Actualizado: 24/09/2018 12:05
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Israel, EEUU, Jerusalén

¡Oh Jerusalén…!

Netanyahu y la “teocracia constructora” de asentamientos ilegales judíos, cuya ideología es la que anima a los que gobiernan en Israel, no quieren ni buscan la paz

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…Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!
¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta
sus polluelos bajo sus alas y no quisiste!
Mateo 23:37

Cincuenta y siete países musulmanes declararon hace unos días en Estambul, Turquía, a Jerusalén como capital de Palestina. Esto, a pesar de que Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, había asegurado que muchos países seguirían el ejemplo del presidente Donald Trump. Como todos sabemos, Trump declaró hace más de una semana a Jerusalén como la capital de Israel con la misma serenidad con que se toma un jugo de naranja. Posiblemente Netanyahu —quien se encuentra bajo investigación policial debido a cargos de corrupción— no considera “países” a los musulmanes sino solamente a los europeos, y dijo a la prensa que no le preocupan demasiado.

Y hablando de prensa, en este caso la americana, que ha sido muy tímida, cuando no silente, al no criticar a Trump por una decisión cuando menos imprudente y cuando más criminosa. A Trump se le critica tanto si estornuda como si quiere sacar adelante una ley. Pero en el caso de una decisión como esta, que no solo aísla a Estados Unidos, sino que lo enfrenta aún más al mundo árabe y lo descalifica para ser un promotor de un tratado palestino-israelí, la vida sigue igual, entretenida entre la cobertura del rollo ruso y las mujeres ofendidas. La imposibilidad de que el presidente Trump llegue a posar en la tradicional foto de los presidentes norteamericanos entre los líderes israelíes y árabes dándose la mano, como Carter, Clinton, Bush y hasta Obama es, después de dicha decisión, obstinadamente difícil.

Pero todo, tal vez, tenga un perfecto sentido. Netanyahu y la “teocracia constructora” de asentamientos ilegales judíos cuya ideología es la que anima a los que gobiernan actualmente a Israel, no quieren en el fondo de su corazoncito ningún proceso de paz. Netanyahu incluso lo ha dicho públicamente. ¿Para qué y por qué?, si de su parte está la fuerza militar y la incondicional alianza con la mayor potencia del mundo. Entre Estados Unidos y el Estado de Israel existe una perfecta armonía y misteriosa simbiosis, y mirándolo bien, no se sabe muy bien cuál de los dos países es cliente de cuál.

La respuesta de los países musulmanes en Estambul a Trump y Netanyahu ha sido firme. Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, declaró que “no aceptarán más el rol de mediador de Estados Unidos”. “Habrá que buscar otro mediador”, dijo Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, y que muy posiblemente será Rusia, quien ya desplazó a Estados Unidos como jugador en el conflicto sirio, después de la mal trazada “línea roja” de Barack Obama para Bashar al Assad y aquellos misteriosos ataques químicos.

Es un hecho innegable la legitimidad y el derecho a la existencia del Estado de Israel. No solo por la larguísima historia de ese pueblo, sino por la coherencia nacional que han mantenido durante siglos en su diáspora. Coherencia nacional que no llegan a tener la mayoría de las naciones que han contado mucho más fácilmente con un territorio para establecer su Estado. La contribución del pueblo judío a las artes, la economía, la filosofía, la ciencia y la política avalan con creces la importancia planetaria de ese pueblo en la conciencia colectiva y la herencia mundial. Y es por eso, además de por su condición histórica de pueblo perseguido, que no se entiende muy bien la misión de ciertos gobernantes del Estado de Israel, y de quienes los eligen, no solo de desplazar al pueblo palestino de sus legítimos territorios, en lo que de hecho constituye una “limpieza étnica”, sino de incluso negarle mediante alambicados estudios académicos la realidad de su histórica presencia en las tierras de Canaán. Oh Jerusalén, cuántas injusticias se cometen en tu nombre.

La Corte Internacional de Justicia, la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas catalogan a Israel como “Potencia Ocupante” después de la guerra de 1967. El este de Jerusalén es parte de los territorios ocupados. Es fácil decir que en Naciones Unidas hay un permanente e injusto ataque contra el Estado de Israel, como dijo la embajadora norteamericana Nikki Haley; pero lo que también habría que dilucidar es si desde Estados Unidos de América hay una pertinaz e injusta complacencia con el Estado de Israel.


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