Actualizado: 17/09/2021 9:52
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América Latina

Giras y contragiras

Los temores de Hugo Chávez y las promesas de George W. Bush.

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En México concluyó la gira al exterior más prolongada que haya acometido George W. Bush desde que asumió la presidencia de su país en 2000. Comenzó el 8 de marzo en Sao Paulo y terminó en Yucatán. Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México fueron los cinco países de América Latina seleccionados para este retrasado esfuerzo de quien dijo —cuando por primera vez fue candidato a la jefatura del poder ejecutivo— que si resultaba electo "miraría al sur no como mera ocurrencia sino como un compromiso fundamental".

Aparte del componente demagógico que tenga esa expresión, muchos analistas coinciden en señalar que los ataques terroristas de septiembre de 2001, en Estados Unidos, llevaron a Washington a relegar la región latinoamericana a un papel subsidiario, como durante la era de la Guerra Fría. Ahora el contexto es una batalla contra el terrorismo en la que Bush ha embarcado a su país, además de trastocar las relaciones internacionales de buena parte del mundo.

El punto de partida de este periplo fue el discurso que el presidente de Estados Unidos pronunció en vísperas de su partida, en el cual manifestó sus deseos de apoyar a los gobiernos latinoamericanos en los temas de educación, salud, vivienda y justicia social, y se refirió a los respaldos ya otorgados en materia de transparencia, seguridad, condonación de deuda y acuerdos comerciales, para señalar al final: la figura del libertador Simón Bolívar "pertenece a todos nosotros que amamos la libertad".

De seguro, esta última frase no fue bien recepcionada por el presidente venezolano Hugo Chávez, quien se considera el más digno representante bolivariano sobre la tierra. Quizá por ello, bajo la mirada atenta y los consejos de su mentor, Fidel Castro, decidió organizar una contragira, con la retórica antiestadounidense en los más altos decibeles.

Pendientes de la postgira

Consultado por Encuentro en la Red, el profesor español Carlos Malamud, especialista del Real Instituto Elcano, señaló que "la gira de Bush tuvo un doble objetivo, aunque ambos están relacionados entre sí: 1) demostrar a América Latina que Estados Unidos sigue interesado en la región, pese al cortocircuito pos 11 de septiembre, y 2) contrarrestar la presencia de Hugo Chávez".

Según Malamud, desde este punto de vista resulta sintomática la contragira programada por la diplomacia venezolana, que parece demostrar más temor del que ha evidenciado públicamente Chávez frente al viaje de Bush y la mayor actividad de Estados Unidos en la región.

Lo más revelador fueron sus duros ataques a la producción de etanol, con el falaz argumento de que a su elaboración se destinarían importantes extensiones de las tierras más fértiles y grandes recursos hídricos, en un continente donde hay niños que se mueren de hambre. El temor de Chávez no es que el etanol desplace al petróleo o que frene las exportaciones de crudo venezolano, sino que modere los precios y disminuya la dependencia de Estados Unidos frente a los hidrocarburos venezolanos.

Volviendo al viaje de Bush, el catedrático español agregó: "Hay que estar más pendientes de la postgira y de cómo se van a materializar en la práctica algunas de las propuestas y de las promesas formuladas en la visita a cinco países de la región. Sólo así sabremos si el compromiso de la administración es más real que declarativo".

Rosario Green, ex ministra de Asuntos Exteriores de México y actual senadora, calificó de "tardía" la iniciativa de Bush. Desde la columna de opinión que publica en el diario mexicano El Universal, Green advirtió que se trataba "de un gesto extemporáneo, del cual pocos resultados concretos habría que esperar" y que "la sombra del presidente venezolano Chávez estaría presente a lo largo de la gira del mandatario estadounidense, en medio de manifestaciones de repudio". Vaticinios que se cumplieron.

Las aseveraciones de la senadora pueden parecer demasiado categóricas, pero sería conveniente que en Washington tomaran buena nota de esos actos de protesta, que en algunos lugares fueron masivos. Manifiestan un sentimiento antiestadounidense al que debe buscársele sus raíces y no simplemente argumentar que son alentados por los nuevos regímenes populistas que han surgido en la región.

Peso y contrapeso

El mismo día que comenzó la gira, el pasado 8 de marzo, la diplomacia estadounidense fue advertida de que carecía de consistencia y habilidad para lidiar con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien ha contribuido a polarizar la región y plantea un gran desafío a la política de Estados Unidos en Latinoamérica.

Así figura en el informe Hugo Chávez: una prueba para la política estadounidense, divulgado por el centro de estudios Diálogo Interamericano, que contó con la asesoría de una comisión integrada por miembros del sector privado y público, entre ellos cinco ex embajadores de Estados Unidos en Venezuela.

Aunque la Casa Blanca no ha presentado el viaje en esos términos, expertos como Steven Volk, presidente del Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oberlin (Ohio), estimaron que Bush buscó, fundamentalmente, convertirse en "contrapeso" y "voz alternativa" a Chávez durante su gira.

Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, reflejó esa impresión durante la rueda de prensa en la que se presentó el documento. El experto señaló que "muchos informes dicen que Bush va a Latinoamérica a plantarle cara a Chávez", y recordó, en tono anecdótico, que el mismo 8 de marzo participó como invitado en un programa de la Radio Pública Nacional (NPR) titulado Bush versus Chávez.


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