Actualizado: 24/06/2019 9:50
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Europa-América Latina

Populismo telegénico

La tendencia populista de Latinoamérica también está ganando terreno en el viejo continente, como un peculiar fenómeno de transculturación.

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En Europa se suele considerar el populismo como exclusividad latinoamericana. La proyección planetaria del presidente venezolano Hugo Chávez tiende a confirmarlo. Sin embargo, la relevancia otorgada por ciertos sectores de la izquierda en Europa al proceso político de Venezuela, demuestra que, más allá de la reaparición de un tercermundismo caído en el olvido y de la habitual condescendencia de los afortunados hacia los desfavorecidos, el populismo es un género político que está ganando terreno también en el viejo continente.

El populismo es un fantasma que recorre el mundo: las viejas y pluralistas democracias europeas que se creían inmunes, asisten perplejas a su retorno. Las razones son múltiples, pero resalta la situación de crispación política que ha afectado el equilibrio social en general. Los partidos políticos ya no atraen militantes; la política estatal aparece divorciada de los ciudadanos, desatando una crisis de confianza hacia las instituciones y las elites políticas. En Francia, en las elecciones de 2000, Jean Marie Le Pen, líder de la extrema derecha, disputó la presidencia a Jacques Chirac en la segunda vuelta.

Un liderazgo populista ha logrado imponerse ante importantes capas de la población temerosas de los retos de la mundialización, y que ven con preocupación la ampliación de la Unión Europea: la candidatura de Turquía a formar parte de esta entidad agrava esa sensación. El sentimiento de inseguridad ante la creciente delincuencia, el desempleo crónico y, por último, la inmigración proveniente del Maghreb, África y los países del Este de Europa, exacerba el nacionalismo y contribuye a fomentar un sentimiento de temor ante un futuro que se percibe incierto.

Las tensiones generadas por la guerra de Irak en los sectores de origen musulmán golpeados por el desempleo y la marginación social, y en cuyo seno el integrismo religioso se fortifica, junto al antisemitismo, exacerba sentimientos nacionalistas por parte de los europeos.

Discursos similares

Pese a las especificidades nacionales y las circunstancias, el discurso que se escucha de un lado y otro del Atlántico no deja de tener similitudes. Las mismas quejas, el mismo resentimiento contra las elites corruptas, la misma indignación ante las desigualdades sociales que se escucha en América Latina, hacen eco en las europeas. La velocidad de la transmisión de la información fomenta fenómenos de mimetismo y sugestión.

El estudioso más atento del fenómeno en Francia, Pierre-André Taguieff, admite la emergencia de una nueva "cuestión populista" en Europa. Taguieff señala que las principales características de los líderes de este nuevo populismo es que son "demagogos que explotan los sentimientos antipolíticos", al extremo de presentarse como "partidos antipartidos" en su empeño de proponer como remedio a los males que aquejan a la sociedad, la abolición de los canales de transmisión entre el gobierno y el pueblo, así como la distancia entre los deseos y su realización, es decir, "abolir la condición del principio de realidad que significan los plazos, o el hecho de temporizar".

Estas mismas características estuvieron presentes en Venezuela a partir de la campaña electoral de 1996, que culminó con la elección a la presidencia de la República del teniente coronel Hugo Chávez. El discurso antielites, la negación de todo cuanto se realizó durante el período democrático y la consabida reescritura de la historia, expresan el vacío ideológico de la propuesta.


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