Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Medio Oriente

Moviendo fichas

El pragmatismo de Abu Mazen y la retirada israelí de Gaza son factores que han logrado atenuar la diabólica espiral 'terrorismo-represión'.

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Si hace tres o cuatro años atrás a algún periodista se le hubiese ocurrido escribir que el ejército israelí forzaría a retirarse de Gaza a cerca de 9.000 colonos que allí tenían sus casas desde hace cerca de 40 años, de seguro habría sido calificado de ingenuo, en el mejor de los casos.

Sin embargo, a principios de septiembre fue realizada esa operación, lo que abrió nuevas esperanzas de un proceso de paz en el Medio Oriente.

La primera lección que se puede extraer de esta retirada israelí es que era impensable mientras estuvo en el poder el líder histórico de los palestinos, Yasser Arafat. Su desaparición física, el 11 de noviembre de 2004, abrió el camino para que dirigentes más pragmaticos asumieran el control de la Autoridad Nacional Palestina, lo que ha facilitado un proceso que todavía tiene muchos obstáculos que superar.

Hay un momento en el cual los líderes históricos se convierten en verdaderos obstáculos para cualquier solución. Sus posiciones políticas quedan anquilosadas. El inmovilismo, sin importar las consecuencias para sus pueblos, es el factor determinante para mantener las riendas de poder. Esa es una de las lecciones que se puede aprender de lo que ha sucedido en Palestina.

Es cierto que en estos últimos días, de nuevo, han surgido choques entre soldados israelíes y fanáticos radicales de Hamas. Sin embargo, la comunidad internacional tiene esperanzas de que puedan darse otros pasos para aplicar la denominada "Hoja de ruta" que, poco a poco, puede ir trayendo la paz a una de las regiones más convulsionadas del mundo.

Aunque da la impresión de que lo más adecuado ahora sería volver a la mesa de negociaciones e intentar aplicar la Hoja de ruta —con la intención de llegar a un acuerdo sobre el estatuto permanente—, eso es algo que a todas luces no va a ocurrir.

El presidente palestino, Mahmud Abbas (Abu Mazen), es reacio a aplicar la segunda fase de la Hoja de ruta, que estipula la creación de un Estado palestino con fronteras provisionales, porque teme que éstas acaben convirtiéndose en permanentes. Por su parte, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, se opone a aplicar la tercera fase del plan (que habla de un acuerdo sobre el estatuto permanente) porque no cree que exista un acuerdo con el que ambas partes puedan vivir.

De hecho, como para recordarnos que en relación con la Hoja de ruta el movimiento no tiene necesariamente que ir hacia delante, Sharón acaba de inventarse una nueva etapa: la "pre-Hoja de ruta", que, según dice, se prolongará hasta quedar satisfecho acerca de la capacidad de la Autoridad Palestina para combatir el terrorismo de modo creíble y eficaz.


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