Actualizado: 01/07/2022 16:17
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Venezuela, Nicolás Maduro

Nicolás Maduro, «patán»

Las pasiones personales entre hombres con poder político suelen ser extremadamente peligrosas

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Entre otros apelativos, con este calificó en días pasados la congresista peruana Lourdes Alcorta al presidente venezolano en funciones Nicolás Maduro. Esto a raíz de que Maduro llamara a consulta al embajador venezolano en Lima, por la convocatoria que antes diera a conocer el canciller de Perú, Rafael Roncagliolo, para alcanzar “tolerancia y diálogo” en la convulsa Venezuela. Posteriormente, el diferendo quedó rebasado por iniciativa del propio Maduro, quien decidió “dar vuelta a la página” luego de que su embajador en Lima se entrevistara con el presidente peruano Ollanta Humala.

En días pasados, Nicolás Maduro arremetió contra el canciller español, José Manuel García Margallo: “Canciller español, saque sus narices de Venezuela; canciller español, fuera de aquí; canciller español, impertinente”, luego de que aquel se brindara para cooperar de alguna manera, si fuese necesario y si el gobierno venezolano se lo solicitaba, con el fin de contener la disputa postelectoral en Venezuela. De paso, Nicolás Maduro exhortó a “la clase obrera” de España a salir a la calle a luchar por lo que la derecha fascistoide les está quitando”.

Asimismo, el presidente en funciones de Venezuela ha acusado recientemente al expresidente colombiano, Álvaro Uribe, de fraguar un asesinato en su contra “con el apoyo de sectores radicales de la oposición venezolana”, calificando a Uribe de “asesino”. El actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha declarado que defenderá la “dignidad” de Álvaro Uribe por las vías diplomáticas.

Todos estos excesos y “verdades” incomprobables, propios de los gobiernos absolutistas de izquierda, los hubiera llevado a cabo Hugo Chávez en caso de que estuviese en el poder, y le habrían funcionado. Pero a Maduro no le funcionan: se encuentra totalmente a la defensiva.

No le funcionan, entre otras razones, porque minuto a minuto va creciendo la duda en cuanto a la legitimidad de las elecciones presidenciales pasadas, algo que se ha encargado la oposición de poner en evidencia, y también el propio Maduro con la cavernaria represión verbal y física que viene instaurando al respecto; porque la crisis material y moral que heredó de Chávez es prácticamente insalvable; y porque Maduro es un ser, como hemos dicho en otra oportunidad, sanguíneo y primitivamente sentimental y por lo tanto incapacitado para llevar las riendas de cualquier país durante un tramo considerable.

Sentimental. Unido a su “padre”, Hugo Chávez, por razones de prosternación, idolatría, no por medio de la sustancia gris. Cuando Nicolás Maduro se refiere a Hugo Chávez se le advierte un delirio semejante, por ejemplo, al que expresa la presidenta argentina Cristina Fernández al evocar al fallecido expresidente de aquel país Néstor Kirchner, el mismo delirio que expresaba el desaparecido Hugo Chávez por Fidel Castro. Las pasiones personales entre hombres con poder político suelen ser extremadamente peligrosas. Ni hay que decir por qué.

En el caso de Nicolás Maduro, no creo que erraríamos al afirmar que él está rindiendo culto amoroso a Hugo Chávez, lo cual haría de cualquier manera aun si este hubiese sido de derecha extrema; igual lo hubiera convencido el fallecido presidente de que la derecha extrema es lo justo. El mal de la idolatría, que suele no dejar espacio para el raciocinio. Le dejo a los psicólogos y sociólogos determinar si la raíz de la idolatría puede o pudo hallarse, en principio, en una identidad de idearios para luego, fascinación mediante, obnubilar al idólatra en cuanto al idolatrado.

Falto de los ingredientes personales de Hugo Chávez, agobiado por la crisis que vive el país y el bien que le están haciendo a la oposición los bárbaros bajo su mando, como Diosdado Cabello, el ya debilitado poderío de Nicolás Maduro se resquebraja a cada minuto debido a las críticas que surgen sobre su conducta, en el plano nacional e internacional. Así, ahora tenemos que según el diario brasileño Folha de Sao Paulo, el popular cantante Roberto Carlos lo demanda por utilizar sin su consentimiento unos versos, y las consiguientes notas, de su autoría, durante una visita que hiciera Maduro al estado de Amazonas en el mes de abril, para hacer pública la vida del nuevo presidente. La canción se titula Detalles, con dos versos que dicen: “Detalles tan pequeños de los dos/son cosas muy grandes para olvidar”.

Así las cosas, la situación en Venezuela se acerca cada vez más a un estallido. Para evitarlo, creo que es necesaria la misma contención que hasta ahora ha mostrado la oposición y el efectivo trámite diplomático de los organismos internacionales. Tomando en cuenta que el apasionado no estará dispuesto a ceder, a la vez que evitará que cedan sus súbditos.


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