Actualizado: 23/10/2017 19:18
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México, Temblor, La denuncia de hoy

México, desastre, corrupción, show

Al cierre de estas líneas es posible corroborar que los apoyos comienzan a marchar por buen camino y están llegando a las miles de personas que han perdido sus viviendas  

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Por estos días ha florecido la solidaridad entre los mexicanos —o, para intentar ser exacto, de mexicano-a-mexicano— a raíz del terremoto que azotó al país el pasado día 19 y que hasta hoy se ha cobrado la vida de 307 personas, incluida una treintena de niños.

Resulta esperanzador observar cómo adolescentes, hombres, mujeres, ancianos y aun personas con limitaciones físicas han acudido a las zonas de desastre para ofrecer su ayuda de la manera en que sea posible.

Aun algunos apoyos han consistido en brindar agua, café, comidas a los compatriotas que se encuentran trabajando noche y día con el propósito de intentar el salvamento de quienes todavía padecen bajo los escombros. Estos apoyos no serían noticia si quienes lo brindaran fuesen los potentados patrios, pero resulta que, según se ve tanto en la TV como en las redes sociales, los “donadores”, los auxiliadores, los voluntarios provienen de las capas humildes de la población. Como igual provienen de estas quienes han trabajado en ocasiones más de 36 horas removiendo escombros; o realizando cadenas para, mediante pesadas cubetas repletas de brozas, despejar las vías para las labores de rescate; u organizando las veredas para que los transportes salvadores puedan penetrar en las áreas afectadas.

El Ejército Mexicano también ha puesto de su parte, laborando con constancia y, hay que decirlo, de modo muy organizado al cumplir con un cometido que en otros países le corresponde a la Guardia Nacional.

Bueno… y se ha formado el pugilato de parte de determinados grupos poblacionales, en cuanto al destino de las donaciones tanto en especies como en efectivo.

El pugilato puesto que la corrupción en este país es proverbial, a tal punto que se podría decir que casi nadie confía en casi todos.

O sea, una corrupción patente tanto en los niveles más altos como en los más bajos. Y asimismo resultaría difícil topar con una agrupación política o social, un gremio, una institución, etcétera, en donde no se constatara, al menos en alguna medida, tal inmundicia.

Uno de los factores que han colaborado para crear lo antes dicho ha sido el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que se mantuvo durante 71 años en el poder federal malversando y de paso elaborando la inmoralidad ambiente.

El PRI, que consiguió un eslogan triste tanto entre sus seguidores como en el común de las personas: “El PRI roba, pero deja robar”.

Será también una dañina premisa de arrancacuello esta: “Mejor es ser cabrón, que tonto”.

Por las causas aludidas, de algún modo ha continuado el tejemaneje en cuanto a la canalización de las donaciones y otras ayudas que están llegando de diversos países y, no lo olvidemos, de otras regiones de la República Mexicana para la Ciudad de México y los estados de Morelos y Puebla, azotados por el sismo.

Sin embargo, al cierre de estas líneas es posible corroborar que los apoyos comienzan a marchar por buen camino, al arribar fundamentalmente a los albergues que han establecido las autoridades para las miles de personas que han perdido sus viviendas. ¿En qué porcentaje debe agradecerse, que así esté resultando, a la presión ejercida por la sociedad civil? Queda en la bruma la repuesta. Ojalá llegue el día en que lo mismo esta pregunta que las afirmaciones anteriores no tengan sentido.

Y bueno... el pasado sábado afloró otra de las perfidias que aquejan a la sociedad azteca: el show correspondiente en una de las televisoras más banales que ha conocido la humanidad, según afirman los entendidos.

El show para, según se avisa en el programa de la televisora aludida, proporcionar fe y hacer ver la estima del pueblo mexicano, que ha sido capaz de crecerse ante la catástrofe.

El show con canciones, presentadores y presentadoras gritones, con “luminarias” traídas para la ocasión; con luces, lentejuelas y todo lo que un buen show conlleva.

Es triste.


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