Actualizado: 22/10/2021 20:51
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¿Por qué los conservadores deben apoyar los cambios en la política de Estados Unidos hacia Cuba?

Las políticas apoyadas por una minoría vocal y políticamente activa de cubanoamericanos ―los defensores del statu quo― se han separado de los principios básicos del republicanismo

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Como conservador, siempre me han confundido los defensores del statu quo en la política de Estados Unidos hacia Cuba, cuando alegan que aquellos que piden políticas más efectivas son todos “liberales”.

Ha sido apropiadamente documentado que desde la fallida invasión de la Bahía de Cochinos, cuando el Presidente Kennedy fue acusado por muchos de abandonar cientos de cubanoamericanos que participaron en la misión, muchos exilados decidieron registrarse como republicanos. Por largo tiempo han sido seguidores leales del partido y han disfrutado de significativa influencia en la determinación de la política de Estados Unidos hacia Cuba. Sin embargo, esta lealtad tiene su costo. Las políticas apoyadas por una minoría vocal y políticamente activa de cubanoamericanos ―los defensores del statu quo― se han separado de los principios básicos republicanos.

Más aún, los defensores del statu quo han gastado millones en cabildeos para urgir al gobierno de Estados Unidos a que aísle al gobierno cubano restringiendo los derechos de los estadounidenses a viajar a la Isla. No sólo está equivocada esta política, en cuanto ayuda al gobierno cubano en sus esfuerzos de aislar al pueblo cubano, sino que es contraria a los principios republicanos de proteger a los derechos individuales del gobierno federal. Como conservador, no me sorprende cuando los regímenes totalitarios limiten la libertad personal, pero sí cuando lo hace mi propio gobierno.

En su esfuerzo de “microgerenciar” la transición en Cuba, los defensores del statu quo también han trabajado con ahínco para crear complejas regulaciones gubernamentales y programas burocráticos, a un coste de cientos de millones de dólares para los contribuyentes estadounidenses. Los conservadores estarían de acuerdo que privatizar la asistencia a la sociedad civil en Cuba no sólo sería más efectivo sino que representaría ahorros de más de $20 millones al año para los contribuyentes. Adicionalmente, la desregulación y privatización de esta asistencia podría proteger a los contratistas gubernamentales como Allan Gross de ser arrestados y acusados de espionaje. Para la fecha en que el señor Gross fue arrestado, había recibido más de medio millón de dólares en financiamiento del Gobierno para entregar en Cuba equipos que las actuales regulaciones de Estados Unidos prohíben a los ciudadanos exportar a Cuba.

Finalmente, los conservadores no tienen por qué apoyar políticas que pueden afectar a los regímenes a costa de la gente que victimizan. Los defensores del statu quo buscan negar recursos en un esfuerzo de forzar el levantamiento de un pueblo desesperado contra un ejército bien alimentado y armado. Esta política no sólo ignora importantes consideraciones éticas y morales, sino también las lecciones de la historia. Después de todo, fue el presidente Ronald Reagan quien, en la cúspide de la guerra fría, autorizó los viajes y las ventas de cereales a la Unión Soviética. Él consideraba que la mejor manera de subvertir un gobierno comunista era exponer a sus ciudadanos a los viajeros estadounidenses y sus productos e ideas. Esta confianza en el poder transformador de los individuos, y de la forma de vida de los estadounidenses, es lo que caracteriza a los conservadores.

Soy consciente, sin embargo, que los defensores del statu quo han sido muy exitosos al vender sus argumentos a los gobernantes, alegando que los cambios en la política de Estados Unidos serían equivalentes a concesiones al régimen cubano. Ellos alegan que la eliminación del aislamiento de Cuba ―levantando las restricciones a los viajes― sería un premio al régimen, que podría lucrar con estos fondos. También descartan los esfuerzos de apoyo al pueblo cubano, la colocación del poder liberador de la tecnología en sus manos y la venta de productos agrícolas al gobierno cubano, sugiriendo que sólo son simples negocios. Afortunadamente, los pasados 50 años evidencian que el statu quo ha fracasado en todos sus aspectos, y una creciente comunidad de disidentes ―que pide cambios fundamentales en la política de Estados Unidos hacia Cuba― considera que la verdadera concesión al régimen es mantener el statu quo.



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