Actualizado: 05/08/2021 10:23
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Sudán

Patente de corso

Ningún Estado ignora los crímenes en Darfur, pero nadie se da por aludido. El petróleo obliga.

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Monarquías de antiguo régimen, dictaduras y gobiernos totalitarios, populismos obscenos disfrazados de democracias; si corren con la suerte de gozar del estatus de petro-Estados, los crímenes que sus gobiernos cometan y las violaciones a las instituciones, gozarán de impunidad. Es la triste conclusión que en Venezuela se debe tener muy en cuenta.

El caso de Sudán en relación con Darfur es una demostración fehaciente de este hecho. La situación que reina en aquella región africana constituye lo que a todas luces tiende a convertirse en el primer genocidio del siglo XXI. Hecho que ningún Estado ignora, pero ante el cual nadie se da por aludido. El petróleo obliga.

Darfur es la región más occidental de Sudán y está habitada por tribus negras de origen africano que un día decidieron alzarse contra la opresión del gobierno mayoritariamente árabe. El gobierno sudanés no sólo no protege a la población de Darfur de las torturas a gran escala, las violaciones sistemáticas, los incendios de cosechas y viviendas, sino que las propias autoridades han orquestado y participado en esos crímenes, que ocurren en un territorio tan grande como Francia.

Esta situación ha arrojado ya un cuarto de millón de personas asesinadas y más de dos millones han tenido que huir de la zona.

Todo ello ha sido documentado, pese a las obstrucciones sistemáticas de Jartum y del dictador presidente Omar al Bachir, quien goza de la complicidad de Rusia, país que posee inmensos intereses económicos allí, y de China, por su conocida voracidad de petróleo y su agresiva política de imponerse como gran potencia tutelar en África.

Veto a la ONU

Omar al Bachir ha vetado la presencia de los expertos de la ONU, que se han visto obligados a realizar su labor desde el exterior del país para presentar su informe durante la cuarta sesión del Consejo de los Derechos Humanos de Ginebra. El informe divulgado al público acusa abiertamente al gobierno sudanés de haber "orquestado él mismo y haber participado" en los "crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad". "Las fuerzas gubernamentales han actuado de concierto con las milicias janjawids": milicias árabes que ejecutan las órdenes de Jartum, de concierto con el Ejército sudanés.

La misión conducida por Jody Williams, Premio Nobel de la Paz, denuncia los crímenes que "continúan en la región", pero también agrega que "las fuerzas rebeldes son también culpables de graves violaciones de los derechos humanos".

Aboga porque Sudán cese de tomar como blanco a los civiles de Darfur y por poner término a la ayuda que presta a las milicias janjawids, además de proceder a su desmovilización y desarme. A los rebeldes, les pide "respetar estrictamente las exigencias de la legislación internacional sobre los derechos humanos y de derecho humanitario y tomar las medidas necesarias para diferenciarse claramente de la población civil".

Una resolución del Consejo de Seguridad, de hace dos años, obliga al gobierno de Sudán a cooperar con la Corte Penal Internacional (CPI) y le pide la entrega del que fuera ministro encargado de Darfur, sospechoso de crímenes contra la humanidad, y de un jefe de las milicias árabes. Pero Jartum no se ha dado por aludido y nadie reacciona ante este hecho.

Los petrodólares de Caracas

¿Permitirá la comunidad internacional que la riqueza petrolera sea una patente de corso para algunos gobiernos?

Sudán no debería ser el espejo en que se mire Venezuela, cuyo presidente, Hugo Chávez, se ha sentido preocupado por la firma del reciente convenio entre Washington y Brasilia, relativo a la producción de etanol. El encuentro de Bush y Lula da Silva tuvo lugar mientras el venezolano se entregaba al sensualismo de la aclamación de las masas tarifadas en su gira anti-Bush por los países subvencionados por los petrodólares de Caracas.

Que una gran potencia y una futura gran potencia, ambas clientes preferenciales de Venezuela, se liberen de la dependencia energética, en lo que seguramente serán seguidas por el resto de los países, no es imposible, pues en materia tecnológica las cosas suelen ir a una rapidez insospechada.

Este hecho, qué duda cabe, tiene que preocupar al presidente comprador de revolucionarios y de antiimperialismos, pues ello significa que Venezuela deberá ponerse a trabajar para convertirse en un país productivo. Ningúna nación vive de regalarle petróleo a Haití y el petróleo no substituye a los alimentos. Nunca se ha visto sustituir la leche por petróleo en un biberón para alimentar a un bebé.

Los discursos del presidente venezolano profetizando el socialismo del siglo XXI y su proyecto bolivariano, puede que en un corto plazo aparezcan como lo que son: palabras huecas.