Actualizado: 16/10/2018 10:01
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PP, Casado, España

Pablo Casado: renovación y experimentación en la derecha española

En un esquema político multipolar, el liderazgo de Pablo Casado por ahora busca acomodarse entre la restitución del aznarismo y la experimentación al interior del fluctuante mapa político español

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El congreso del Partido Popular (PP) este sábado fue una apuesta por la renovación del liderazgo político. Ha salido victorioso Pablo Casado, un joven de 37 años del ala aznarista, quien durante las últimas semanas despuntó con entonaciones fuertes en su discurso. Un político “cafetero” le ha llamado Enric Juliana, el gran analista político de La Vanguardia. Una metáfora atinada que recoge la ambigüedad del asunto: el café es amargo, pero despierta.

Casado defiende una plataforma de derechas sin complejos: desregulación de la economía, mano fuerte con el independentismo, defensa anti-aborto, énfasis en el ciudadano-emprendedor, y recentralización de lo español como ideario fuerte de la identidad nacional. Casado pide defender la “España de las banderas”.

Esto último es el corazón de la derecha española, que no pierde oportunidad para revelar su temor ante una posible propuesta federalista basada en una “nación de naciones”, esa remota idea impulsada a comienzos de siglo veinte por intelectuales como Pi i Margall y Anselmo Carretero, y que ahora pudiera reactualizarse en manos de Pedro Sánchez con el fin de reorganizar el mapa territorial. Pero hay un movimiento aún más importante: Casado busca neutralizar la novedad de Ciudadanos, el partido liderado por Albert Rivera, que tanto brillo le ha quitado al partido tradicional de las clases medias españolas.

Esto último será lo más difícil de llevar acabo, aunque la estrategia que se ha esgrimido es nueva en la escena. En una época donde predominan las alianzas —recordemos el giro a la izquierda de Podemos con Izquierda Unida o la reciente moción de censura contra Mariano Rajoy que aglutinó un frente estratégico compuesto de los nacionalistas vascos (PNV), al independentismo catalán, y el PSOE— Casado promete unidad en el Partido. La idea es refundar a partir de los “principios originales”, para decirlo con esa palabra tan importante dentro del conservadurismo legalista norteamericano. El ideario conservador norteamericano, por cierto, cada vez más pronunciado en la cultura política de la derecha española.

Se busca tantear por una ruta nueva. La tesis promueve la idea de que sumar voluntades no es lo que llevaría al éxito, sino la postura de permanecer fiel al principio. Permanece en el ideario de esa derecha la fidelidad por viejos ideales canovistas que frenan el tiempo presente de las reformas. En la opinión pública española se ha repetido que Casado se ha movido a la derecha del status quo del PP. Y aunque es una percepción correcta, ese desplazamiento ha sido más retórico que sustancialista. Por eso es que la imagen ‘cafetera’ o de experimentación es verosímil.

Casado, un experimento de viejas formas con nuevos brillos. No se trata solo de una cuestión de edades. El mismo Casado ha recordado que 37 años es la edad de oro de grandes liderazgos políticos, aludiendo a José María Aznar, José Luis Zapatero, e incluso a Barack Obama. La experimentación se mide a partir del equilibrio entre lo viejo (el aznarismo de principios) y el intento de dejar atrás los sinsabores de la legislatura de Rajoy y Sáenz de Santamaría. La diferencia amigo-enemigo con Cataluña sigue siendo el frente articulatorio de esta ‘prometedora hegemonía’. El liderazgo a la derecha de Casado se asemeja mucho al nuevo mandatario colombiano, Iván Duque, el consentido de Álvaro Uribe Vélez y nueva estrella de la derecha latinoamericana, quien ha recibido el visto bueno de los aznaristas españoles. Dos liderazgos que comparten el fideísmo por el ciudadano emprendedor, la flexibilización económica, y el antipopulismo.

De ahí que Casado no sea homologable a la nueva extrema derecha, ni sea tampoco una versión española de Trump. Ni de lejos. En una tertulia radial, Casado defendía la figura del congresista norteamericano, Newt Gingrich. Pero no el Gingrich populista del 2016, sino el de la “Republican Revolution” de 1994. Un desfasaje curioso, fiel al principio de la política de los frenos.

En su discurso ante el Congreso, Casado también deslizó una crítica a la demagogia de Matteo Salvini, el hombre fuerte de la Liga Norte en Italia. Y aunque apostando por una sociedad civil arraigada en el “ciudadano emprendedor”, aludió al estado de bienestar en términos positivos, lo cual sigue indicando la “diferencia española” en el mapa europeo. He aquí otro rasgo que contrasta con las derechas del otro lado del Atlántico.

En un esquema político multipolar, el liderazgo de Pablo Casado por ahora busca acomodarse entre la restitución del aznarismo y la experimentación al interior de un fluctuante mapa político. En los tiempos que corren, la derecha española pone a pruebas la resistencia de un liderazgo renovado, así como la tesis de una política que busca ser fiel a sus “principios”. Veremos en los próximos meses si esto es suficiente para modernizar un partido que se encuentra en una crisis terminal.

Gerardo Muñoz es profesor en Lehigh University, Pensilvania. Su última publicación es el libro Alberto Lamar Schweyer: ensayos sobre poética y política (Bokeh, 2018) y próxima aparición Poshegemonía y populismo (2019). @GerardoMunoz87


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