Actualizado: 01/06/2020 20:01
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Medio Oriente

Obama y Netanyahu

¿Fin del apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel? ¿Terminará el gobierno de Tel Aviv su mandato?

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La reunión que sostuvieron en la Casa Blanca el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el derechista primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, marca el inicio de un largo camino hacia un nuevo ciclo de negociaciones para la paz en el Medio Oriente. Dicho camino, como de costumbre, plagado de incertidumbres. La única certeza es que un nuevo fracaso provocaría una explosión de violencia peor que en otras ocasiones.

Obama reiteró su apoyo a la creación de un Estado palestino y expresó su optimismo sobre el proceso de acercamiento a Irán, tras su reunión con el primer ministro israelí.

En declaraciones a la prensa en el Despacho Oval, después de la reunión, que duró casi una hora más de lo previsto, Obama afirmó que habló con Netanyahu "de comenzar de nuevo negociaciones serias entre Israel y los palestinos", e indicó que a ambas partes les conviene "una solución de dos Estados".

Obama siempre ha respaldado la creación de un Estado palestino; pero, en este caso, lo afirmó en público delante de Netanyahu, quien hasta ahora ha rechazado apoyar tal solución. Sin embargo, el premier no llegó a ese extremo. Indicó que puede ver un futuro en el que israelíes y palestinos "vivan en paz los unos junto a los otros", y expresó su voluntad de retomar de inmediato las negociaciones, rotas tras la entrada de las Fuerzas Armadas de su país en Gaza, el año pasado.

Pero el reinicio no será incondicional, puntualizó. Para ello los palestinos, según Netanyahu, deberán admitir el derecho a existir de Israel. A su turno, Obama indicó que las dos partes deben cumplir las obligaciones adquiridas a lo largo del proceso de paz. Si los palestinos deben dar mejores garantías para la seguridad de Israel, agregó, a su vez este país debe poner fin a la construcción de asentamientos en Cisjordania.

Como es habitual en estos casos, ambos dirigentes fijaron sus posiciones en extremos que parecen irreconciliables.

Netanyahu sabe perfectamente que su gobierno depende del apoyo estadounidense para sobrevivir, pero al mismo tiempo confía en la fortaleza del lobby israelí en Washington.

Obama cuenta en la región con el firme apoyo de Egipto, la comprensión de Jordania y el cierto reconocimiento de la Autoridad Nacional Palestina, que sabe que sin las presiones de Washington, poco o nada se podría lograr en las negociaciones con el nuevo gobierno israelí, dominado por sectores ultraconservadores.

El diario The New York Times advirtió en un editorial de que "si Obama realmente presiona para un pronto acuerdo palestino-israelí, tendrá que llevar las relaciones con Israel a una zona de tensión por primera vez en muchos años. Obama haría bien en dejar claro a los votantes israelíes que cualquier gobierno que no contemple explícitamente un Estado palestino, o el fin de los asentamientos, no tendrá relaciones fluidas con Washington".

Los asentamientos

El tema de los asentamientos resulta vital para medir las verdaderas intenciones de los israelíes. Mientras Netanyahu estaba en Washington, se anunciaba que Israel construirá un nuevo asentamiento en Cisjordania, por primera vez en 13 años, pese a los reclamos internacionales para que deje de lado esa política.

Según la organización humanitaria Btselem, actualmente hay 276.100 colonos judíos viviendo entre los 2,4 millones de palestinos en Cisjordania.

En esta oportunidad se trata de 20 viviendas en Maskiot, al este de Nablus. También habrá nuevas construcciones en Nokdim, donde vive el ministro de Asuntos Exteriores, el ultranacionalista Avidgor Lieberman.

El partido de Lieberman, Yisrael Beitenu, ascendió a la tercera posición en las elecciones realizadas el pasado 10 de febrero, con el 11,7% de los votos y 15 escaños. El empresario, que llegó a Israel desde Moldavia, se ha convertido en el propietario de la llave de la estabilidad del gobierno que encabeza Netanyahu.

No en balde, el referido editorial de The New YorkTimes señala que Obama debería "dejar bien claro a los votantes israelíes" los aspectos esenciales de la política de Washington.

Es que, en el caso de que Netanyahu se decida a ofrecer algunas concesiones importantes, es muy probable que el partido de Lieberman le retire su confianza y eso significaría elecciones anticipadas. Este es uno de los escenarios que se vislumbran, en lo que se refiere a la situación interna en Israel, según varios analistas.

Amenaza nuclear iraní

El otro tema que suscita un conflicto en las relaciones entre Israel y Estados Unidos se refiere a los métodos para enfrentar la amenaza del programa nuclear de Irán. Además del proceso de paz en Oriente Medio, Netanyahu y Obama dedicaron buena parte de sus conversaciones al programa nuclear iraní, que el primer ministro israelí definió como "la cuestión más apremiante" para su país.

El presidente estadounidense busca desarrollar un proceso de acercamiento a Irán, en el que ofrece un nuevo comienzo de las relaciones bilaterales si ese país se presta a cumplir sus compromisos internacionales, entre ellos la apertura al escrutinio de su programa atómico.

Según Obama, las conversaciones directas entre los dos países pueden comenzar una vez se hayan celebrado los comicios presidenciales previstos para el 12 de junio próximo en Irán, pues "un proceso electoral probablemente no sea el mejor momento para empezar a negociar".

Aunque a su juicio no se deben imponer "calendarios artificiales", calculó que para finales de este año será posible determinar si el proceso de acercamiento ha dado frutos. Obama expresó su optimismo acerca del resultado que puedan ofrecer esas negociaciones, aunque también subrayó que no se va a estar "conversando eternamente".

Si no se logran resultados, Estados Unidos se planteará tomar otra serie de medidas, incluida la imposición de sanciones más duras contra Teherán. Washington considera que el programa nuclear que Irán desarrolla tiene fines militares, mientras que Teherán asegura que sus objetivos son pacíficos.

En este tema, la estrategia de Obama es ganar tiempo, mientras Netanyahu está presionado por los sectores militares y de ultraderecha, que incluso han propugnado que Israel debe propinar un golpe preventivo y bombardear las instalaciones iraníes.

Según el periodista Alberto Stabile, del diario italiano La Repubblica, "sobre la cuestión iraní, Netanyahu no ha logrado transmitir a Obama el sentido de urgencia que se advierte en los dirigentes israelíes cuando se aborda este tema".

El comentarista ruso Dmitri Sídorov, del diario Kommersant, dice que "los expertos hablan del fin de las 'relaciones especiales' entre Estados Unidos e Israel. Los israelíes, que ya habían dado a entender que si Irán crea una bomba atómica, ellos asestarán un golpe preventivo en defensa propia, es poco probable que se decidan a hacerlo en las condiciones del fin de una luna de miel que ha durado medio siglo".

El mismo día en que Obama y Netanyahu estaban reunidos en la Casa Blanca, llegó desde Teherán la posición iraní. El nuevo plan de paz para Oriente Medio, que Estados Unidos podría presentar en los próximos días, "está abocado al fracaso, como todos los anteriores", vaticinó el presidente del parlamento iraní, Ali Larijani.

En declaraciones divulgadas por la agencia local Fars, el responsable iraní advirtió también a Estados Unidos que no se deje seducir por los cantos de sirena procedentes de Israel. Larijani está considerado como uno de los principales asesores del líder supremo de la Revolución iraní, ayatolá Ali Jameneí.

Sin duda alguna, Obama enfrenta uno de los mayores retos de su presidencia y tendrá que avanzar por un terreno minado. Los compromisos de ayer entre israelíes y palestinos están prácticamente enterrados. Se tratará de construir un nuevo escenario de estabilidad y paz en una de las regiones más explosivas del planeta.


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