Actualizado: 23/10/2019 9:47
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Rusia

Moscú sube la parada a Occidente

La estrategia para mantener el pulso con la OTAN y recuperar liderazgo mundial, explota la dependencia europea de su petróleo y su gas.

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Mientras buena parte del gas y el petróleo que consume Europa proceda de Siberia, el Kremlin encontrará la manera de hacerse respetar frente a Occidente, opinan expertos centroeuropeos. Estos afirman que esa es la clave de por qué la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha tenido que encontrar nuevos caminos para enfrentar la creciente complejidad de sus relaciones con Moscú.

Una prueba de ello, precisa el checo Vladimir Votapek, especialista en asuntos rusos, es que dos pesos pesados de la OTAN, Francia y Alemania, hayan convencido a sus aliados, durante la cumbre celebrada los primeros días de abril en Rumanía, para que se aplazara el ingreso de Ucrania y Georgia, a pesar de la presión de Washington.

¿Qué perseguían? Aplacar la ira de Rusia, que calificó los planes de expansión de la OTAN como "una invasión al espacio post-soviético".

Sin embargo, a pesar de las apariencias, los analistas están de acuerdo en que en la intención de todos está principalmente el interés de "ganar tiempo", y en que, al parecer, por esta vez "todos salieron ganando de Bucarest, o al menos así lo expresaron en sus respectivas ruedas de prensa".

Quién ganó y qué

Para Albania y Croacia, países invitados a ingresar en la OTAN, hubo un claro triunfo. Rusia consiguió que, debido a sus protestas, Georgia y Ucrania quedaran pendientes para una oportunidad mejor. Por su lado, Washington, si bien tuvo que ceder en este punto, logró el apoyo de sus aliados para iniciar la instalación en Polonia y República Checa de un sistema de radares y cohetes defensivos. Así que el previsible enredo diplomático quedó finalmente resuelto.

Robin Shepherd, jefe del think tank del Programa Europeo Chatham House, con sede en Londres, calificó esta última cumbre de la OTAN como "un compromiso donde todo el mundo salvó la cara, nadie obtuvo lo que quería, pero tampoco nadie quedó frustrado".

Incluso los supuestos perjudicados —el presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili, y su colega ucraniano, Viktor Yushchenko— expresaron haber obtenido "más de lo que habían pensado". En peor situación quedó Macedonia, vetada por Grecia. Sin embargo, hasta Rusia y Francia prometieron a Estados Unidos ayudar a la alianza a resolver los problemas en Afganistán.

La Rusia que viene

El dúo del presidente electo, Dmitry Medvedev, y el presidente saliente, Vladimir Putin (que pronto se transformará en primer ministro), parece que controlará hasta 2012 el movimiento económico y político de Rusia, un país que refuerza cada vez más sus posiciones en la arena internacional, después de la inestabilidad que siguió durante más de una década al colapso de la Unión Soviética en 1991.

Elegido por más del 70% de los votos el pasado 2 de marzo, Medvedev dice que "mejorará la calidad de vida de los rusos", aunque en política exterior "habrá pocos cambios". Su figura joven (42 años) sale a la palestra promovida por su mentor, Putin, quien lo eligió por ser el representante de una nueva generación de políticos que nunca pertenecieron ni al Partido Comunista ni a la KGB.

Medvedev ha dejado claro que no es ni un ingenuo ni un improvisado, y que su carrera hasta el Kremlin es resultado de haber sido el mejor discípulo de Putin, con quien trabaja desde los años noventa y quien lo elevó a la importante posición de presidente del monopolio estatal Gazprom.

Según los críticos de la política rusa, Gazprom es en realidad un instrumento del Kremlin, con un poder que se basa en manejar los recursos naturales, sobre todo energéticos, los cuales vende, entre otros, a una Europa cada vez más dependiente de esos suministros.

Para que se tenga una idea, Gazprom controla una tercera parte de las reservas de gas en el mundo y vende a Europa Occidental una cuarta parte de sus necesidades, a través de Ucrania.

¿Dejó Moscú de ser una amenaza?

Después de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York, Rusia se liberó de las críticas de Occidente por sus acciones en Chechenia, que pasaron a ser "parte de la guerra global contra el terrorismo internacional".

Además, el apoyo dado por Moscú a la campaña que inició Estados Unidos contra el terrorismo internacional tuvo un impacto en las relaciones Rusia-OTAN. En 2001 las dos partes acordaron crear el Consejo OTAN-Rusia, el cual dio al gobierno ruso un papel preponderante en la política antiterrorista en el mundo.

Luego de haber metido ese "gol" a la alianza noratlántica, Rusia se opuso a la acción de Estados Unidos contra Irak en 2003, y en 2005 firmó con Irán un acuerdo para venderle combustible para sus reactores nucleares. En otras palabras, Rusia ha demostrado que desea nuevas relaciones con Occidente, pero sin desistir de sus posiciones políticas en otras partes del mundo.

Europa mantiene su cautela

Los occidentales europeos han sido muy cautelosos en sus comentarios sobre el nuevo presidente ruso electo. Al conocer los resultados de las presidenciales rusas, la cancillería británica dijo: "Juzgaremos al nuevo gobierno por sus acciones"; mientras el ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, dijo que "la Unión Europea y Rusia tienen que comenzar un nuevo diálogo".

Expertos como Andrew Wilson consideran que la UE tiene pocas opciones frente a Moscú, porque Rusia no depende del comercio con Occidente. Un informe reciente del Consejo Europeo refiere que en 2007 Rusia creó un Fondo de Estabilización para precios del petróleo de 160.000 millones de dólares, que enseguida comenzó a ganar un impresionante 11% de ganancias, sólo en el campo de las inversiones extranjeras.

El texto precisa que en enero de 2008 los rusos dividieron el Fondo y destinaron 125.000 millones como reserva y 32.000 millones para un "National Wellbeing Fund" que será utilizado para invertir en otros países.

Y aunque algunas alarmas sonaron en países de la Unión Europea ante el temor de que Rusia busque objetivos políticos más que económicos con ese dinero, las empresas occidentales ya están haciendo cola para facilitarle la tarea al Kremlin.

Gazprom mueve sus fichas

Una de las cosas que el nuevo presidente ruso tiene muy claras es qué debe hacer para mantener su poder. Los expertos afirman que, en un movimiento sorpresivo, Gazprom firmó el pasado 11 de marzo un contrato con las compañías estatales de gas de Kazajistán, Uzbekistán y Turkmenistán, por el cual esos países recibirán "precios europeos" por sus entregas en 2009.

El precio, que va de 350 a 400 dólares por 1.000 metros cúbicos de gas, representa más del doble del precio que Gazprom paga actualmente a esas naciones, lo cual dará ganancias a las empresas Kazmunaigaz, Uzbelmeftegaz y Turkmengaz, pero golpeará a los consumidores europeos desde el primero de enero de 2009.

El contrato también implica que de ahora en adelante Gazprom mantendrá bajo control las exportaciones de los recursos energéticos de Asia Central y, al mismo tiempo, colocará en mejor posición a los exportadores cercanos a su política.

Gazprom, que ya controla todos los gasoductos que funcionan en la actualidad desde Asia Central, excepto un modesto oleoducto que corre entre Turkmenistán e Irán y se abre parcialmente entre Kazajistán y China, buscaba desde hace más de una década este negocio, que le permite mantener un virtual monopolio sobre las exportaciones de gas en la región.

Los analistas rusos dicen que pagar precios europeos por el gas de Asia Central reducirá las ganancias de Gazprom, pero en Occidente expertos como Matthew Clement, del Grupo de Información Jane, con sede en Londres, afirman que Gazprom resarcirá los gastos cargando los costos al consumidor.

Los occidentales ven claro que este acuerdo de Gazprom con las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central culmina un proceso que ha estado negociándose durante mucho tiempo, en el cual Rusia ha trabajado para estar segura de que Europa no tiene ninguna fuente alternativa de energía fuera de sus oleoductos y gasoductos.


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