Actualizado: 19/06/2024 16:42
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Economía

Palabrería contra Davos

Mientras la izquierda pragmática toma nota del foro económico para mejorar la vida de la gente, La Habana está en lo de siempre.

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Un reciente artículo de Andrés Oppenheimer ( América Latina, ausente en Davos), publicado en La Nación, viene a constatar un fenómeno evidente: los líderes políticos del continente latinoamericano no parecen tener entre sus prioridades aprovechar las ventajas que se derivan de la participación en este tipo de foros de empresarios y directivos, para mejorar las condiciones de vida de sus sociedades. Complementando la idea de Oppenheimer, podría añadirse algo más: Cuba tampoco ha estado presente en Davos.

Una lástima, si se piensa en el papel, muy activo, que desempeñaron los economistas cubanos en la creación y puesta en marcha de los acuerdos de Breton Woods, que permitieron iniciar su andadura al Fondo Monetario Internacional tras la Segunda Guerra Mundial, y en qué medida aquella participación fue clave para que el continente no quedase al margen del proceso.

La diáspora ha dado numerosos ejemplos de éxito empresarial en la práctica totalidad de sectores productivos, cuya referencia puede desbordar ampliamente el objeto de este trabajo, pero es fácil de recordar y tener presente. La sociedad cubana ha dado numerosas muestras, a lo largo de su historia, de capitanes de empresa, líderes, que han creado organizaciones sólidas a partir de la nada, con el esfuerzo, la dedicación y el trabajo.

Por desgracia, el sistema político ideado por Fidel Castro después de 1959 dio al traste con esas posibilidades en el interior de la Isla; pero no caben dudas que cada vez que se han abierto espacios para el desarrollo de las actividades económicas por cuenta propia, como en el denominado "período especial", el tesón y la creatividad del cubano han vuelto a aflorar en forma de proyectos empresariales que han sido posteriormente fulminados por la represión totalitaria.

El Foro de Davos, desde hace varios años, viene a convertir la tranquilidad de la ciudad suiza en una cumbre mundial en la que se analizan y debaten los principales problemas que preocupan a la economía de todos los países, desde un enfoque global, multilateral y concentrado en los aspectos que están directamente relacionados con el mundo empresarial.

En un momento como el actual, en el que la crisis de las "subprime" iniciada en agosto del pasado año en Estados Unidos (trasladada rápidamente a Europa por el sistema financiero en forma de restricciones de liquidez) ha supuesto la primera revisión a la baja del crecimiento económico por parte de organismos internacionales de prospectiva, como el FMI o la OCDE, las discusiones de Davos han cobrado una importancia superior.

Sólo Uribe

La ausencia de América Latina en este tipo de foros obedece a muchas razones. No existen grandes corporaciones a nivel continental cuyos dirigentes puedan aportar experiencia, conocimiento, técnicas o métodos de cierta relevancia. La mayor parte de las corporaciones latinoamericanas de mayor dimensión se encuentran todavía bajo la tutoría o el control político del gobierno, bien como accionista mayoritario o como agente de financiación. Muchas de ellas se dedican a la explotación de valiosos recursos naturales con tecnología foránea.

Por otra parte, la etapa actual de crecimiento económico a nivel regional, sostenida desde hace años por una evolución muy favorable de la relación real de intercambio, y de la mejora de las condiciones financieras, convierte a América Latina, al menos de momento, en uno de los campeones de la globalización y en una de las zonas del planeta que pueden quedar menos expuestas a los efectos de la fase actual de crisis.

La sola presencia del presidente colombiano Álvaro Uribe en el Foro de Davos pone de manifiesto cuál es la situación real. Difícil, casi imposible, es imaginar al venezolano Hugo Chávez, a la argentina Cristina Fernández de Kirchner, a Rafael Correa, Evo Morales, o Daniel Ortega asistiendo a este tipo de eventos o facilitando la presencia de sus nacionales.

Y Cuba, ¿qué? En lo de siempre. Derrochando imaginación y palabrería ideológica contra Davos, al que acusa de todos los males presentes, pasados y futuros. No ha habido muchas referencias en la prensa oficial al foro de Suiza, pero las crónicas han ido siempre en la misma línea: el capitalismo mundial, el imperialismo y la amenaza a la soberanía de la Isla se cuecen en Davos. "Su influencia es muy negativa".

Lo sorprendente es, como subraya Oppenheimer, que los comunistas y socialistas chinos e indios sí estuvieron en Davos, tomaron buena nota de todo lo que allí se dijo y regresaron a sus países para continuar mejorando las condiciones de vida de sus ciudadanos. Alguien debería reflexionar sobre este tipo de cosas.


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