Actualizado: 20/01/2022 14:54
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EEUU, Brasil, Obama

Obama en Brasil: entre el Consejo de Seguridad y la visita a Ciudad de Dios

El deseo de Brasil de ser reconocido como un relevante actor global y el de EEUU por no perder opciones en el futuro brasileño marcaron la visita de Obama

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Barack Obama pasó la primera de sus dos jornadas brasileñas en la capital federal, Brasilia, y la segunda en Rio, la ciudad más emblemática del país y su antiguo centro político. El sábado transcurrió entre visitas oficiales y la puesta a punto de la operación militar contra Libia, y el domingo, en olor de multitudes, se dedicó a operaciones de imagen. En estas últimas, el papel de Michelle Obama ha sido decisivo, y una de las primeras cadenas nacionales de televisión la llamó “Miss Simpatía”.

Al margen de los diez acuerdos bilaterales que Obama y Dilma Rousseff firmaron, que abordan cuestiones diversas, como biocombustibles, educación o el uso del espacio, la etapa brasileña se caracterizó por la reunión presidencial en el Palacio de Planalto y la posterior recepción oficial, un almuerzo al que estaban invitados los ex presidentes brasileños y a la cual faltó Luiz Inácio Lula da Silva. También hubo un acto en una de las principales organizaciones empresariales, la Confederación Nacional de la Industria (CNI), donde Obama insistió en tratar a Brasil de la misma forma que a China o India.

A lo largo de la jornada, Rousseff y Obama insistieron en apuntar a los numerosos intereses comunes presentes en la agenda bilateral, aunque la Presidente brasileña fue muy clara en su crítica al proteccionismo norteamericano. Estaba claro el deseo de Brasil de ser reconocido como un relevante actor global, así como el de Estados Unidos por no perder opciones en el futuro brasileño, comenzando por los yacimientos de petróleo presal, vitales para la seguridad energética estadounidense en los años venideros.

De ahí que primara la amabilidad sobre los pocos desencuentros aflorados. La presencia de Obama en Brasil impidió una toma de postura oficial de Planalto o Itamaraty sobre el inicio de las operaciones en Libia, teniendo presente que Brasil, como el resto de los BRIC y Alemania, se abstuvo en el Consejo de Seguridad. ¿Qué hubiera pasado si Obama hubiera estado en otro lado?

La ausencia de Lula de la recepción oficial muestra claramente algunas dificultades presentes en la relación bilateral, muchas activadas por Lula en los últimos años de su gestión, especialmente tras su implicación en la crisis hondureña en defensa del defenestrado Zelaya, así como su fallido intento de mediar en el proyecto nuclear iraní. Sin embargo, algunos recelos de la diplomacia brasileña con Estados Unidos, al que querrían ver menos activo en América del Sur, vienen de más atrás. Pero no se puede olvidar la activa participación de Brasil en la Segunda Guerra Mundial, junto a Estados Unidos, al contrario de la neutralidad argentina, que en muchos momentos adquirió un preocupante sesgo pro nazi. De todos modos, la ausencia de Lula tuvo mucho de rabieta, algo normal en quien se creyó el centro del universo durante ocho años, pero poco favorable para el futuro de su país.

Uno de los temas centrales de la visita fue la vieja reivindicación brasileña de un asiento permanente en un Consejo de Seguridad reformado. Como dijo la presidenta Rousseff, “defendemos una reforma fundamental en el diseño de la gobernanza global, y la ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU. No nos mueve el interés menor de la ocupación de espacios de representación, sino la seguridad de que un mundo multilateral producirá beneficios a la paz de los pueblos”. Pese a la esperanza del pleno respaldo del presidente Obama a este sueño añejo, y en algunos momentos obsesivo, no hubo tal pronunciamiento. Itamaraty esperaba un tratamiento similar al otorgado a la India, pero las cosas no fueron por ese camino.

Mientras la prensa internacional, y especialmente la de los restantes países del Mercosur, comenzando por los argentinos, ponían el acento en la falta de acuerdo, internamente se hacía una lectura algo más benévola, insistiendo en las dificultades norteamericanas para avanzar en la materia. Según señaló O Globo, Obama destacó su “aprecio” por la aspiración de Brasil, recalcando que era la primera vez que hablaba tan directamente sobre el tema.

El comunicado a que se refiere la opinión anterior dice que “El presidente Obama manifestó su aprecio a la aspiración de Brasil de convertirse en un miembro permanente del Consejo de Seguridad y reconoce las responsabilidades globales asumidas por Brasil. Los dos mandatarios acordaron mantenerse en consulta y cooperación continua con vistas a alcanzar una visión conjunta de la Carta de Naciones Unidas en un mundo más pacífico y seguro”. Como se ve, el balance del Gobierno brasileño es bastante positivo, aunque probablemente la realidad esté a mitad de camino.

La última jornada incluyó una visita a la favela de Ciudad de Dios, inmortalizada por la película de Fernando Meirelles, donde Obama fue ovacionado, y un acto público en un teatro de Río. Razones de seguridad hicieron desistir a última hora de realizar el discurso de Obama en una plaza céntrica. Con frecuentes rupturas del protocolo, la familia Obama puso de relieve su simpatía y, con seguridad, mejoró la imagen de Estados Unidos en Brasil. El sábado, en Brasilia, Dilma Rousseff también hizo aflorar sus mejores dotes de seducción. La relación bilateral entre Brasil y Estados Unidos tiene todavía mucho en lo que centrarse y corresponderá a los principales actores involucrarse más activamente en el asunto.



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