Actualizado: 20/01/2022 14:54
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Sudamérica

Política y bambalinas

¿Cuál es el significado real de los acuerdos gasíferos entre Brasil y Bolivia? ¿Trabaja Lula para relanzar el papel regional de su país?

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Según un experto en energía, el boliviano Carlos Delius, el presidente Evo Morales logró en sus recientes negociaciones con su homólogo Inácio Lula da Silva menos de la quinta parte del monto que se trazó. Sólo 1,2 millones de metros cúbicos de gas que envía diariamente a la termoeléctrica de Cuiabá —de un total de 27 millones a Brasil— subieron de precio.

El gobierno boliviano creyó que lograría 5 dólares por cada millón de BTU (Unidad Térmica Británica), similar a la cotización que paga Argentina. Sin embargo, la diplomacia de La Paz sólo obtuvo 4,20 dólares por los suministros a la termoeléctrica, mientras el resto continuará pagando esta misma cifra.

De acuerdo con el ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Carlos Villegas, a los 44 millones de dólares anuales de Cuiabá, se añadirán 100 millones promedio que generará el combustible asociado al gas (etano, propano y butano), que hasta ahora el gigante sudamericano aprovechaba gratuitamente.

Rechazar esta suerte de nivelación hubiera sido inaceptable dentro de la izquierda que Lula representa. Y sobre Cuiabá, los propios funcionarios cariocas aseguraban que lo que cancelaban —1,09 dólar— era demasiado bajo. En 2006, Bolivia exportó a Brasil 1.260 millones de dólares.

Con razón sostiene Delius que, en lo que a gas respecta, "no quedaba otra que hacer un arreglo". En Bolivia, instituciones vinculadas a los hidrocarburos refieren que si bien lo alcanzado fortalece las relaciones bilaterales, "tiene que conducir a mejores negociaciones en el futuro".

En declaraciones a Encuentro en la Red, el periodista boliviano Guillermo Capobianco destaca la previa y excelente negociación gasífera con Argentina, vigente por veinte años. Sin embargo, en relación con Brasil habla de una solución "inteligente" que, por cierto, aparece sólidamente más allá del gas.

El articulista del periódico El Deber, de Santa Cruz de la Sierra, resalta que La Paz "tensionó a la hora de la última negociación", "amenazando con suspender la visita de Estado".

Detrás del telón

Como suele abundar en política, el movimiento de alfiles en torno al gas no cubre toda la liza. Si para Brasilia la concesión resultaba inevitable, ésta se estructuró como "antesala de una contrapartida política", muy ligada a la "aspiración [brasileña] de convertirse en un líder regional", dijo Paulo Baia, catedrático en la Universidad Católica de Sao Paulo, a La Nación, de Buenos Aires.

Escuchar a Baia significa que el Palacio de Planalto parece decidido —al fin— a rescatar su condición de potencia regional y atraerse definitivamente al díscolo Morales. Si en materia de gas no fue dadivoso, en otros planos recompensó con creces a La Paz.

Lula quiere una zona de socialismo sin estridencias que él mismo encabezará, pero en lucha sorda contra el populismo duro de Hugo Chávez y en sui géneris dinámica con sus petrodólares.

Varios factores indican que la lucha se desplegará en la semipenumbra y con pasos muy medidos, si pensamos en los territorios de afinidad ideológica Lula-Morales-Chávez y en la necesidad que a la vez tiene el gigante sudamericano de involucrase en los programas energéticos venezolanos.

Por lo pronto, Brasil se comprometió a reducir a cero sus aranceles de importación de productos bolivianos, y anunció que propondrá a socios del MERCOSUR como Argentina, Paraguay, Uruguay y la propia Venezuela, a que sigan su ejemplo.


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