cuenta las coaliciones, el PRD fue la fuerza más votada a nivel nacional y es la que más parlamentarios tendrá en la nueva asamblea. En el caso del parlamento, el partido del próximo presidente será la tercera fuerza, aunque gracias a la coalición tendrá la mayoría.

Estos factores hay que tenerlos en cuenta, porque seguramente condicionarán, unos en mayor grado que otros, la dinámica interna del poder en la nueva etapa.

¿Qué cambios vendrán? Pocos. A pesar de que no se tiene bien claro cuál será su plan de gobierno, hay cosas en las que se esperan pocos cambios. Con Ricardo Martinelli, Panamá seguirá teniendo una economía abierta y dinámica, combinando medidas de corte liberal, como la rebaja de la presión fiscal, junto a cierto grado de intervención estatal.

El país seguirá siendo una importante plaza para el sector bancario, líder en el abanderamiento de buques, destacado en la creación de sociedades mercantiles, un atractivo destino para las inversiones en general y un lugar preferido por pensionistas norteamericanos para pasar sus últimos años de vida.

Esta ha sido la dinámica económica que ha proporcionado a Panamá un crecimiento que se ubicó en un 11,5 % en 2007 y en un 9,2 % en 2008. Con dichos datos, Panamá fue el país latinoamericano con mejor evolución económica en 2007 y el número 3 en 2008, según datos de la CEPAL. Las previsiones de crecimiento para este año de crisis financiera internacional se ubican alrededor del 3% y el 5%.

En medio de las predicciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el aumento preocupante del desempleo en el mundo, Panamá exhibe unos datos muy positivos en ese aspecto. Así, por ejemplo, en enero de este año unas 20.573 personas fueron contratadas, significando un crecimiento de un 21,6% respecto al mismo mes de 2007 y más que los 16.905 que se registraron en 2008.

Dentro de pocos meses se iniciarán las obras más importantes de la ampliación del Canal. La vía interoceánica tendrá que ser adaptada a los barcos, que cada vez son de mayores dimensiones. Dicho proyecto requerirá una fuerte inversión por parte del Estado, pero además de tener como resultado su necesaria ampliación, las obras serán una importante fuente de empleos directos e indirectos.

Los retos de Martinelli

El previsible rumbo de Panamá, gobernado por Martinelli, será hacia la consolidación de dichos proyectos y resultados, ahora con la promesa de mayores ayudas para la gente pobre, en especial, para poder comprar su vivienda, lo cual a la vez estimularía el sector de la construcción. Además, prometió la construcción de un metro en la capital.

Uno de los problemas económicos que Martinelli tendrá que enfrentar o mitigar será la inflación. A pesar de que ahora se está conteniendo, en estos años de crecimiento económico la inflación ha encarecido sobremanera la canasta básica de la familia panameña.

Pero, más allá del ámbito económico, Panamá necesita cambios en otras direcciones. En ese sentido, hay dos problemas preocupantes. En primer lugar, los niveles de pobreza de determinados sectores, especialmente el indígena, y el tema de la corrupción.

Todos los candidatos en democracia han hecho promesas en esos dos aspectos, pero una vez en el gobierno, sucumben ante la indiferencia y la tentación del asistencialismo, en el caso de la lucha contra la pobreza, y en el corporativismo (especie de apaño entre políticos o profesionales) en el de la corrupción.

Por otro lado, Panamá necesita un impulso a sus sistemas de educación y salud, para que estén en consonancia con el desarrollo que el país está experimentando en otros sectores. Modernización y eficacia que tendrán que introducir, a pesar de la demagogia de determinados sectores sindicales, que agitan el fantasma de la privatización cada vez que se habla de cambiar algo, pero que en el fondo defienden intereses creados y su propio nepotismo.

Sin ecos chavistas

En clave regional habría que hacer una importante acotación. La mayoría de las agencias de noticias, ignorando la realidad del país o simplemente dejándose llevar por los acalorados debates de la campaña, presentaron la contienda panameña como otra más entre la corriente autoritaria chavista y la demócrata. Dicha idea no se corresponde con la situación política istmeña.

El Partido Revolucionario Democrático, que proponía a Balbina Herrera, ha gobernado en dos períodos durante la democracia. Las dos veces ha llegado por la vía electoral al poder, en ninguna de las dos ha existido quiebre institucional alguno, en ninguna se han limitado los derechos de los panameños y en las dos, una vez finalizado el mandato, ha traspasado el poder al ganador sin sobresaltos.

Quizás el primer mérito, el electoral, no le diferencie mucho del camino neopopulista, pero los otros aspectos conforman un inmenso abismo que separa a los socialdemócratas panameños de la locura chavista. Poco le queda al PRD de los tiempos de Torrijos y Noriega.

Aparte de contadas excepciones, el chavismo en Panamá está fuera del arco político partidista, situándose específicamente en los sindicatos y en algunos círculos universitarios.

Es verdad que muchos desean recibir por lo menos una pequeña brisa que no huela a victoria de Hugo Chávez, pero trasportando ficticiamente la polémica hasta Panamá, dejamos de reconocer el apego de todos y cada uno de los partidos panameños a la democracia, instaurada a principio de los noventa y que tanta estabilidad ha dado al país. Ésa sí es la victoria sobre el chavismo.

En el plano de las relaciones internacionales, no se esperan grandes cambios. Panamá seguirá siendo un país cordial con todos, seguirá defendiendo sus intereses comerciales y se reafirmará como uno de los principales respaldos a Estados Unidos en la región.

Panamá es un gran país, el panameño ama la concordia. En un continente, en gran parte fascinado por el neopopulismo chavista, Panamá señala cuál es el camino a seguir para lograr la prosperidad. El sendero es la democracia estable, esa que ayudó a recuperar Ricardo Arias Calderón, eterno amigo de Cuba.

Los panameños, que son dados a las transacciones, saben que tendrán que cambiar algunas cosas, aquellas que otros utilizarán para burlarse de la libertad; pero la medicina política no puede ser otra que más democracia. Democracia que representan todos los partidos políticos locales.


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Ricardo Martinelli, presidente electo de Panamá. (AP)Galería

Ricardo Martinelli, presidente electo de Panamá. (AP)

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