Actualizado: 26/09/2018 10:19
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México, Elecciones, La denuncia de hoy

México, de mal para peor

¿Cómo será posible que alguien aspire al poder político gracias a elecciones libres y alabe a un régimen que no las permite hace seis décadas?

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Las elecciones presidenciales en México se llevarán a cabo el próximo 1 de julio. Las encuestas indican que el izquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO), fundador del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se mantiene como puntero en las preferencias de los electores, con algo más de 20 puntos porcentuales sobre su contendiente más cercano, Ricardo Anaya, de la coalición encabezada por el Partido Acción Nacional (PAN).

El otro aspirante de fuerza es José Antonio Meade, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en coalición con otras dos organizaciones políticas.

Ni Ricardo Anaya ni José Antonio Meade son candidatos verdaderamente fuertes. No tanto por sí mismos como por las estelas grises que han dejado sus partidos a lo largo de la historia de México.

El PRI es el causante de la corrupción que permeó y permea a la nación azteca desde hace casi 90 años —corrupción igual en el quehacer de las instituciones como en los diversos estratos de la vida civil.

El PAN tuvo sus momentos de oro en 2000 y 2006 y no consiguió convencer a la población. De 2000 a 2006 gobernó al país Vicente Fox, un ranchero con ínfulas de estadista (con el perdón de los rancheros); de 2006 a 2012 Felipe Calderón, quien siempre tendrá a su haber la liquidación de “Luz y Fuerza del Centro”, un tumor maligno que no dejó de hacer metástasis en otros sectores de la sociedad allende la generación, mantenimiento y facturación de la energía eléctrica. En contra de Felipe Calderón anotamos haberle declarado al narcotráfico una guerra sin la debida preparación, lo cual, según la mayoría de las estimaciones, originó 140 mil muertos entre militares y narcotraficantes —aparte de las muertes más dolorosas: los ciudadanos inocentes, definidas por el gobierno de entonces como “daños colaterales” y cuyo número se desconoce, aunque se sabe que no fueron pocos.

Mas, lo peor que podría ocurrirle a México es que resulte elegido presidente AMLO, un izquierdista con un discurso de barricada que ya está fuera de tiempo y lugar; un izquierdista que solo reconoce como cierto lo que él da por cierto; un político que lleva 14 años en campaña presidencial y muestra esa tendencia de ofender al adversario sin el menor recato, propenso a dirimir querellas mediante vulgaridades.

La izquierda gobierna la Ciudad de México (CDMX) desde que fue posible la elección para jefes de gobierno en esta región —que hasta hace poco se denominaba Distrito Federal—, en 1997.

Negar el considerable desarrollo de CDMX en estos 21 años sería cuestión sin dudas de mala fe. El avance se constata en todos los sectores, tanto de los que llaman de alto impacto como los otros, los que son de bajo impacto, pero se van haciendo de gran en la medida en que una región se desarrolla. Así, han ido adelante desde la educación hasta la asistencia médica pasando por la infraestructura, la ecología y el medioambiente.

Lo anterior demuestra que la izquierda es algo positivo si está guiada por personas decentes, con una ambición de poder moderada y con los conocimientos necesarios.

De los jefes de gobierno que ha tenido hasta hoy la CDMX solo uno ha resultado pendenciero, sin oídos para lo que exprese el opositor, AMLO, quien lo fuera de 2000-2006; lo que incluye un lapso en que dedicó sus energías a la preparación de su campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2006.

Cuando no resultó elegido presidente de México en 2006 —resultó vencido por muy escaso margen— AMLO, como acción de protesta, cerró por 48 días varias calles y avenidas del centro de la ciudad; lo cual originó pérdidas por más de 7.000 millones de pesos y serias afectaciones a unos 35.000 establecimientos, así como el despido de unos 4.000 trabajadores y la quiebra de varios negocios de pequeños comerciantes.

Asimismo, bajo las carpas, los podios en las calles y avenidas cerradas, convertidas en “hervidero revolucionario”, se llevaban a efecto —nadie me lo dijo, yo lo vi— actividades político-culturales que incluían cantos, loas, alocuciones en favor del desaparecido y tristemente célebre mandatario venezolano Hugo Chávez, y aunque usted no lo crea… destaques de los “grandes logros” de la revolución castrista.

AMLO es propenso al ridículo o la fantasía o la ingenuidad, según quiera verse. Cito dos de sus momentos cumbres en esta condición: cuando, en 2006, aun recibió la presidencia del país en una “ceremonia” colateral a la oficial y cuando, recientemente, en un mitin de campaña comunicó a sus seguidores que sus contrincantes estaban infiltrándose en las concentraciones que él organizaba, con el propósito de robar carteras, en las cuales, se supone, se hallaban las Credenciales de Elector, que luego los adversarios utilizarían votando contra él —aunque no imaginamos cuál sería el modo, se puede suponer que resultaría muy complejo eso de que alguien vote con la credencial de otro.

En sus mítines, AMLO suele “dialogar” con los asistentes y aun preguntarles “Sí” o “No”. Y también solicita que levanten la mano quienes estén de acuerdo con lo que acaba de expresar. ¿Qué les recuerda semejante caciquismo, semejante muestra del peor populismo a los cubanos?

El candidato de MORENA ha participado en tres elecciones, dos para presidente y otra para jefe de gobierno de la CDMX, en la cual resultó vencedor. En esta no hubo fraude, en las otras dos, sí; según él. En las pasadas de 2012, cuando todavía el mandatario elegido no se había pronunciado públicamente, AMLO manifestó en público que le habían “robado” como 5 millones de votos… “casualmente” una cifra muy parecida a la desventaja que para él habían arrojado las urnas.

Algunos analistas han afirmado que la intención de voto que hoy se inclina para AMLO resulta porque la población intenta darles un voto de castigo al PRI y al PAN. Es posible… pero esto, más bien, resultaría un voto de autocastigo, un autogol.

Otros, que les parece extraño que el representante de MORENA posea tanta ventaja en las encuestas, puesto que los territorios Norte, Sur y Centro de la República Mexicana siempre han sido exponentes de preferencias electorales muy distintas.

En sus tantísimos mítines de campaña, AMLO, cual si contara con una varita mágica, ha expresado que cuando resulte presidente erradicará o al menos reducirá considerablemente la pobreza que asola a México.

Nada descubro al afirmar que la pobreza y otros males sociales desaparecen o se reducen solo con el crecimiento económico sostenido; lo cual, claro, requiere no pocos años de buen gobierno.

Asimismo, ha afirmado el hoy nuevamente candidato presidencial que cuando él, dentro de poco, tome las riendas del país, desaparecerá la corrupción. De inmediato, solo de llegar a la casa de gobierno de Los Pinos, quedará abolida la corrupción. Otro varillazo mágico.

Nada descubro si afirmo que la corrupción, como otros deterioros del tejido social, igualmente solo desaparece cuando el incremento de la economía resulta propicio para ello. La corrupción tiene uno de sus basamentos fundamentales en el área estatal; y para exigirles a los componentes de esta un obrar con honestidad es imprescindible favorecerlos con los bienes adecuados.

La mayoría suele equivocarse

En caso de que AMLO resulte elegido presidente de México, no sería la primera vez que la mayoría se equivocara. Miremos hacia atrás y allí están las elecciones de fin del siglo pasado en Venezuela o el apoyo que los cubanos le brindaron a Fidel Castro hace algo más de 59 años.

Dicen que “nadie escarmienta por cabeza ajena”; lo mismo podríamos expresar de los pueblos: en ciertos casos tiene que ocurrir lo que no debería ocurrir para que entiendan, “escarmienten”.

¡Adorador de Fidel Castro!

Hasta hoy, lo más aterrador de lo expresado por el candidato de MORENA a la presidencia de México, ocurrió cuando se pronunciara a raíz del fallecimiento del gobernante cubano Fidel Castro, a finales de 2016.

Entonces AMLO dejó saber que Fidel Castro podría compararse con Nelson Mandela, que “Castro es un gigante” de la política mundial, y aún más… y esto es como para persignarse: “Para nosotros [AMLO y sus seguidores] el comandante Fidel Castro es un luchador social, político de grandes dimensiones, porque supo conducir a su pueblo y alcanzar la auténtica, la verdadera independencia”.

¿Ignorancia o perversión de parte de Andrés Manuel López Obrador?

¿Desconoce él que durante sus 50 años de dictadura Fidel Castro sumió a su país en la miseria, el miedo, la represión que aún la Isla padece?

¿Cómo será posible que alguien aspire al poder político gracias a elecciones libres y alabe a un régimen que no las permite hace seis décadas?

¿Cómo será posible que alguien aspire a la presidencia de un país apoyándose en la libertad de prensa y alabe a un régimen que la ha abolido hace más de cinco décadas?

Bueno…

Así, no es difícil vaticinar los modos en que gobernaría AMLO en caso de resultar elegido presidente. Como izquierdista radical, serían el odio, la venganza, la exclusión, la ofensa, la impiedad contra sus adversarios, el ánimo divisivo sus principales divisas, las cuales inocularía o intentaría inocular en lo peor con que cuenta toda sociedad.

Como “gobierno ideológico” haría de su lucha “antiimperialista” uno de sus principales propósitos. Despotricaría contra la administración estadounidense sin que le importara la respuesta que recibiría del vecino del Norte.

Como gobernante de “izquierda legítima”, la emprendería contra los empresarios, los superricos, medio ricos, casi ricos… causantes de todos los males sociales…

Los inversionistas emigrarían, el peso se devaluaría aún más, la Bolsa de Valores se iría hasta el sótano… pero nada de esto sería responsabilidad del entonces presidente mexicano y su equipo… no hombre, no…, ahí, como en los casos de Cuba y Venezuela, tenemos al “imperialismo yanqui”, el causante de todas las desdichas…

Nada descubrimos igualmente al expresar que México, a partir de las elecciones presidenciales del 1 de julio, podría comenzar una larga noche… una larga noche de 6 años.

Ya ven. Así van las cosas.

Referencias:


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