Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Medio Oriente

Sharon y el beneficio de la duda

El líder israelí se juega su futuro político al fundar un nuevo partido.

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El primer ministro Ariel Sharon, en una operación inédita en la política israelí, abandonó recientemente el partido que lo llevó a la jefatura del gobierno, el Likud, hecho que conmocionó a políticos y analistas y al israelí de la calle, creando una gran exaltación en la opinión pública y, sobre todo, dando un paso decisivo en el trazado de un nuevo mapa político en su país.

La segunda desconexión unilateral de Sharon ha sido secuela evidente de la primera, la de Gaza y el norte de Cisjordania, que creó una irremisible escisión en el partido de gobierno, desde donde se oían las críticas más acerbas, acusándole de poner en práctica la política del Partido Laborista. De hecho, Sharon acaba de abandonar un partido que lo abandonó hace tiempo.

La clave de la decisión de Sharon —la apuesta más arriesgada de su carrera política— de abandonar con un sonoro portazo el partido que fundó hace treinta años y crear uno nuevo, el Kadima (Adelante), la encontramos sobre todo en una de las frases con que justificó su paso: "El Likud no puede conducir a Israel hacia sus metas nacionales".

Pero también cuando asegura que la vida en el Likud se había vuelto insoportable y que no estaba dispuesto a perder tiempo en luchas políticas. Sharon se propone, dice, dar a Israel una oportunidad histórica y no desperdiciar la ventana para la paz que abrió la retirada de Gaza y del norte de Cisjordania.

Lo que ha hecho Sharon, con su defección del Likud, es una clara indicación de que se propone continuar con la política que esbozó dos años atrás: la solución de dos Estados, israelí y palestino, con los principales bloques de asentamientos incorporados a Israel, y con Jerusalén bajo control israelí; aunque, a sus 77 años, no ignora que no le queda mucha vida política.

En un artículo publicado en este diario, el 24 de octubre pasado ( Moviendo fichas), se advertía de la posibilidad de que Sharon abandonase el Likud.

Antecedentes de un conflicto

En una situación tan compleja como el conflicto entre israelíes y palestinos, hay que tomar en cuenta algunos antecedentes históricos. El conflicto contemporáneo es un recorrido por los avatares del siglo XX.

Por el escenario han desfilado desde hace dos mil años judíos, romanos, árabes, cruzados, otomanos, británicos, franceses y las dos superpotencias de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética, que apadrinaron a Israel y a los árabes radicales, respectivamente. Pero el conflicto es entre judíos, que en 1948 fundaron su Estado, tras la emoción suscitada por el holocausto, y entre palestinos, que no tienen Estado.

Una vez acabada la Guerra Fría, y después de cinco conflictos armados, parecía que había llegado el momento del entendimiento. El proceso iniciado en 1993, con el demócrata Bill Clinton en la Casa Blanca, rozó la paz. Pero fue un espejismo. Bajo el fuego cruzado de los radicales de ambos bandos, quedó estancada la negociación abierta por el líder palestino, Yasser Arafat, y el primer ministro israelí Yitzhak Rabin, asesinado en 1995 por un extremista judío.

La muerte de Arafat abrió nuevas probabilidades de paz, que colocan de un lado a Sharon y del otro al presidente palestino Mahmud Abbas, también llamado Abu Mazen, ante la encrucijada de reeditar el proceso que llevó al desmantelamiento del apartheid en Sudáfrica. Un verdadero desafío histórico.

Lo cierto es que la retirada israelí de Gaza, en septiembre pasado, ya ha generado una nueva dinámica en la región.

El pasado 25 de noviembre, en un reportaje publicado en el diario español El País, se mencionaba lo siguiente: "Gaza comienza a respirar. Ya se aprecia un notorio alivio en sus habitantes, que desde la evacuación israelí, el 12 de septiembre, pueden circular por la franja mediterránea sin perder cinco horas para recorrer 30 kilómetros. Pero a partir de hoy, con la apertura del cruce de Rafah, fronterizo con Egipto, el millón y medio de palestinos residentes en este empobrecido territorio podrán salir de un encierro que dura cinco años. La Unión Europea, que desplegará unos setenta policías en el paso, asume por primera vez funciones de seguridad en el ámbito del conflicto israelo-palestino".

La Autoridad Nacional Palestina inauguró ese día la primera frontera bajo control de sus agentes de seguridad en el sur de Gaza, en Rafah, con una declaración de su presidente Mahmud Abbas: "Cada palestino tiene ahora su pasaporte preparado en el bolsillo, permítanles llegar y cruzar la frontera cuando lo deseen". Luego, cortó la cinta con la ayuda del jefe de la inteligencia egipcia, Omar Suleiman. De forma simbólica, Abbas fue el primer ciudadano al que se le selló el pasaporte.


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