Actualizado: 28/05/2020 19:58
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Flynn, EEUU, Obama

Obama frente al desastre caótico de Trumpoloco

Sobre el expresidente Barack Obama y el caso Flynn

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Dejemos a un lado el flagrante crimen de lesa humanidad que Trumpoloco viene cometiendo contra USA, a pesar de que acumula ya más muertos que los militares estadounidenses caídos en las guerras de Afganistán (casi 2.500), Iraq (casi 4.500) y Vietnam (más de 58.000). Antes de que concluya la gestión de Trumpoloco frente a la pandemia en curso, los muertos pasarán del total que arrojaría sumar las bajas fatales de guerra de Corea (más de 54.000). Este “desastre caótico absoluto”, como acuñó el expresidente Barack Obama, no terminará hasta que Joe Biden tome las riendas del gobierno el 20 de enero de 2021.

Como todos sabemos, Trumpoloco impidió —con ayuda de Rusia— que Hilaria Clinton se albergara de nuevo en la Casa Blanca. De haber asumido Clinton la presidencia, el impacto del coronavirus en USA se habría reducido al círculo de allegados de aquel residente del estado de Washington que regresó de Wuhan el 15 de enero de 2020 y a la semana se reportó por CDC como primer caso.

Los archivos mediáticos y gubernamentales acreditan que tanto quienes ayer fueron funcionarios de la administración Obama como quienes ocupan hoy puestos de liderazgo en el Partido Demócrata dieron sobradas advertencias a Trumpoloco en enero y febrero, que fueron desoídas tal y como Trumpoloco desoiría en lo adelante las recomendaciones del Dr. Fauci y demás expertos de todas las disciplinas científicas. La bandería demócrata tiene las tablas de correlación entre los muertos por coronavirus y cada acción criminal de Trumpoloco, como sugerir tomar desinfectante o referirse al virus chino. Tan sólo por racismo, más de veinte mil muertos arroja el trágico balance del régimen.

El general Flynn y el doctor Obama

Dejemos a un lado, por flagrante, aquel crimen de Trumpoloco para enfocarnos en otro de poca monta: el sobreseimiento por el Fiscal General William Barr de la causa penal contra el general Michael Flynn, fugaz asesor de Seguridad Nacional de Trumpoloco. El expresidente y Doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Harvard, Barack Obama, se refirió a esta peripecia legal así: “No hay ningún precedente que se pueda encontrar de una persona acusada de perjurio que se salga con la suya. Ese es el tipo de cosas por las que comienzas a preocuparte de que la comprensión básica, no solo las normas institucionales, sino nuestra comprensión básica del Estado de derecho, esté en riesgo”.

  • Ante todo, Flynn no fue acusado de perjurio, que exige haber declarado falsamente bajo juramento o luego de recibir advertencia de sanción penal por perjurio [18 U.S.C. 1621]. La acusación contra Flynn fue por falso testimonio a un investigador federal [18 U.S.C. 1001] al respecto de conversar por teléfono con el embajador ruso Serguéi Kislyak sobre el levantamiento de las sanciones contra Moscú impuestas por la administración saliente.

Obama no se acuerda, como viene sucediendo con Biden, de la clave de este asunto o procede a engatusar a posibles audiencias, como viene haciendo el inteligente representante Adam Schiff (D/CA). Y el quid radica en que Flynn ni siquiera cometió el delito por el cual se declaró culpable bajo la presión de que, si no lo hacía, también su hijo sería encausado. El reporte del FBI, a.k.a. 302, sobre la toma informal de declaración rezaba: “FLYNN stated it was possible that he talked to KISLYAK on the issue, but if he did, he did not remember doing so”. El inefable Peter Strzok e incluso su comilitona Lisa Page editarían el reporte para ocultar el indicio de inocencia y fabricar el indicio de culpabilidad.

  • Sobre todo, se puede encontrar un precedente tan ilustrativo como curioso. El 1 de abril de 2009, el Fiscal General de la administración Obama, Eric Holder, sobreseyó la causa penal contra el senador Theodore Fulton Stevens (R/Alaska)— radicada precisamente ante el juez que sancionó a Flynn, Emmet Sullivan— sobre la base de conducta impropia de la parte acusadora al ocultar pruebas favorables al acusado, esto es: la misma razón alegada hoy por Barr [1].

Obama no se acuerda, como viene sucediendo con Biden, de un caso penal relevante durante su propia administración o recurre al doble estándar de justicia, como vienen haciendo Pelosi y las senadoras gritonas de #MeToo cuando Ford vs. Kavanaugh y ahora gagas con Reade vs. Biden.

Estado de Derecho

Igual de curioso resulta que Obama comience ahora y por el caso de Flynn a preocuparse del peligro de incomprensión del Estado de Derecho, si personalmente discutió retorcer contra Flynn la obsoleta Ley Logan (1799), que la doctrina jurídica tacha de inconstitucional y jamás ha servido para condenar a nadie. Repasemos aquel correo electrónico que, como recordatorio, la segurosa Susan Rice se pasó a sí misma el día en que Trumpoloco tomó posesión:

  • On January 5 [2017], following a briefing by IC leadership on Russian hacking during the 2016 Presidential election, President Obama had a brief follow-on conversation with FBI Director Jim Comey and Deputy Attorney General Sally Yates in the Oval Office. Vice President Biden and I were also present”. “President Obama began the conversation by stressing his continued commitment to ensuring that every aspect of this issue is handled by the Intelligence and law enforcement communities ‘by the book’”.
  • From a national security perspective, however, President Obama said he wants to be sure that, as we engage with the incoming team, we are mindful to ascertain if there is any reason that we cannot share information fully as it relates to Russia (…) President asked Comey to inform him if anything changes in the next few weeks that should affect how we share classified information with the incoming team. Comey said he would”.

Dejemos un lado que enfatizar by the book despierta ya cierto recelo de que algunas cosas se hacían off the book. La clave radica en que Obama no estaba dispuesto a compartir toda info de seguridad nacional con el gobierno entrante. A sabiendas de que Flynn y otros [como los campañeros George Papadopoulos y Carter Page], estaban bajo investigación del FBI por sospecha de espiar para Rusia, Obama consideró apropiado ocultarlo a la administración de Trumpoloco.

Tan es así que, al día siguiente de aquella reunioncita, Comey informó en privado a Trumpoloco nada más que la alegación del dossier Steele sobre cierto “pee tape” de 2013 filmado en Moscú. Tras irse Obama con su música a otra casa, Comey siguió la rima de no dar toda la intel disponible al presidente nuevo. Tenemos entonces que altos funcionarios de la administración saliente —Yates y Comey— que pasaban a la administración siguiente dejaron a oscuras a Trumpoloco acerca de que un presunto espía ruso (Flynn) entraba en el West Wing de la Casa Blanca, mientras que otro (Carter) se mantenía en contacto con “senior U.S. Government officials”, como reza una de las infames solicitudes al Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera. Aquellos funcionarios no hicieron más que seguir las precauciones de Obama sobre cómo compartir info secreta con la administración Trumpoloco.

Coda

Desde luego que Obama y los demás presentes en aquella reunión sabían que no había Russia Collusion ni la cabeza de un guanajo, tal como se comprobó al cabo de tres años de desinformación y agitprop mediática contra Trumpoloco. Se trató simplemente de innovación y racionalización de los servicios de inteligencia y contrainteligencia para socavar a un presidente indigno.

Notas

[1] Aunque no vale la pena abundar en fundamentos jurídicos, la legalidad del sobreseimiento por Barr de la causa contra Flynn está justificada por la delegación al poder ejecutivo de los llamados deberes de “take care” [Constitución de Estados Unidos, Art. II, § 3], las reglas federales de procedimiento criminal [Art. 48.a] y el precedente judicial Rinaldi v. United States, 434 U.S. 22 (1977).


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